Con la intención de provocar una reacción de parte de ella, necesitado a que me diera a entender que finalmente estaba cediendo, por libertad, porque así lo estaba deseando tanto su cuerpo como su mente, y no por mera provocación de mi parte, que no niego que ha sido así, lentamente me separé de ella, dejé de besarla, no obstante que por la intensidad de mi virilidad que comenzó a chocar en contra de su centro demostrando las ansias de ella, me sentía afanado por saltarme cualquier acto previo a adentrarme a su cavidad. En su mirada en seguida vi una confusión similar a la que me demostró en el pasillo cuando rompí el beso de manera abrupta. No expresó palabra pese a su evidente frustración. Supongo que por pena, no se atrevió a preguntarme algo, nada con palabras; sin embargo, al ver

