«¡Qué manera tiene la vida para recordarte a tiempo de un mal paso!» Pensé mientras mi cuerpo se sacudía entre las convulsiones que me producían los sollozos que intentaba controlar. No deseaba llegar a este punto, no. No lo quería, y no porque hubiere previsto que me sentiría tan mal por haber escuchado de su propia voz la realidad sobre la cual estoy parada. No. Jamás imaginé esto. Cierto, él tiene razón, entre nosotros no hay amor, y nunca lo va a haber. Menos después de tanta verdad que retumbó en mis oídos. Cada una de sus palabras se escuchó como lo más cruel que he podido tener que enfrentar. Ni mi padre en medio de su forma tan ordinaria de llevar la vida, ha sido tan duro conmigo al hablarme. Ni tiempo me dio a hacerme expectativas de lo que pudiera suceder después de haber

