—Ven conmigo —Le pedí una vez me estacioné en la entrada de una farmacia. —No, no quiero —Se negó en forma tajante. —¿No te duele la cabeza? —Cuestioné mirándola con atención. —Sí, pero no quiero bajarme —Me dijo en un tono de voz tenue pero que demostraba que si estaba adolorida. —De verdad que me parece extraño que por aspirar productos de limpieza —Hice una pausa para mirarla—, que no creo que haya sido de manera directa, tengas tanto malestar —Advertí mirándola fijamente. —Sí, fue eso —Respondió desviando la mirada al frente—. Además, recuerda la vergüenza que me hiciste pasar. Ya iba alterada al sanitario. Es normal que si me topo con esos aromas fuertes al estar alterada algo dentro de mi organismo no esté marchando bien y al ser sensible a esas cosas, me afecten —Me explicó vie

