Pasados dos días después de la firma, el abogado apareció en la casa en la mañana. Si bien sabía que tenía encomendado hacernos entrega de las escrituras, había olvidado que sería tan pronto. —Aquí tienen, señora y señor Cañizalez —Nos extiende un maletín de cuero—. Adentro están contenidas las escrituras de todas las propiedades que eran de él y del señor Atkins Thomson —Hizo una pausa—. No sé si recuerda que entre ellas hay acciones en alguna empresas —Se dirigió a mí. Asentí en un movimiento de cabeza—. Bueno, debe apersonarse en dos de esas empresas porque en una el señor Gustavo tenía participación presencial y en la otra era manejada directamente por el señor Atkins. Si no puede hacerlo le sugiero otorgar poder a la persona que decida designar para que lo represente. Ahora, otro det

