Definitivamente que la condenada si que es la propia cebolla, pero no por desagradablemente olorosa, sino porque hay que quitarle capa por capa para encontrar su esencia. «Y eso que solo la vi sentada» Expresé parado al lado de la camioneta en actitud impaciente. Desde que bajé con la maleta de ella, ando dando idas y venidas en un reducido espacio en actitud ansiosa. Antes estaba expectante al imaginar en mi mente todo lo que pudiera pasar con lo que preparé. Ahora ando en desesperación por terminar de llevármela para estar solos. La condenada es bella y no lo sabe, y si es consciente de ello no le da el valor que se merece. Yo sí se lo quiero dar, la desgraciada me tiene con la boca hecha agua y las hormonas a mil. El aroma de sus fluidos los tengo en la mente, y pareciera como si l

