Después de la discusión con mi abuelo, subí a mi cuarto y me tiré en la cama. “¿tengo un tío Henrry? ¿Por qué nunca escuche de él? ¿mi abuelo estará mintiendo para intimidarme?” no podía dejar de pensar en ello y sabía que solo había una persona que podía aclarar mis dudas, y era mi madre, así que me levanté, para ir hasta su habitación, pero antes de poder hacerlo, ella apareció delante de mi
― madre, me dirigía a verte
― supongo que es por lo que te dijo tu abuelo, de tu tío Henrry
― ¿Cómo lo sabes?
―escuché cuando él te lo decía
―entonces ¿es verdad?
―si Roberta, pero ahorita no hay tiempo de explicar, es tarde y necesitas arreglarte, pronto tu abuelo vendrá por ti
―no mamá, no iré
―tienes que hacerlo Roberta
―no le tengo miedo a mi abuelo
―Roberta, tu abuelo no es un hombre de amenazas, el siempre cumple lo que dice, por favor hija, no provoques mas problemas. Te ayudaré a arreglarte ―mi madre me sentó, y tomando un estuche de cosméticos, comenzó a maquillarme, usó sombras brillantes en tonos claros, rubor en mis mejillas y un labial de un sutil color rojo oscuro en mis labios, luego me ayudó a ponerme el hermoso vestido brillante color beige, que se ciñó a mi cuerpo dejando ver cada una de mis curvas, con una abertura del lado derecho que llegaba hasta mi muslo, y un escote discreto al frente
―estas lista mi amor ―dijo mi madre y dándome un beso en la frente salió de mi habitación, me paré en frente del espejo, no podía creer como me veía, nunca me consideré una mujer sexi, pero en ese momento lo era… en verdad era sexi y hermosa, con mi cabello lacio hasta la cintura, y unas pequeñas trenzas que caían a los lados, tipo peinado oriental, acompañado de un hermoso tocado, parecía una princesa, giré y vi el estuche color rojo, dude en abrirlo, pero sabía que aunque no quisiera usarlo mi abuelo me obligaría hacerlo, así que lo tomé y coloqué los hermosos pendientes en mis orejas y el collar, el anillo lo omití ya que acompañé mi atuendo con un brazalete con anillo que mi padre me regaló cuando cumplí dieciocho años. Cuando bajé las escaleras mi abuelo ya se encontraba ahí esperándome
―Roberta, te ves hermosa, digna de llevar el apellido Rose Billy
―gracias abuelo, pero llevar ese apellido en este momento no me enorgullece ―el no hizo ningún gesto y se limitó a ofrecerme su brazo, salimos y ya había una hermosa limosina esperando afuera, nos sentamos en silencio hasta llegar a una gran mansión a las afueras de la ciudad, era verdaderamente preciosa, las grandes rejas se abrieron para dar paso a nuestra limosina, tenía un hermoso jardín con preciosos diseños en los arbustos, una gran fuente en el medio del camino a la casa donde los autos podían girar a la salida, para entrar a la casa había que subir varios escalones, para llegar a una impresionante puerta de madera, un hombre robusto y grande parado a un lado de la entrada pidió nuestros nombres para luego abrirnos paso al interior de la casa, si por fuera era impresionante, por dentro era un verdadero palacio, con sus muros pintados de blanco y todas las demás decoraciones en dorado
― ¿te gusta querida? ―casi salté cuando una elegante mujer, de cabello corto me habló
―oh, lo lamento no la había visto, me encanta todo… todo es impresionante ―mi casa era grande, al igual que varias propiedades que teníamos, pero nada se comparaba a este lugar, era mas que obvio que ellos no solo eran ricos
― ¿ella es tu nieta Gabriel?
―si Charlotte, es ella
―es verdaderamente hermosa, estoy segura que mi hijo no tendrá ningún reproche
―y ¿Dónde se encuentra tu hijo ahora?
―llegará en poco tiempo, ya sabes cómo es, siempre asiéndose esperar ―dijo y luego río delicadamente, todo en ella reflejaba elegancia
―espero no te importe que me robe un momento a tu abuelo
―no… no hay problema ―vi como antes de desaparecer entre la gente, se acercó a un joven de ojos oscuros y delicadas facciones, era casi tan elegante como ella
― ¡Hola! Soy… soy… Di-Diego, mi… mi ma-madre… me en-envió… a acompañarle ―guardé silencio mientras lo observaba sorprendida, el hechizo se rompió en cuanto abrió la boca, ¿es tartamudo?
― discúlpelo señorita, el joven Diego tartamudea cuando se encuentra nervioso ―dijo una chica con una charola de copas llenas de champagne, casi en susurro
―lo entiendo ―respondí tomando una de las copas, normalmente nunca bebo, pero creo que estaba igual o mas nerviosa que “el joven Diego”
― ¡Hola Diego! Soy Roberta
―lo sé, e-eres la… la prometida de mi hermano
―si, al parecer si ―dije y de un solo sorbo bebí todo el líquido en la copa
―ve-veo que… que te gu-gusta mucho el… el champagne
―no siempre, pero hoy es una ocasión especial ¿no? ―expresé con ironía ―discúlpame por favor Diego, iré al tocador ―caminé, pero no hacia el tocador, si no que salí hacía el jardín, no sin antes tomar otras dos copas de champagne, el jardín era igual o mas hermoso que el delantero, habían hermosas rosas de diferentes colores, me acerqué a ellas y comencé a olerlas, ese jardín desprendía un aura de paz y tranquilidad, que luchaban con la gran tormenta de emociones en mi interior, en mi mente pasaban las palabras de Erick, sería difícil cumplir mi promesa, ¿Cómo podría casarme con él?, por lo poco que mi madre dijo, sabía que mi abuelo no mentía, a mi no me interesaba el dinero ni las comodidades, pero no sería capaz de abandonar a mi madre sabiendo que podría terminar en la calle, sentir tanta impotencia hizo que unas lágrimas descendieran de mis ojos
― ¿estas bien? ―giré inmediatamente, solo para toparme con él, ¿Cómo podría estar aquí? La probabilidad de encontrarme con alguien conocido era casi nula, pero ahí estaba él, tan cerca de mi que podía sentir su aliento