capitulo 16

1627 Words
Aquellas palabras dejan helado a los dos. Uno de los guardias llama a su jefe, o sea a “cara e piña”. El encargado de toda la seguridad de aquella propiedad, no tarda en hacer su aparición. Llega de copiloto en una moto. Con destreza se baja de la moto en marcha y diciendo: ⸺ ¡A estos dos idiotas lo llevan a la bodeguita y los cortan en pedacitos! Los meten en el congelador para que los vea el patrón—toma por el cuello a “pato” y lo mira directo a los ojos. Lo suelta de un empujón y le da un cascudo a “papá pitufo”—. ¡Llévenselos! ⸺¡Jefe, tenemos información valiosa que le puede interesar, o tal vez salvar la vida al patrón!—dice “papá pitufo”, más que todo por salvar su vida y la de su compañero. “Cara e piña” se inclina un poco ante “papá pitufo” y le dice: ⸺¡No soy tu jefe! Eso lo dices para salvar el pellejo… ⸺¿Usted cree que si no trajéramos un buen argumento, vendríamos aquí?⸺y mira directo a los ojos al “cara e piña”. El jefe de seguridad del “malo” piensa que “papá pitufo” tiene razón. Porque venir a arriesgar el pellejo de esa manera, es porque alguna valiosa información te avala. “Cara e piña” lo piensa durante unos largos segundos, y decide qué hacer. ⸺¡Habla pues! Di lo que sabes⸺y “cara e piña” no deja de mirar a los dos. ⸺Perdóneme jefe, pero solo se lo cuento al “malo”. Esto que sabemos es nuestro salvo conducto, si se lo contamos a usted, ya no le seremos útil y usted de una nos manda a liquidar. —Está bien…solo maten a el más alto. “Pato”, aunque no dice nada, palidece. —¡De eso nada!…si lo tocan a él, no cuento nada, y talvez su patrón también se muere. —Miren a este enano…ahora él pone las condiciones. Los pájaros tirándole a las escopetas— “cara e piña” y sus compañeros ríen⸺. Bueno, van a tener que esperar una semana atados y sin comida. El patrón llega dentro de ese plazo. ⸺¿¡Qué!?⸺es lo único que se le alcanza a escuchar a alias “pato”. “Papá pitufo” se le acerca a su amigo y muy bajito le dice:— Mejor eso, que morir aquí mismo. Los dos son trasladados hasta una bodeguita del horror. Los hacen sentar en una silla, y los atan de pies y manos, y por último les amordazan las bocas. Tanya regresa a la casa de su tío, antes de que el sol abandone ese rincón de Colombia. Dos días después, sin perder más tiempo y aprovechando la ausencia de su tío, la hermosa joven empieza a colocar los micrófonos. Donde primero coloca uno, es en la oficina de Ernesto Malo, en la parte de abajo del escritorio. Sale de ese sitio, y se cerciora de que Ana María no esté cerca. La llama varias veces. Pero la madrasta de su prima, está visitando los establos junto a Peter. Entra en la recamara de su tío y ahí también coloca un micrófono. Por último, decide colocar otro más en la bodeguita del horror. Por suerte este sitio no lo está vigilando nadie. Una vez que llega al lugar, se vuelve a asegura de que nadie la esté viendo. Con mucha prudencia, logra entrar. Pero menuda sorpresa la que se lleva al ver a “papá pitufo” y a “pato”. De inmediato los prisioneros intentan decirle que se acerque, con gestos y balbuceos. Ella está muy nerviosa y no sabe qué hacer. Pero se llena de valentía y llega hasta los galeotes. Lo primero que hace es tomar fotos con su celular. De inmediato le quita las mordazas, primero a “papá pitufo”, quien de inmediato empieza a hablar: ⸺¡Gracias señorita!⸺el pobre casi no podía articular las palabras⸺. ¿Tiene de comer o beber? —¡No!⸺responde la mujer, al tiempo que le quita la mordaza a “pato”, pero sin dejar de mirar para todo los lados. ⸺¡Gracias señorita!⸺también agradece “pato”. Pero Tanya recuerda de inmediato, quienes son esos dos, y se alarma un poco. —¿Ustedes son los que iban a poner una bomba en esta propiedad?—los dos clavan sus miradas al suelo, bastantes apenados—. Los dejaré aquí, para que mueran de hambre y sed. Ni “papá pitufo” ni “pato” dicen una palabra en su defensa. Tanya hace el intento de marcharse, pero su corazón no la deja. Se ha dado cuenta de que los hombres están muy deshidratados. Y mira para muchos lados buscando agua. Por suerte el sitio cuenta con un grifo. Tanya sonríe al verlo. Vuelve a recorrer el lugar con sus ojos, por si hay un perolo cerca. —¡En los establos, fijo que hay uno!—piensa Tanya en voz baja—. Ya vengo…no se vayan—y ríe, mientras los prisioneros están un tanto extrañados—. Lo siento, era un mal chiste. “Papá pitufo” y “pato” aclarado el comentario, ríen también. —Fue un buen chiste… lo malo es que con esta hambre el sentido del humor está como de paseo—dice “papá pitufo” y solo él y Tanya ríen, tal parece que a “pato”, no la hecho gracia. Sin perder un segundo más, se dirige hacia los establos. Cuando se dispone a recoger un cubo que ha visto, escucha la voz de Ana María y la de un hombre, detrás de una barda no tan alta. De inmediato cae en cuenta de que la voz masculina, es la de Peter. Con mucho sigilo se asomó y ve que, efectivamente son Ana María y su guarda espalda, y los dos están teniendo sexo, sobre un montículo de pasto seco. La verdad es que a la sobrina del capo de capos, no es que la haya sorprendido mucho. Se esperaba eso y más de aquella mujer. ⸺ ¡Pobre tío, tan poderoso y tan cuernudo! Y encima lo están haciendo delante de Lucero, el caballo favorito de mi tío⸺piensa en voz baja, ríe y saca su celular. Tanya sabe que, con esas fotos, puede obtener algún beneficio cuando se presente la ocasión. Y sin que la descubran, hace un par de fotos. Pero a punto estuvo de ser descubierta. Pues resulta que el caballo favorito de Ernesto Malo, suelta un fétido gas. Una vez que el olor del pedo llega a la nariz de Ana María, ésta se levanta corriendo y alarmada, mientras su amante cae al suelo. Tanya no para de reír, por la cómica escena, y se va. Recoge el cubo, y vuelve a la bodeguita. El pobre papá pitufo casi que se achica enterito el cubo. —¡Oiga, enano, déjeme un poco!—dice “pato” con baja voz, pero bastante ansioso. —¡Usted no deja ni beber agua!—responde el hombrecito y un poco de agua se le escapa por la comisuras de la boca. —Hagan silencio…que nos pueden escuchar—los reprende la chica casi que susurrando, y mira para la entrada de la bodeguita—. En la noche les traigo algo de comer. Ahora tengo que volverlos amordazar para que no sospechen nada. —No, por el amor a Dios—suplica “papá pitufo”. —Es lo mejor enano—dice “pato” y lanza un escupitajo al suelo. —No se preocupen, que luego cuando venga con la comida, les vuelvo a quitar esas mordazas. —¿Oiga? ¡Gracias por no dejarnos morir de sed!—agradece “pato”—. Y perdón por lo de la bomba. —¡Yo también le doy las gracias! Nunca olvidaremos este bonito gesto. Y también le pido perdón por lo del aparatito. Tanya termina de amordazar a los hombres, y sale de la bodeguita. Pero antes oculta el recipiente donde les dio de beber. Y dándoles la espalda, se marcha nuevamente al interior de la mansión del “malo”. Por suerte, pasa rápido el tiempo y a Ernesto Malo solo le queda un par de día para su regreso a su guarida. Sneyder se encuentra junto a su mejor amigo, Adrián Delgado Guerra, un agente de policía activo, en una cancha de microfútbol que está por el barrio donde residen los dos; para jugar microfútbol con otros vecinos del lugar. Algunos convidados aun no llegan. Como siempre, la ciudad de la eterna primavera, derrocha un clima placentero. ⸺ ¿Y cómo vas con la loca ésa?⸺le pregunta Adrián a Sneyder mientras termina de atarse los cordones de los zapatos. ⸺ ¡Erda! Ni te imaginas… ⸺responde Sneyder quien también ata los cordones de sus zapatillas. Levanta la cabeza y busca mirar a su amigo a los ojos⸺…estoy que me vuelvo loco… ⸺ ¿Y por qué no la dejas?⸺lo interrumpe Adrián quien se levanta y zapatea el suelo comprobando que sus zapatillas están listas para jugar. ⸺Ahora el loco eres tú. Si yo dejo a esa mujer, su padre me mata. Y lo peor de todo es que cada vez me enamoro más de su prima—Sneyder también se levanta del suelo y toma la pelota. —¡Tira esa fruta!—le grita otro de los jugadores a Sneyder.
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