capitulo 3

2219 Words
—Tienen que ser muy cuidadosos y no levantar ninguna sospecha que los vaya a delatar, porque entonces de ahí no saldrán vivos. Si son descubiertos… el que pueda enseguida que le dispare a Ernesto. También le llevaremos otro regalito. Una bomba poderosa. Ja, ja, ja―y dirige su mirada al suelo y mira el resto del cigarrillo que “papá pitufo se fumaba―. ¿Por qué tiraste el cigarrillo al suelo? ¡Recógelo!―y casi que se lo come con la mirada, y le da un cocotazo. A muchos metros de ahí se encuentra Yeris disfrutando de un delicioso y refrescante Cóctel, y está sobre una tumbona a orillas de una enorme piscina. Mientras da pequeños sorbos a su bebida alcohólica, piensa en Sneyder, el joven de la joyería. Después de pensarlo varios minutos, decide llamarlo, pero siempre le salta el buzón de voz. Luego de varios intentos fallidos, se da por vencida y mira el infinito del cielo. Algunas golondrinas revolotean en ese cielo. Lejos de ahí, pero por la noche, se encuentra el hombre a quien Yeris estaba intentando contactar. Se encuentra de fiesta en una discoteca y junto a una bella joven. Mientras baila con la hermosa mujer, la besa. Luego de unas horas de baile y de copas; deciden irse al departamento de Sneyder donde amanecen teniendo una madrugada desenfrenada de sexo. Antes de las nueve de la mañana, Yeris lo vuelve a llamar, y esta vez él sí contesta. Toma el celular y mira la pantalla para ver quién es el imprudente. ¿Yeris?―piensa en silencio al ver el nombre que aparece en la pantalla de su celular. Sigue sin acordarse quien es la que lo llama y vacila un poco antes de responder. Le duele la cabeza debido al exceso de alcohol de la noche anterior. Sentado en el borde derecho de su cama, se toca un poco la cabeza con su mano derecha, mientras su celular sigue sonando. Vuelve a pensar en voz baja y acepta contestar, pero antes sale de la habitación donde aún se encuentra durmiendo su conquista de la noche anterior; para no ser escuchado. Llega hasta terraza de su departamento y responde: ―¡Aló!―y bosteza. ― ¡Hola, buenos días! ¿Sneyder?―responde Yeris. ―¡Sí! Con él hablas… ―Perdona si te desperté. No te acuerdas de mí, ¿verdad? ―¡La verdad que no…! La chica se sintió un poco incomoda. Pero aun así sigue hablando. ―Soy Yeris, la chica que estuvo en la joyería antes de ayer. La que compró la pulsera. ―¡Ha, ya me acuerdo! ¡La de la mano más hermosa que la pulsera! Esto le levanta un poco el ego a la chica y se alegra de que aquel hombre que tanto le gusta, se haya acordado de ella. ―Me tomé el atrevimiento de llamarte porque tú no lo hacías. Tenía ganas de escuchar tu voz—se atreve a hacer esta confección—. ¿Parece que tienes muchas amigas? ―Ayer te llamé para que no tomáramos algo y saltaba el buzón de voz―miente Sneyder y por eso sonríe. ― ¡Que mentiroso que eres! Yo he estado pendiente de este celular día y noche y nunca llamaste. ―¡Me ofendes! Yo no miento―y vuelve a sonreír.―Eso es que tu celular está dañado y a veces no entran algunas llamadas. ―No tiene ni un mes y es último IPhone. Vamos a creerte. ¿Qué vas hacer mañana? ―¡Nada! ¿Dónde me vas a invitar?― Sneyder agarra bien el celular, coge impulso y se sienta sobre la barda de la terraza. ―Mi papá va a dar una fiesta y quiero que me acompañes… Él sintió que la palabra padre era compromiso, y por eso calló por un momento. Después de volver a bostezar dice: ―No sé… será un poco incómodo una fiesta con tus padres. Aún no te conozco. ―Mi padre… mi madre murió hace dos años. ―¡Lo siento! ―¡Gracias! No te preocupes por mi papá, es bueno—la chica sonríe. ¿Entonces cuento contigo? ―¡Sí!―responde Sneyder y arruga la cara en señal de no estar muy seguro de querer ir. En cambio, ella está muy feliz. No da saltos de puro milagro. Sin darse cuenta, es observada por alias “el gato”. Quien se encuentra detrás de un arbusto. Sabe que esa felicidad es por aquel hombre que su jefa conoció en la joyería. De milagro los celos no lo hacen estallar. Sigilosamente se retira del lugar, pero a unos pocos metros, se da cuenta de que lleva en el brazo un enorme gusano peludo. Afanadamente se lo retira del brazo. ―¡Bueno guapo mañana nos vemos! No te quito más tiempo. Me imagino que estarás muy ocupado. ¡Besitos! ──La verdad es que un poco ocupado…―y sonríe―… ¡Mañana nos vemos! Y corta la llamada. Se le acerca su conquista de la noche anterior y se coloca entre sus piernas, y lo empieza a besar. ―¿Con quién hablabas?―pregunta la joven y lo sigue besando por el pecho. ―Con un amigo―responde él y la atrapa con sus piernas. ―Vayamos dentro, que hace mucho frío. Quiero seguir haciendo cositas contigo. ―Lo siento, pero tengo que irme a trabajar. Vistámonos—Sneyder la suelta. ―¡No!―responde ella y lo abraza más fuerte. ―¡Sí! Vamos a arreglarnos que nos vamos―Sneyder aparta a la mujer y ayudado por sus manos, se baja de la barda. El capo de capos se encuentra en su fortaleza, que es donde se llevará a cabo la fiesta, ultimando detalles. No deja ningún cabo suelto, todo lo dirige él mismo, y en lo que más se interesa, es en la seguridad. Aquel lugar está custodiado por lo menos, por unos doscientos hombres. Y todos muy bien armados. Le da muchas instrucciones a su jefe de seguridad. En ese momento llega su hijo Jairo Manuel. El muchacho viene acompañado por su guarda espalda personal. ―¡Hola papá!―dice Jairo Manuel y mira los alrededores de la finca―.¿Quién viene, el presidente los Estados Unidos? ―Necesito que te quedes en la finca a dormir, porque voy a necesitar a “nani”. ―¡De eso nada! Hoy voy a salir con unos amigos. Voy a necesitar conmigo a “nani” ―¡Bien pillín! ¿Me imagino que irán las peladas de ayer? ― ¡¿Qué?!―pregunta Jairo Manuel ciñendo el entre cejo. “Nani” también se extraña un poco con estas palabras de su jefe. Al verle la cara a su hijo, Ernesto Malo deduce que no está entendiéndole es nada, por eso le aclara lo que le está intentando decir―¡Sí, con esas peladas buenotas de ayer! ¡Las que metiste en tu cuarto!―y el capo no dejaba de sonreír. ―¡Ha, sí…! Las tres novias que cogí ayer…—ríe tímidamente Jairo Manuel y mira a su guarda espaldas, mientras su padre ríe orgulloso— Voy a comprar algunas cosas. Solo vine a ver si me necesitabas. ―No, vete hacer tus cosas ¡Casa novas!⸺y el “malo” le da una palmadita en la espalda a su hijo, mientras sigue sonriendo. Pero Jairo Manuel no abandona la finca como piensa su padre. Se va junto a su guarda espalda a los establos. —¿Ahora resulta que eres bisexual?—dice en plan de guaza “nani”, una vez que están cerca de los establos. —¿Celoso?—responde Jairo Manuel y mira a “nani” a los ojos—. Esas son mis amigas del aeróbicos. Sabes que yo existo solo para ti—vuelve a reír el orgullo de Ernesto Malo y le lanza un beso a su guarda espaldas, pero antes mira para varios lados para asegurarse de que no lo estén viendo. Se escucha el relinchar de algunos caballos y se percibe el olor a estiércol de los mismos. Ana María se encuentra en el mismo sitio, pero del lado opuesto, ósea, de la parte de atrás de los establos, de donde se encuentran Jairo Manuel y “nani”, hablando con su guarda espalda personal. ― ¡Quiero que me hagas el amor en los establos, como en las películas!―dice mirando al hombre con una de sus miradas más s****l. ―¡Estás loca! ¡Quieres que tu marido use la sierra eléctrica con nosotros y nos haga pedacitos!―el hombre empieza a ponerse nervioso y mira para varios lados. ―Cálmate Peter…—Ana María intenta echarse encima, pero su amante no lo ve prudente y da dos pasos hacia atrás. Se escucha relinchar nervioso al caballo que está junto a ellos—… Ese hombre hoy solo tiene mente para su dichosa fiesta, no se dará cuenta―y lo vuelve a mirarlo igual que antes. ―Él no, pero los demás sí. No ves cómo está esto… hay nombres vigilando por todos lados. Mejor échate un baño de agua fría y mañana te hago todo lo que quieras. ―Está bien. Voy a ver quién me quita este sofocón. De pronto tenga suerte y me encuentre uno de esos manitos, dicen que son muy machos. ―¡Ha no, eso si no! Uno de esos mexicanos no va a venir aquí a llevarse nuestras mujeres―y mira para varios lados agarrando su mini Uzi―. Vaya al cubículo de siempre, junto al gran Azabache, que esos pura sangre van a hacer testigos de un colombiano bien macho. ¡Vaya mamita y me espera allá!―le da una palmadita en el trasero a su jefa y mira para todo los lados por si alguien los está viendo. Ella de inmediato se dirige al lugar acordado. Peter la observa como mueve sus esbeltas caderas a un ritmo cardiaco y sonríe morboso. Cuando ve que su jefa ha entrado en los establos, se mete él. Al llegar junto a la bella mujer, de una la va besando y desnudando bajo la atenta mirada de uno de los equinos. Pero se detiene muy dudoso— ¿Y los mozos? —Ellos están ocupados sacando a pasear a los otros caballos…no te preocupes…concéntrate—y vuelve a besar a su amante. Unos segundos después llega su hijastro y se mete con “nani” en el siguiente cubículo. Ellos también empiezan a tener sexo. Jairo Manuel le hace una felación a “nani”. Pero “nani” también lo invade la duda, como pasó con Peter—¿Y los que cuidan los caballos?—Pregunta “nani” y le detiene la cabeza a Jairo Manuel —No te preocupes por los mozos, ellos están paseando los otros caballos. Por eso te traje aquí. Mejor disfruta. Jairo Manuel empiezan a escuchar una serie de quejidos, y no son precisamente los caballos. Por un momento Jairo Manuel se detiene e intenta escuchar mejor. El hijo del capo se queda súper pasmado al escuchar el nombre de su madrasta, pero no es la voz de su padre quien la nombra. También se le hace muy extraño en la forma que lo están nombrando. —¡Así…Ana María…todo!—es lo que se le escucha decir a Peter. —¿Por qué paras mi putita?—le pregunta “nani” a Jairo Manuel. Él no responde nada. Se limpia la boca, y colocando la mano en el caballo, se pone de pies. Camina hasta el siguiente cubículo y con mucho cuidado, se asoma. Menuda sorpresa al ver a su madrasta sobre Peter, y en la forma que está. Temblando de rabia entra en el sitio y aparta el hermoso azabache, para verlos mejor. La pareja está tan excitada que no ven a el muchacho.  ―¿¡Ana María!?—la mujer muy sorprendida de inmediato dirige su mirada para donde Jairo Manuel—. ¿¡Cómo le puedes hacer esto a mi padre!? ¡Ahora mismo se lo digo!⸺ Jairo Manuel hace el amago para ir hasta su padre. Sin perder un segundo y muertos de miedo, los tortolitos se ponen de pies. No saben qué hacer ni qué decir. El pobre Peter tiembla de miedo. Entonces aparece “nani” y Ana María lo ve con los pantalones abajo. A pocos metros de ahí, se encuentra Tanya ayudando a su tío a organizar la fiesta. Se ha enterado de que la avioneta privada donde viene el capo mexicano, está a punto de aterrizar en la pista con que cuenta la finca. Como Ernesto Malo se ha ido a recibir al invitado principal de la fiesta personalmente, quiere aprovechar para sacar unas fotos. Pero sabe que es muy arriesgado, por cómo está custodiada la finca. Pero si quiere hacer lo que piensa, tiene que actuar de inmediato, ya que la nave está cerca y a punto de tocar tierra. 
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