La Culpa El cuerpo de Isabella se desplomó sin aviso, como si la tormenta interna que la sostenía se hubiera extinguido de pronto. Viktor apenas alcanzó a sostenerla antes de que golpeara el suelo. Su piel estaba helada, el pulso acelerado y su respiración entrecortada. - ¡Isabella! - la llamó, sacudido por el miedo. La acunó contra su pecho, pero ella no respondió. Willem reaccionó antes que nadie. Se acercó a toda prisa, agachándose junto a ella, y comenzó a rebuscar con ansiedad entre los pliegues de su abrigo, con una familiaridad que hizo que Viktor frunciera el ceño y se tensara. - ¡Aléjate! - gruñó, sujetándole la muñeca con fuerza cuando sus dedos rozaron el cuello de Isabella. - ¡No la estoy lastimando! - espetó Willem sin apartarse - ¡Solo estoy buscando esto! Sacó una bufa

