El Trabajo Silencioso y la Llamada Inesperada La mansión estaba en silencio, salvo por el leve chasquido de las teclas y el ocasional murmullo entre dos mentes concentradas. En la estudio de Willem, con estantes que alcanzaban el techo y ventanales cubiertos por cortinas gruesas, el joven e Isabella trabajaban frente a una gran mesa de roble, rodeados de documentos, pantallas abiertas y tazas de café frío. El manuscrito de “Crónica del Viento” se había transformado en un nuevo documento, más sutil, críptico en sus referencias, casi una alegoría. Isabella, con una pluma entre los dedos, revisaba en papel los pasajes editados mientras Willem ajustaba la estructura en pantalla, entrelazando las escenas reescritas con nuevas notas al pie, ocultando nombres reales bajo metáforas y símbolos ar

