La mañana llegó y Gabriell despertó primero que Arielle y salió silenciosamente después de dejar la silla en su lugar. Caminó hacia la puerta y salió sin ser visto por ella, según él. Arielle entre abrió los ojos y miró su espalda al cerrar la puerta. —Con que te quedaste a cuidarme. ¡Ja! No creas que te devolveré el favor, como no sabes que te ví, no te debo nada, grandísimo imbécil. —pronunció ella apretando los dientes. Media hora después pasaron revisión médica. —¿Muy bien señora Alighieri, se está recuperando muy pronto, así no estará el mes completo aqui en el hospital. —informó el Galeno en turno. —El amor de su esposo la rehabilita pronto. —dijo una de las enfermeras. —Doctor, dígame cuando podré viajar, necesito irme de aquí. —Puede pero es muy peligroso que el mínimo mov

