Intercambio navideño

2042 Words
CAPITULO 1  La historia que les quiero contar, la he vivido deliciosamente y ha venido sucediendo por casi cinco años, empezó cuándo tenía apenas veinticuatro años, pero siempre me gustó mi cuñado desde que lo vi en la academia de policía. Mi nombre es Ahinoa, ahora mismo es 23 de diciembre, época familiar, de comprar regalos y pasar el rato con un buen chocolate calentito mientras ves una película en casa. Mis padres habían salido junto con mi hermana mayor a cenar, como era costumbre los últimos años, siempre iban con un par de parejas conocidas de toda la vida, para cenar en un restaurante y luego bailar y jugar al bingo. Por lo que esta noche estábamos en casa mi cuñado y yo, casi no nos invitan a nosotros porque siempre estamos ocupados en la comisaría. Estuvimos cenando algo ligero y no tardamos en irnos a dormir, ya que los días anteriores habíamos estado de guardia continúa, y necesitábamos reposar para la noche del veinticuatro que estaríamos libres. Me desperté en eso de las tres de la madrugada porque tenía sed, pero me daba pereza ir a la cocina así que me volví a acostar y decidí volverme a dormir, cuando escuché un ruido, muy leve, pero había sido un ruido. Provenía de la sala de estar que daba hacia la cocina, y aunque el ruido no podía identificarlo bien, decidí ir sigilosamente para evitar que cualquier delincuente sepa que se metió en la casa equivocada.   Como duermo con la puerta entreabierta me fue fácil llegar hasta el final del pasillo donde estaba la sala de la cocina, con mucho cuidado mire asomando la cabeza.   Ahí estaba mi cuñado, totalmente desnudo y semitumbado en el sillón, masturbándose mientras veía una película porno en su computadora. Me quedé sin saber que hacer, tenia a mi cuñado, un hombre de treinta años rubio, de cerca de 1.80 de altura, con un cuerpo moldeado por el ejercicio y los miles de deportes que realizaba, masturbándose a escasos metro y medio de mi, con su pecho agitado y su rostro de satisfacción, cuando su m*****o estaba siendo acariciado constantemente por su mano derecha.   ¿Debería irme y dejarlo solo disfrutando de semejante placer?   Mi cerebro era superado por mis deseos por él. ¡Mi subconsciente me decía ve ahí y tiratelo! Pero el cerebro sabía que no funcionaría de esa manera, así que en pocos segundos idee un plan.   Pasé andando como si nada hubiese pasado a la cocina, haciendo algo de ruido para que Andrey se percatara de mi presencia. No pude ver su rostro al verme pasar a la cocina por agua, pero su maldición de asombro, por haber sido descubierto, me lo dijo todo.   Fase uno completada: llamar la atención.   No tardé más de diez segundos en salir, no quería cortarle el rollo, así que me dirigí al salón como si nada cuando me hablo:   —¡No es lo que parece, Ahinoa, te lo juro! No se lo digas a nadie lo que viste hoy, por favor —suplica, tapando su m*****o.   —¿No es lo que parece? Pues yo creo que estabas pajeandote en el salón con una peli porno, pero si no es eso,  cuéntame —muerdo mi labio al ver su rostro de frustración.   —Vale, sí, joder lo admito, no aguantaba mas, necesitaba desahogarme, soy humano, ¿sabes? Pero por favor no le digas esto a nadie, haré lo que sea, te ayudaré con el papeleo en la comisaría, te cubriré cuando llegues tarde, no sé, lo que quieras, lo juro, pero no se lo digas a nadie.   Me quede pensando unos instantes. Estaba demasiado excitada y mojada, era más que obvio, ya que dormía con pantis solamente, mordiendo mi labio nuevamente y con un suspiro al ver que su erección aún estaba ahí escondida y falta de atención.   —Quiero ver como te masturbas, Andrey —dije, acercándome a donde él estaba.   Dicho eso, me senté tranquilamente en el sofá y me desnudé completamente frente a él, mi cuñado deja de tapar su m*****o y mi boca se hizo agua al verlo tan grande y grueso. Él no me contestó, pero no le pareció mala idea porque enseguida volvió donde lo había dejado, abrió sus piernas y empezó a acariciar lentamente su m*****o, mientras por el rabillo del ojo observaba mis pechos. Yo no podía más, tenía un hombre que era el pecado andante a mi lado mío masturbándose, así que empecé a tocarme mirándolo fijamente. Ya todo era descarado, mi cuñado empezaba a acelerar su ritmo mientras miraba atentamente mi v****a a escasos centímetros de él. Por un momento cerré los ojos debido al placer que sentía, no podía creer que esto estuviera pasando, pero algo me sacó de mi somnolencia momentánea. Una sensación húmeda me detiene, abrí los ojos y ahí estaba mi cuñado, que se había inclinado un poco para comerse mi v****a. Se notaba cierta profesionalidad en ello, empezando a lamer con movimientos circulares, lentamente, saboreándolo, mientras su mano derecha acariciaba mis muslos. Le empecé a acariciar el cabello, animándolo a seguir, mientras empezaba a tocar a mi cuñado, acariciaba lo que podía, le hacía presión a su cabeza para que me diera más placer. Levantó su vista y sentí una ola de deseos demasiado grande, tantas veces desee que mirara de esa manera y nunca lo había hecho. Hoy por fin sería mío. Él ya había empezado a comerme, con un ritmo lento y matador, pero continúo. No podía decirle que parara pero necesitaba que me tocara más, con sus magnificas manos, pero la posición me lo impedía, así que como pude se lo dije.   —Quiero que me hagas tuya, quiero que me lleves a las estrellas, así tal cual como lo dice mi hermana —le ordeno.   Se levanta y se tumba en el sillón, sonrío con malicia y antes de ponerme encima de él, decido masturbarlo. Sabía que mi cuñado estaba bueno, pero que su delicioso m*****o supiera tan bien... Eso es harina de otro costal.   Me concentré en darle placer, intentando no pensar que me estaba comiendo su m*****o y que moría por tenerlo dentro de mi para que me hiciera lo que él quisiera. Me centré en lamerle su pene y acariciarle la bolas alternativamente, a un ritmo frenético, que él agradecía con una respiración agitada y fuerte. No era fácil centrarse en su entrepierna, ya que quería muy bien que me diera placer, y no era una experta haciendo sexo oral como en las películas que él veía por las noches. No tardé mucho en correrme, se lo hice saber y aceleró más el ritmo, ayudándose con su mano izquierda mientras con la derecha me movía la cabeza para que lo siguiera masturbando. No pudo más y se corrió en mi boca.   —Vamos, Ahinoa, se una buena chica y trágate todo, quiero tener a la cuñada más obediente de todas —dice ronco y con respiración acelerada.   —Sí, Andrey, yo soy... —no logré terminar la frase cuando él me levanta del suelo y me coloca en el sofá, nuevamente mete su cabeza entre mis piernas y empieza a chupar y lamer como un loco mi clítoris, no consigo coordinar algo cuando empecé a temblar, presa del orgasmo inminente producido por su lengua y su boca al succionar mi clítoris—. ¡Dios, Andrey! —me vine con un grito ahogado sin importarme más nada.   Me sentía en las nubes y con mis ojos cerrados veía las estrellas, sí, soy una romántica empedernida. Cuando nuevamente abro los ojos, lo veo levantarse para irse.   —¿Adónde crees que vas, Andrey? Aún no te he dado tu regalo de intercambio navidad, cuñadito.   —Joder, la mejor cuñada la tengo yo —me toma entre sus brazos, y vamos a mi habitación.   Iba a follarme a mi cuñado en mi cama, en aquella habitación que solo usaba cuando venía en navidad, una habitación adornada con motivos propios de cuando era niña, posters de famosos, mis peluches y el color rosa por excelencia. Eso me motivaba más, pensar que iba a cogerme a mi cuñado en mi propia cama de niña, hizo que me calentara otra vez. Sin más preámbulos me tiró en la cama, subiéndose encima de mi y negué con la cabeza.   —Quiero montarte —él se sienta y apoya su espalda en el espaldar de la cama, yo me arrodillo y empiezo a lubricarle el m*****o a base de lametazos. Cuando considero que estaba lo suficientemente dura y lubricada, cierro los ojos, meditando lo que pasaría.   —Esta será la primera y la última vez que haremos sexo —me informa.   —Ahora vas a follarte a tu cuñada y verás más adelante si le ponemos fin a lo que está por suceder —me besa—. Vas a follarme hasta quedarte seco, porque soy tu cuñada, porque soy Ahinoa y tienes que complacerme.   —Jodida vida contigo —me vuelve a besar con pasión, deseo y urgencia, me arrimo hacia él y dejándome de besar, vuelve a hablar—. ¿Te cuidas? Aún no quiero hijos.   Me río, coloco su pene a la altura de mi v****a, y me la insertó lentamente, mientras cerraba los ojos, se me escapa un pequeño suspiro de tanto desearla. No tardé mucho en empezar a tomar el ritmo, empezando a dar saltos pequeños pero muy rápidos sobre su pene, me estaba dando un gustazo impresionante, no sabia que tener un cuñado podía ser tan placentero. Mientras seguía montandome sobre su pene, aprovechó para tomar mis pechos, no eran muy grandes, cabían perfectos en sus manos, ellos eran desafiantes a la gravedad gracias a la juventud. Masajeó, acarició y apretó mis senos sin contemplación. Él empezó a acelerar el ritmo, y me tomó de la cintura para hacerlo aún más rápido,  apoyé mis manos sobre su pecho, me incliné hacia adelante y seguí saltando, gimiendo y gimiendo hasta correrme como una posesa. Nos besábamos y lamiamos mientras yo seguía saltando sin parar, se salía y me la volvía a introducir de una estocada, él me tomó de las caderas deteniendome y con rapidez, él me penetró varías veces más, pero poco nos importaba, no estábamos aquí, estábamos en el país de las sensaciones que nos el placer del orgasmo.   Aunque los dos estábamos acelerados queríamos más, así que cuando me recuperé del orgasmo, me puso al borde de la cama, mirando hacia arriba. Colocó sus piernas a los lados, y me penetró con fuerza y rápidamente, a un ritmo frenético, mientras agarraba mis pechos y me besaba fuertemente, preso del deseo. Seguimos aquel ritmo pocos minutos, pues los movimientos de antes lo dejaron casi al límite, cuando notó que se corría sacó su m*****o de mi v****a para poder correrse en mi cara, entendí el mensaje a la primera pues me deslice suavemente por la cama hasta quedar de rodillas frente a su pene, y abrí la boca, deseando que vertiera su preciado líquido.   —Esta imagen, tu frente a ti, desnuda, empapada en sudor, y deseando que me corra en tu cara es demasiado... —acabó explotando en mi cara, lanzando los pocos chorros de semen que le quedaban tras la anterior corrida sobre mi cara, cayendo principalmente sobre mi cabello y mejillas.   Al acabar de correrse, como buena cuñada, leclimpio el pene con mi boca, y con un clinex, él limpio mi cara, aun de rodillas. Al levantarme, orgullosa y delicadamente como toda una fémina, todo eso sin dejar de mirarlo a los ojos y sonreírnos, me situé a su altura, y nos fundimos en un profundo y apasionado beso que no puedo decir cuánto duró, pero sí que fue el mejor beso que he recibido hasta el momento.   —Feliz intercambio navideño, cuñado —dejo de besarlo.   —Feliz intercambio navideño, Ahinoa —responde—. Nos vemos el año que viene, cuñada.   Él volvió a la sala y yo busqué mi ropa y me fuí a dormir. Igualmente nos veríamos en la mañana y haríamos como si nada.   Esa fue la primera de las muchas veces que estuvimos juntos, la diferencia es que por ser navidad, elegimos los lugares más peligrosos para tener nuestro delicioso intercambio navideño.    Continuara...
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