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2035 Words
Luna -Hoy vamos a ir a almorzar a un bar, no hace falta que pidas nada para el almuerzo -le digo a Ramiro, mientras junto mis cosas para salir. Cuando voy a la cocina a buscar una botella de agua veo que lavó los pocos utensilios que usamos en el desayuno y me sorprende la naturalidad con la que se da la convivencia entre ambos-. Lavaste los platos, sos el marido ejemplar -bromeo cuando paso por su lado, para salir por la puerta que tiene abierta para mí. Rueda los ojos y suspira, ya acostumbrado a mis bromas sobre nuestra relación. -Pareciera que nos conocemos hace mucho y mañana va a hacer recién una semana de que trabajas conmigo, ¿te diste cuenta? -pregunto cuando ocupa su lugar, en el asiento del conductor. -¿Está segura de que no hace un siglo? -bromea él también, con aire distendido. Me coloco entre medio de los asientos delanteros y repaso su aspecto, sorprendida una vez más de lo atractivo que es el morocho que me acompaña todos los días, como una permanente fantasía que no puedo cumplir. -Hoy vas a conocer por fin a Sol. ¿Te acordás que te hablé de ella? -pregunto entretenida, porque sé cuánto le molesta que le cuente de mi vida personal, y cuánto me divierte a mí hacerlo igualmente, en parte para fastidiarlo y en parte para hablar con alguien, además de mis alumnas, que como mucho, son adolescentes de dieciséis años. -No, no me acuerdo. Ya le dije que no retengo la información que me da de su vida o la de su amiga -contesta muy serio, aunque sé bien que sí lo hace. -Bueno, entonces te cuento de nuevo -digo con burla, haciéndole ver que no es negocio mentirme. Veo su sonrisa de lado y me mira por el espejo retrovisor con toda la complicidad que no podemos negar. -No hace falta señorita, tampoco ahora voy a retenerlo -dice desafiante, mientras mira nuevamente al frente. -Resulta que Sol se acostó con Pablo, que es como su primo. Y al día siguiente se enteró que el hijo de puta tenía novia. Entonces mi pobre amiga está que hierve de enojo, sobre todo porque su novio le había metido los cuernos el 31 de diciembre, así que ella empezó su año llorando por que le fueron infiel y ahora fue la persona con quien hicieron infiel a otra -suelto sin pausa-. Ya sé lo que debes estar pensando, que no tiene sentido ofenderse por algo así, si el que tiene compromiso con la novia es él, no ella, pero Sol es así, muy sentimental. -En realidad no opino eso, me parece lo más coherente que se ofenda -dice sin poder contener sus palabras. -Yo sabía que me escuchabas -respondo victoriosa, levantando los brazos al techo en señal de victoria. Lo veo sonreír ampliamente y confirmo nuevamente que es el hombre más lindo que vi en mi vida. -Seguramente porque vos también, a pesar de esa pinta de malo, sos un blandito -digo sin pensar en el doble sentido de mis palabras. Me sorprende ver que levanta las cejas y mira hacia el costado, con una expresión de “si supieras”, que inmediatamente me tienta de probar, pero tenemos un trato y lo tengo que mantener. -Volviendo al tema… Sol está muy mal, así que tenemos que levantarle el ánimo. Anda pensando que se te ocurre -digo mientras palmeo su brazo, aprovechando para deleitarme con la dureza del mismo. Baja, me abre la puerta y caminamos juntos hacia el estudio. Para el mediodía termino la clase y me cambio más rápido de lo normal. Cuando salgo lo encuentro revisando unos papeles y me sorprende verlo tocando esas carpetas. -¿Te interesan los números? -pregunto con un tono inquisidor. Levanta la vista muy sorprendido. -En realidad sí -dice resuelto-. Pero entiendo que no me incumbe así que le pido disculpas, no voy a volver a mirar -sigue hablando con sinceridad. -No me molesta, podes mirar todo lo que quieras, no hay nada raro -afirmo con tranquilidad, mientras nos dirigimos hacia la salida. Al llegar al Bar veo que Sol está conversando animadamente con Martín, por lo que me acerco a ellos, pensando que el almuerzo puede ser incluso más divertido de lo que pensé. -Buen día -saludo animada, mientras deposito dos besos en las mejillas del rubio y abrazo a mi amiga con fuerza por varios minutos-. No podes abandonarme así. La próxima vez te dejo -digo con falso enojo. -Todos le recriminamos lo mismo. Se va una semana entera como si no le importara nada ni nadie -reprocha su hermano mientras la mira con preocupación. -Fui a visitar a mis abuelos cinco días, tampoco es tanto. Vamos a sentarnos que tengo hambre -dice mi amiga resuelta, encaminándose hacia una mesa. Cuando ella gira, Martín me guiña un ojo y se muerde el labio inferior mientras mira mi trasero descaradamente. Escucho a alguien toser al lado mío y el gesto de Martín se transforma, intentando disimular. Aprovecha el momento para alejarse caminando hacia su mesa. Me río abiertamente y justo entonces Sol se gira, para ocupar una silla en la mesa más cercana. -¿De qué te reís? -pregunta mi amiga intrigada. -De nada, Ramiro es tan gracioso con sus caras -miento mirando hacia mi custodio, que me devuelve un gesto de enojo que no logro entender. Sol lo mira y luego vuelve a mirarme a mí. -Un gusto Ramiro, yo soy Sol, Luna me contó mucho de vos -dice ella tendiendo la mano con formalidad. -Un gusto señorita -responde él educadamente-. Si le parece, me voy a ubicar en aquella mesa. Permiso-. Termina para luego retirarse a una mesa individual alejada. -De verdad que está buenísimo -dice mi amiga ni bien nos sentamos. -Te dije. Bueno, contame como estas -intimo a Sol, mientras comenzamos a mirar la carta. Cuando esta por contestar veo que la novia de Martín entra al Bar y camina hacia él, se saludan con un beso rápido y comienzan a mirar la carta. Cada tanto Martín habla y ella parece responder con monosílabos o solamente asentir o negar con la cabeza. Por nuestra parte, Sol y yo conversamos animadamente de todo lo que pasó en estas semanas en las que no nos vimos. Cada tanto intercambio unas miradas con Martín, que parece hablar solo durante todo el almuerzo. En una oportunidad siento la mirada de Ramiro sobre mí, por lo que giro para verlo y lo encuentro, efectivamente, mirándome con mucha concentración. Le sonrío y me devuelve el gesto, lo que claramente no es común en él. -¿Me estás escuchando? -pregunta finalmente mi amiga. -Claro que sí, pero sinceramente me parece que te estás haciendo demasiado problema. Se acostaron, la pasaron bien, no va a volver a pasar, listo… Terminó. Tampoco es la muerte de nadie -digo con calma, intentando no ser muy dura con ella. La veo mirar hacia abajo, con los ojos cargados de tristeza. -Es que me hubiera gustado tanto que no termine. ¿Escuchaste la parte de que fue el mejor sexo de mi vida? ¿Y la parte de que me gusta desde que tengo uso de razón? -dice con la voz cargada de angustia. -Ay no -niego con la cabeza-. No puedo creer que te enamoraste con un solo garche -me lamento, llevando las manos a la boca. -No te burles. Estoy preocupada en serio. Mañana lo voy a ver de nuevo y no sé cómo voy a hacer para no ponerme a llorar en frente suyo -sigue mi amiga. -Bueno. Vas a evitar mirarlo y si en algún momento lo haces, vas a acordarte de Ramiro, de lo lindo que es él y lo bueno que debe ser en la cama -digo señalando a mi custodio, que ahora está enfocado en su Tablet, pero como si hubiera sentido mi mirada, al instante levanta sus ojos hacia mí. Le hago una seña para que se acerque y obedientemente lo hace. Mientras camina hacia nosotras, con toda su masculinidad, veo de reojo que Martín sigue muy interesado la escena. -Es verdad que esta bueno, pero no me genera lo que me genera Pablo -dice mi amiga ofuscada-. No me vas a entender nunca porque para vos todos los hombres son iguales -protesta indignada. -No lo digas así, ¿Qué va a pensar Ramiro de mí? -digo en tono de burla hacia mi custodio, que rueda los ojos y niega con una sonrisa de lado-. Acompañanos con el postre por favor -pido mientras señalo una silla vacía. -Preferiría esperarlas en mi lugar señorita -dice con educación, aunque comienzo a advertir que se resigna cada vez más fácilmente ante mis pedidos. -¿Me puedo sumar a ustedes? Florencia se tuvo que ir sin terminar por una urgencia en el trabajo -habla Martín, apareciendo de la nada en mi campo de visión. -Claro. Justo se estaba sumando también Ramiro. Ramiro, Martín, Martín, Ramiro -los presentondolos con educación. Veo como ambos se desafían con las miradas y me da gracia pensar que sería demasiado interesante ver como luchan por ser el macho alfa sin ropa, en una cama, y conmigo en el medio. -¿Y a Florencia no se le ocurrió saludar, por ejemplo? -pregunta mi amiga, a quien su cuñada no le agrada ni un poco. -Ya sabes cómo es -contesta el rubio con soltura-. ¿Cómo andas Luna? Hace mucho que no te veo -sigue con un claro reproche por las dos veces que lo rechacé en esta semana. -Ramiro me tiene muy controlada -contesto mientras llevo la mano hacia el brazo del morocho, que me mira como si fuera a matarme. Veo que Martín levanta las cejas y se ríe mientras niega bajando la mirada. -Yo quiero un tiramisú -dice Sol muy convencida. -Nosotros vamos a compartir un brownie -contesto, señalando a Ramiro y a mí. -Yo quiero un volcán de chocolate -completa Martín, mientras la moza va tomando los pedidos. Me disculpo para ir al baño y cuando estoy llegando siento que alguien tira de mi brazo, haciéndome ingresar al apartado para personas con movilidad reducida. Quedo de espaldas a la puerta cuando ésta se cierra y puedo reconocer claramente el perfume, la fuerza de sus brazos y la suavidad de su lengua pasando por mi cuello, mientras me toca sobre la ropa. Rodeo su cuello con mis brazos y me entrego al placer que sus manos me regalan. Siento que los movimientos se detienen y cuando miro, veo que está liberando su m*****o de la ropa, para sentarse en el inodoro, esperando ansioso por mí. Me saco el pantalón y la ropa interior y me siento sobre él, sintiendo su masculinidad llenarme por completo, para luego comenzar a moverme mientras su lengua juega con mis pezones alternadamente. Me da un golpe en el trasero con la mano abierta que me resulta de lo más sensual, por lo que comienzo a acelerar los movimientos, sabiendo además que no tenemos mucho tiempo. Pasan solo unos minutos y ya lo escucho gemir cada vez más fuerte y demandar que mis movimientos aceleren el ritmo. Lo complazco, moviéndome en búsqueda del orgasmo, que no se hace desear, permitiéndome acabar al mismo tiempo que Martín, que hunde su cara en mi cuello mientras suspira regularizando su respiración. -Te extrañé -miente en mi oído y yo me limito a sonreír. -Yo también mi amor -sigo con su juego, mientras me incorporo para vestirme y salir en dirección al baño, donde me tomo unos minutos para arreglar mi aspecto. Cuando vuelvo a la mesa Ramiro, Sol y Martín están conversando muy entretenidos de alguna cuestión contable que no logro descifrar. -Entonces era verdad que te gustan los números -indago cuando su charla me permite meter bocado. -Era verdad -asiente sin mirarme y puedo entender que por algún motivo, esta ofendido o enojado. Llegan los postres y todos comemos mientras ellos siguen conversando y yo me deleito viendo a dos de los hombres que más me gustan, aunque no puedo negar que lo que me genera Ramiro es tremendamente particular, nada sorprendente viniendo de mí, y mi gusto por lo prohibido.
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