Martín
Apago el motor de la cinta y comienzo a elongar mientras relajo mi respiración. Las últimas semanas me tienen con los nervios de punta y últimamente no hay con que calmarlos. Mi móvil suena y me apresuro en contestar, al ver que se trata de Florencia.
-Buen día hermosa, ¿cómo amaneciste? -pregunto con tono alegre.
-Hola Martín. Bien, ¿vos? -responde con naturalidad.
-Muy bien. ¿Tenes planes para hoy o podríamos vernos?
-Me gustaría que nos viéramos, sí -contesta sin si quiera pensar.
-Buenísimo, ¿te busco para almorzar? -propongo con entusiasmo.
-Mejor voy yo para tu casa después de comer… a las tres estoy ahí. Nos vemos -el sonido del fin de la comunicación me deja un poco desconcertado, Flor siempre fue distante pero de un tiempo a esta parte esa característica se acentuó, aunque habiendo cambiado de trabajo no es raro que sus ánimos no sean los mejores.
Paso las pocas horas que quedan de la mañana tirado en el sillón, mirando el último estreno de cine que tenía pendiente, y cuando el timbre suena me doy cuenta que se me pasó la hora y ni si quiera almorcé.
Me apresuro a abrir la puerta y veo el gesto de disgusto de Flor al ver mi aspecto. -Perdón, si querías salir me visto en unos minutos nada más, me bañé después de que hablamos pero no llegué a cambiarme, o si querés podemos aprovechar que tengo poca ropa y hacemos algo interesante -sugiero en tono juguetón, acercándome insinuante.
-No, así está bien. Sentate por favor -dice con seriedad, manteniendo la distancia, y la situación comienza a preocuparme.
Me ubico en un sillón contiguo, lo más cerca posible de ella y la miro expectante.
-Quiero terminar -afirma con mucha seguridad en su voz.
Me quedo unos minutos pensando en sus palabras y por más que lo intento no logro encontrarles sentido.
-¿Terminar… la relación? -pregunto sorprendido.
-Si Martín, ¿Qué más sería? -responde con impaciencia.
Su actitud ahora comienza a enojarme y no puedo evitar ponerme a la defensiva.
-Disculpame que me sorprenda, que vengas de la nada con un planteo así no es lo más coherente que haya escuchado de vos -contraataco con enojo.
-De la nada… -Reflexiona en voz alta y una lágrima silenciosa se desliza por su mejilla -hace meses que estamos mal y vos ahora decís que esto es de la nada -sigue luego de unos minutos.
-No entiendo porque decís que estamos mal mi amor. No discutimos en ningún momento -increpo colocando una mano sobre su rodilla desnuda.
Al sentir mi tacto la ella se incorpora, quedando frente a mí con su hermosa figura ante mis ojos. La veo caminar por la sala nerviosa y me tengo que contener para no correr a abrazarla. Su cuerpo esbelto y delicado, enfundado en un vestido corto de un tono claro le da un aspecto angelical, que sumado a su cabello largo y muy lacio, de un rubio casi blanco y su rostro claro con hermosos ojos celestes me hacen pensar una vez más que es la mujer más hermosa que vi en mi vida.
-No se trata solo de discutir o no, hace tiempo que no nos motivamos mutuamente y creo que eso está más que claro con todas las “amigas” con las que te ves, ¿no te parece? -pregunta cruzándose de brazos y mirándome con enojo.
-¿Se trata de eso? No hay nadie más que me importe, solo vos -me paro y me acerco a ella poniendo ambas manos en sus brazos y mirándola a los ojos para que entienda la sinceridad de mis palabras.
-¡No! -niega enérgicamente con la cabeza-. Se trata de que no estoy más enamorada de vos -responde alejándose hacia la puerta.
La abre y antes de salir gira nuevamente para mirarme con los ojos cargados de tristeza.
-Lo único que te pido es que respetes mi decisión y me des tiempo para repensar las cosas. Chau Martín -dice finalmente, saliendo del departamento y cerrando la puerta tras de sí.
Me siento nuevamente en el sillón, pensando en lo que acaba de suceder. Definitivamente no lo veía venir, pero ahora que lo pienso, hace mucho tiempo no hay la misma intimidad que antes, y sin dudas su interés había disminuido considerablemente, aunque siempre lo aduje a los años de relación y el estrés de su cambio laboral.
Miles de preguntas vienen a mi mente, pero la más fuerte es… ¿Qué hago ahora? Lo único que sé es que necesito salir. Tomo mi teléfono y le escribo un mensaje a Javier, pero no puede salir hoy, por lo que solamente me queda la opción de Pablo, que no le tengo ni un poco de fe, aunque intento igual.
-Amigo, primo, hermano… necesito salir hoy y no me podes decir que no porque Flor me acaba de dejar. Pedí permiso y buscame después de cenar, te espero -le envío en un audio, sin posibilidad de que se niegue y comienzo a escribir a algunas “amigas”, como Florencia las etiquetó.
-Jajajajaja yo también salgo, seguro nos vemos en algún lugar -contesta Ivana.
-Perfecto lindo, avisame dónde -responde Carola.
-Hoy tengo planes, pero hablamos -dice Luna.
Me relajo esperando el mensaje de Pablo, cuando veo que está escribiendo pero borra y luego vuelve a escribir.
-Ok. Te busco para las once y media -responde finalmente.
No puedo creer que me haya contestado que sí, es evidente que entendió mi necesidad, porque lograr que Pablo quiera salir es realmente una hazaña. Me dispongo a mirar todos los estrenos atrasados y pasar la tarde sin pensar en Florencia y sus locuras, ¿quiere tiempo? Se lo voy a dar, pero aprovechando el mío al máximo posible.
Pablo
Cierro la aplicación de ajedrez, feliz de haber ganado nuevamente la partida, mientras espero pacientemente que Clara termine de hacerse los estudios que faltan para la cirugía.
La veo salir y me apresuro a acompañarla, dándole el brazo para que se apoye.
-No necesito apoyarme para caminar amor, todavía estoy muy bien. –Dice con una sonrisa tierna, aunque el “todavía” me deja preocupado.
Llegamos al auto y cuando subimos recibo un audio de Martín, lo reproduzco y su voz invade el espacio, al sonar en los parlantes del vehículo.
-Amigo, primo, hermano… necesito salir hoy y no me podes decir que no porque Flor me acaba de dejar. Pedí permiso y buscame después de cenar, te espero -inmediatamente comienzo a escribir una disculpa pero Clara me frena, colocando una mano sobre mi brazo.
-¿Qué estás escribiendo? -pregunta intrigada mientras me mira a los ojos.
-Que no puedo… -contesto como una obviedad.
-No seas así, decile que sí y acompañalo, yo también voy a organizar algo y salir con mis amigas -dice animada.
Borro lo que estaba escribiendo aunque todavía estoy decidido a no ir.
-No tengo ganas, ya sabés como es, va a querer ir al boliche, música fuerte, humo, no me gusta ni un poco ese ambiente -digo mientras voy prendiendo el motor y comienzo a escribir nuevamente una disculpa.
-Es tu amigo, sabe que no te gusta, si te lo pide es porque realmente lo necesita -afirma una vez más y no puedo evitar recordar lo mucho que me gusta su nivel de empatía con todos, siempre.
Me inclino y le doy un beso en los labios, ambos sonreímos y contesto el mensaje sin muchos ánimos, pero convencido que es lo adecuado.
-Ok. Te busco para las once y media -afirmo en un texto y comienzo a conducir hacia la casa de Clara, para pasar con ella lo que resta de la tarde.
Ramiro
Me despierto sintiendo que dormí mejor que nunca, incluso antes de terminar de abrir los ojos, el aroma al perfume de Luna me invade, recordándome los sucesos de la noche anterior. Me incorporo un poco en mi brazo para ver su rostro, ya que esta de espaldas a mí, mientras la rodeo por la cintura.
Ella se mueve todavía dormida y una vez más, su hermosura me deja maravillado, haciendo que me cueste romper la conexión, pero lo hago igualmente porque me preocupa el sobre no entregado y las repercusiones que la información pueda tener en mi servicio.
Me salgo de la cama con cuidado, evitando despertarla, y voy directo al living, donde está el bolso con mi ropa. Tomo un short deportivo y me lo coloco para comenzar a preparar el desayuno, mientras busco los celulares y reviso las notificaciones. Primero veo el teléfono de servicio y advierto que no tengo novedades, pero en el teléfono personal encuentro varias llamadas perdidas de Verónica, en diferentes horarios de la madrugada.
El peso de la situación me sofoca cuando entiendo lo enredado que estará esto para nosotros como pareja, aunque dudo que ese sea el término adecuado para describirnos, después de todo, el vínculo que tenemos es muy extraño, si bien somos amantes hace mucho tiempo y habíamos acordado exclusividad, jamás nos presentamos a las familias o compartimos más que el ambiente laboral, que igualmente es el único que ambos tenemos por fuera del entorno familiar.
Guardo los teléfonos y me concentro en el desayuno. Estoy removiendo los huevos en la sartén, cuando siento unas manos que me rodean la cintura. Apago el fuego y giro para abrazar a la hermosa mujer que me tiene loco.
-Buen día -dice mientras se pone en puntillas para llegar a mis labios.
-Buen día hermosa, ¿Cómo amaneciste? -pregunto con dulzura.
-Muy bien. Veo que dejaste de lado eso de “señorita”… -replica burlona mientras se sienta en la mesada.
-Lo pienso reservar para cuando estemos con tu papá -afirmo con seriedad mientras retomo mi accionar en la cocina.
Termino de hacer el desayuno y nos sentamos en la mesa, conversando animadamente, cuando terminamos comenzamos a recoger las cosas y me dispongo a lavar mientras ella seca y guarda lo que usamos. Al terminar la abrazo por detrás y dejo un beso en su cuello. Para mi sorpresa la noto tensarse y su actitud me sorprende.
-¿Qué pasó? Te pusiste seria -pregunto intrigado.
-Nada, es solo que normalmente dejo en claro algo antes de tener sexo y anoche me tomaste por sorpresa -dice con una leve sonrisa.
-¿Y qué es lo que tenés que dejar en claro? -increpo suponiendo por donde viene el tema.
-Que esto es solo sexo. Podemos llevarnos bien, pasar algo de tiempo juntos, pero no quiero reclamos, ni celos, ni exigencias -afirma resuelta, mirándome a los ojos.
Suspiro y repaso mentalmente que todo eso implica que tampoco quiere nada de sentimientos, lo que por un lado me alivia, porque no va a sufrir cuando descubra la situación en que verdaderamente nos encontramos, pero por otro lado me preocupa, porque aunque me esfuerce en negarlo, lo que me está pasando con ella claramente no es solo un deseo s****l.
-Está bien -me limito a decir-. Pero sácame una duda… ¿Somos muchos a los que nos tenés bajo esas reglas? -consulto con un nudo en la garganta, esperando que me diga que desde ahora seremos solo nosotros dos, aunque por lo que la conozco entiendo que esa no es una posibilidad.
La veo dudar unos minutos, hasta que finalmente me vuelve a mirar a los ojos para hablar.
-Sinceramente no sé. Me canso fácilmente, al día de hoy no sabría decirte quiénes “son” y quienes “fueron” -responde con transparencia.
-¿Y yo soy o fui? -pregunto mientras comienzo a recorrer su cuello con besos.
-Todavía no está decidido… -contesta con un hilo de voz, dejándose llevar por la excitación.
La levanto de los muslos y la llevo a la cama, mientras ella se aferra a mi cuello, para besarnos con profundidad. Llegamos a la cama y la acuesto boca arriba, para luego sacarle el camisón corto de seda n***o que lleva puesto. Cuando la tengo desnuda comienzo a besar uno de sus pechos, mientras acaricio el otro con una mano.
Ella lleva su mano a mi entrepierna y comienza a masajear mi m*****o, pero el sonido del timbre del celular nos interrumpe. Luna lo toma para silenciarlo pero al ver que es una llamada de su padre parece preocuparse, así que la invito a contestar.
-Creo que deberías atender -digo con seguridad.
-Sí, sino es capaz de venir hasta acá -responde preocupada.
-Hola papá… -del otro lado de la línea distingo los gritos del hombre, aunque no logro comprender las palabras-. No hace falta que grites, no había nadie en la casa y no andaban los teléfonos, no podíamos hacer nada… -se hace el silencio unos minutos, en los que supongo que él estará hablando, aunque ahora lo hace más calmado-. Sí, lo tuve conmigo todo el tiempo… Está bien, ya vamos para allá -la escucho decir y me apresuro a incorporarme.
-Tenemos que llevar el sobre de anoche, ¿no? -digo restando importancia a la situación.
-Sí. Perdón -contesta con un puchero.
Beso suavemente sus labios y le sonrío a modo de respuesta.
-Me voy a cambiar, te espero -digo mientras me incorporo y salgo.
Llego al living y llamo a Verónica desde el teléfono de servicio.
-Hola -me contesta claramente enojada.
-Acaba de llamar ordenando que llevemos el sobre ya mismo -digo sin preámbulos.
-Está bien, llevalo –responde, para luego colgar automáticamente.
Hiervo de enojo ante su poco profesionalismo, no debería cortar la llamada así, sin saber si necesito alguna indicación más.
Guardo nuevamente el teléfono y me apresuro a vestirme, justo a tiempo para ver a Luna llegar a la sala.
Al levantar la vista hacia ella la encuentro con unas zapatillas bajas coloridas, un short de jean claro con los bordes deshilachados y una remera corta holgada. Con ese look tan juvenil parece aún más chica de lo que es, y por un momento me siento culpable, pero me recuerdo que en parte esto no fue mi decisión y calmo mi conciencia en forma completamente hipócrita.
Bajamos y le abro la puerta del asiento trasero, pero ella me sonríe y se sube en el asiento delantero. La miro sin saber cómo reaccionar, abro la puerta y le hablo con paciencia.
-Me parece que lo mejor sería que vayas atrás, es lo más adecuado y prudente -afirmo tranquilo.
-Qué pena que yo no soy ni adecuada ni prudente -replica ella con una sonrisa y sin más, cierra nuevamente la puerta.
Decido dejar esta batalla para otro momento y me dirijo a mi asiento.
Aprovecho la comodidad que generamos para sacarme una duda que tengo desde que la conozco.
-¿Por qué te dicen Luna cuando te llamás Selene?
La pregunta parece sorprenderla y un dejo de tristeza aparece en su mirada.
-Selene es el nombre que me puso mi mamá -contesta con seriedad-. Y no me parece bien usarlo cuando se trata de una mujer que me abandonó a los cinco años -completa fingiendo que el tema no le duele-. Cuando en primer grado conocí a Sol, y nos hicimos mejores amigas, decidí que si ella era el Sol, yo sería la Luna, y desde entonces me llamo así -sigue más animada.
La historia me causa ternura, por lo que no puedo evitar sonreír.
-No te burles -dice al ver mi expresión, mientras me pega en el hombro-. A los seis años eso era algo muy lógico -comenta divertida-. Además ella tiene el pelo dorado, yo oscuro y la tez muy clara… No podes negar que esas figuras nos representan bastante bien -termina con una amplia sonrisa.
-Para nada, me parece ideal… -digo en tono burlón- ¿Y son amigas desde entonces? –pregunto, pensando en cómo el hermano de Sol pudo enredarse con una niña que conoce desde los seis años.
-Sí -contesta orgullosa-. Las mejores amigas -completa-. Mirá… -dice señalando el tatuaje en su tobillo, que representa un sol y una luna entrelazados.
-¿Y ella tiene el mismo? -pregunto intrigado.
-¡No! -responde con determinación- ¿Sol un tatuaje? Ni loca, los odia… Pero ella tiene una cadenita con el mismo diseño, que no se saca nunca, por nada -completa con soltura.
La veo sonriente y nuevamente me encuentro preocupado por todas las emociones que esta mujercita me genera, no quiero ni pensar en el momento en que se entere de quien soy en realidad, y por qué aparecí en su vida.