Ramiro Salgo de la ducha y me dispongo a contestar los mensajes de Verónica, en los que me manifiesta las opciones de traslado para mí. Cada vez me convenzo más de que tomé la decisión correcta al escribir la carta de renuncia, que mañana mismo presentaré. Me sorprende encontrar entre ellos, un mensaje de Luna, donde me cuenta que una de sus alumnas, que siempre me hablaba con mucho cariño, le confesó estar enamorada de mí. La tierna chiquita de siete años no puede generarme más dulzura y me limito a sonreír a la pantalla. El recuerdo de la expresión que reflejaron los hermosos ojos grises que me enloquecen, cuando la vi salir de la oficina de Martín, hace que mi sangre hierva de enojo nuevamente y decido no contestar su mensaje, para evitar decir algo indebido, después de todo, ella y

