Pablo Acaricio con dulzura el vientre de Sol, que ya comienza a tomar forma. No puedo evitar que mi corazón sigua agitándose en mi pecho cada vez que la veo desnuda y su figura me recuerda que dentro suyo están mis hijos. La siento removerse, estirando su cuerpo y haciendo gestos graciosos, y cuando veo que se vuelve a relajar la abrazo con fuerza besando su cuello. -Buen día –saluda con una sonrisa. -Buen día –le devuelvo el saludo, besando sus labios- ¿Cómo amanecieron? –pregunto volviendo a acariciar su vientre. -Con hambre –contesta risueña. Me levanto y me dispongo a preparar el desayuno, pensando que en breve tendré que pensar en alguien que venga ayudar con la limpieza por más horas. Sol aparece en la cocina y terminamos de preparar las cosas juntos, para luego desayunar y a

