Pilar Desde el momento en que sentí los labios de Martín sobre los míos me di cuenta que todo había cambiado. Las miles de miradas y caricias que había sentido tan íntimas en este tiempo, volvieron a mi mente. Tanto me había esforzado en convencerme de que eran solo ideas mías, y ahora confirmo que no lo eran. -Un gusto bailar con vos nuerita -se despide el padre de Martín con una sonrisa, y me giro para buscarlo, pero me choco de lleno con el cuerpo de Ramiro, que me mira sumamente enojado. Disimuladamente me lleva a un costado de la casa y me obliga a sentar en un banco, donde nadie más puede vernos. Camina de un lado a otro dando pequeños pasos y suspira varias veces con fuerza. -¿Desde cuándo? -pregunta por fin, luego de varios minutos. -¿Desde cuándo, qué? -contesto haciéndome

