Capitulo 5
Ven a mi casa
Adrik
"No entiendo qué demonios sucedió… ¿y dónde está ese niño?" Apenas pudo ponerse de pie cuando sintió un mareo momentáneo.
—¡Adrik! Me alegra que estés bien, no sabes cuánto me he preocupado por ti —dijo Lucía, acercándose con Ciro en brazos.
Él cerró los ojos por un momento, intentando ordenar sus pensamientos.
—Lo sé, fui imprudente… pero esta situación me agobia demasiado. ¿Cómo está él? —preguntó al ver los ojitos brillosos y llorosos de su hijo.
—Bueno, gracias a Dios está bien, pero lo mejor de todo esto es que he descubierto algo.
Adrik la observó con el ceño fruncido, perturbado.
—¿Y bien? —inquirió con voz cansada.
Lucía sonrió levemente, pero había determinación en su mirada.
—Al parecer, tu hijo ya escogió a quién quiere cerca. Estaba feliz y tranquilo… hasta que esa joven me lo entregó.
Adrik sintió un extraño escalofrío al escuchar esas palabras. Recordó cómo había tratado a la chica.
—No comprendo —dijo con indiferencia—, pero dale dinero y todo se resolverá. Seguro solo quiere eso ahora que sabe quién soy.
Lucía lo observó con enfado y negó con la cabeza.
—Adrik, por una vez en tu vida deja de pensar solo en ti —dijo con firmeza—. Te estoy diciendo que este niño se siente a gusto con Valentina. Y ella no aceptó ningún pago ni compensación por haberte salvado la vida… bueno, por haberlos salvado a ambos.
"¿Valentina?" El nombre resonó en su mente con cierto desconcierto.
—¿Y bien? —preguntó con impaciencia.
Lucía soltó un suspiro, como si estuviera hablando con un niño terco.
—Al parecer, ese accidente te habrá golpeado muy fuerte la cabeza —ironizó—. Ella es la indicada. Es a quien necesitas. Vamos, Adrik, ya no eres un jovenzuelo. Necesitas algo estable. Mientras arreglo un matrimonio conveniente para ti, podrías al menos considerar salir con ella. En el poco tiempo que la observé, noté que no es para nada vulgar. Se ve claramente que no tiene una posición económica como la tuya, pero ahora lo importante es que Ciro se sienta bien.
Adrik apretó la mandíbula. Sabía que su hijo casi no comía, había bajado de peso y se enfermaba con frecuencia. Desde que lo había recibido, poco más de un mes atrás, todo había sido un caos. Había tenido fiebre, malestares y lo habían llevado al hospital demasiadas veces en tan poco tiempo.
Lucía lo miró con seriedad.
—Adrik, a este paso temo lo peor. No soportaré ver a este pequeño de nuevo en un hospital.
Él se sintió confundido, pero en el fondo sabía que Lucía tenía razón. Ciro extrañaba demasiado a su madre y su salud se estaba viendo afectada.
Adrik pasó una mano por su rostro con frustración antes de responder con voz resignada:
—Bien… imagino que tendré que fingir amabilidad con esa mujer.
Lucía suspiró, pero sonrió con satisfacción.
—Es necesario. Hazlo por tu hijo. Le pedí que nos esperara y que nos acompañara a la casa. Le expliqué la situación de Ciro y dijo que él comió bien mientras lo cuidó, sin quejarse. ¿Te das cuenta? Solo necesitamos que coma sin hacer un escándalo. Y si con ella lo hace… entonces es la persona correcta, Adrik.
Adrik observó a su hijo, quien seguía en los brazos de Lucía, inquieto y frágil. Suspiró profundamente, sintiendo que estaba a punto de meterse en algo que no imaginó jamás, Lucia le indicó que Valentina estaría en la casa, él se alistó de prisa, prefería seguir su tratamiento de forma privada.
El trayecto hasta la casa era incómodo. Adrik avanzaba con pasos lentos, apoyándose en una muleta, con el rostro endurecido por la molestia de su pierna herida. No le gustaba sentirse vulnerable, mucho menos frente a extraños.
Al entrar a la casa, su mirada recorrió el amplio y elegante salón hasta detenerse en Valentina. Estaba sentada con las manos entrelazadas, con una postura tensa, claramente incómoda en ese lugar.
"Debo ser amable… aunque no me agrade fingir."
Respiró hondo, odiando lo que estaba a punto de hacer, pero si eso ayudaba a Ciro, entonces no tenía opción.
—Hola, Valentina —dijo con tono neutral.
Ella levantó la vista con sorpresa. No esperaba que él le hablara con tanta calma después de cómo la había tratado antes.
—Hola —respondió de manera cortante.
Adrik suspiró, sintiendo la incomodidad entre ambos.
—Quería… disculparme por lo de antes —dijo, con esfuerzo. Las palabras casi le quemaban la lengua.
Valentina lo miró en silencio unos segundos. No parecía completamente convencida, pero tampoco lo confrontó.
—Está bien —dijo finalmente—. No hay problema.
Hubo una pausa antes de que agregara:
—Solo vine porque la señora Lucía me dijo que el pequeño ha estado inquieto y que no quiere comer.
Adrik sintió una punzada de frustración.
—Sí… no ha querido comer, es un niño complicado.
—Eso es preocupante —comentó Valentina, frunciendo el ceño—. ¿Dónde está ahora?
—En su habitación con Lucía —respondió él—. Pero apenas entres, de seguro querrá ir contigo.
Valentina parpadeó, sorprendida.
—¿Cómo estás tan seguro?
Adrik se pasó una mano por el cabello, con un aire exasperado.
—Porque contigo no llora. Contigo… es diferente, bueno, eso me comentó Lucia, debo verlo.
Valentina no supo qué decir ante eso. Adrik se notaba tenso, como si le molestara admitirlo.
—No sé qué tanto puedo ayudar —respondió ella—, pero haré lo posible para que coma algo.
—Con eso basta —dijo Adrik, con voz más fría de lo que pretendía.
Valentina lo notó, pero decidió ignorarlo. No estaba allí por él, sino por Ciro.
—Bueno… ¿vamos a verlo? —preguntó.
Adrik asintió y, apoyándose en su muleta, caminó junto a ella hacia la habitación donde el pequeño jugaba con sus pies.