—Estoy muerta —Darla suspiró —. Te juro que no veo la hora de que sea viernes para poder darle gusto a mi cuerpo en la fiesta. ¿Vas a ir?
—Ehh —dejé a medio bocado mi ensalada. Antes hubiera respondido sin duda que si. Pero no es fácil ir a esos lugares mientras ves a la persona que te gusta ir de la mano de varias modelos diferentes. Para luego desaparecer de su propio evento.
Detestaba sentirme así respecto a mi jefe. Era un mujeriego pero eso no me impedia fantasear con él casi todas las noches.
—¿Y? No me digas que te piensas escapar —desvié la mirada. Sabía que ella insistiría hasta convencerme.
—No tengo ganas, tal vez me quedé a ver una peli...
—¡No, Alexa! —dijo ella casi haciendo un puchero —. Vas a ir conmigo, mira que soy capaz de ir a tu casa, vestirte y traerte a rastras eh...
—Ok —traté de calmarla. Era obvio que ella no era capaz de entender mis razones. No podía decirle que no quería ir sólo porque detesto la simple idea de ver James coqueteando con otras... Que no soy yo.
Las últimas fiestas las había evitado como toda una campeona, pero aunque adore a mi amiga. La amaba y odiaba por meter sus narices en todo lo que yo hacia.
—Tengo entendido que la del viernes será para un empresario italiano que planea tener negocios con J &J... —asentía casi robóticamente a lo que me contaba. En realidad no importaba cual fuera el motivo, trataría igual que siempre, de escaparme en cuanto ella se consiguiera un ligue —. El otro día lo conocí y dios —suspiró. Una mueca de confusión se formó en mi rostro —. ¡Es un bombón que sin dudar me comería! Una pareja que estaba cerca nuestro se volteó con una expresión divertida hacia nosotras, después de oír aquel alocado comentario —. ¿Qué? ¿Nunca vieron a una mujer hablar de alguien guapo? A lo suyo chismosos.
—Estás loca —atiné a decir riendo antes de darme cuenta de la hora. Llegaba tarde —. Debo irme, tengo una reunión con el señor Adams y ya no llegó. Supongo que quiere hablar sobre su nueva secretaria, pues Lauren se jubilará, así que bye.
—¡No te olvides de la fiesta!
Recogí mi bolso y salí del restaurante a toda prisa. La hora del almuerzo se me había pasado volando.
Me apresuro a caminar por las abarrotadas calles de Nueva York. Para mi suerte el restaurante no queda muy lejos. Subo al ascensor intentando calmar mi agitada respiración. Me encantaría poder decir que esa agitación fue por tanto caminar, pero no era así. Era por él.
Hace dos años cuando comencé a sentir todo esto por James, me pareció estúpido y un simple capricho. Creí que era una mera atracción física, pero con el tiempo esos sentimientos me fueron abrumando.
No niego que muero por lanzarme a sus brazos y sentirlo por completo mío, pero jamás sería como todas las demás que lo hacen sin dudar. Me conformo con observarlo de lejos y seguir fantaseando antes de entrar a sus juegos y terminar con el corazón roto y lo que es peor, desempleada.
Tan sólo pensar en sus ojos hace que las mariposas en mi vientre se aloque.
—Cálmate Alexa, ya supéralo —digo para mi misma en lo que el ascensor se detiene en el piso 15. Resoplo, todavía me faltan cuarenta pisos y esto no puede ir más lento.
Miro el techo en lo que acomodo mi ropa. Al regresar la mirada al frente veo al dueño de mis más sexys fantasias mirarme de forma encantadora y desafiante.
Me quedo estática. Él ingresa con ínfulas de galán observándome directo a los ojos. Siento como las bragas se me aflojan. Antes, me generaba mucho disgusto aquellas mujeres que se metían a las camas de sus jefes por querer escalar. Me parecía tan ridículo valerse de esas artimañas para llevar a cabo sus planes.
Pero ahora... Entiendo que capaz no todas lo hacían por escalar. Aquí estoy yo como ejemplo, que muero por estar entre los brazos de este hombre, aunque no por conseguir su dinero sino por el mero hecho de saber que se siente sentir sus besos en mi piel, sus caricias... Sin darme cuenta me descubro teniendo nuevamente fantasías pero ahora frente a él.
¿Qué te pasa Alexa? ¿Tanto te descoloca este hombre?
Intento controlar mi respiración. Una sonrisa tímida nace en mi rostro en lo que lo saludo de manera cordial.
—Al parecer ambos íbamos un poco retrasados a nuestra reunión —anuncia. Sus labios se curvan en una sonrisilla cargada de todo menos inocencia.
—El tráfico está terrible —evado su mirada con disimulo. Mentalmente pienso avergonzada en la tontería que acababa de decir. ¿En serio no podía decir algo menos tonto?
La subida en el ascensor, y los breves roces que tiene mi piel con su traje, hace que mi corazón lata con fuerza. Aunque él jamás se daría cuenta fe aquello, era muy buena fingiendo.
—Espero traigas donde anotar —comienza a decir cuando nos acercamos a los últimos pisos —. Tengo varias ideas y no quiero perder ninguna.
El elevador se detiene. Yo, como estatua, me quedo parada esperando a que el salga pero James tiene otros planes.
Con su mano me indica que desea que pase primero.
Caminamos casi al unísono, a excepción porque voy unos pasos atrás. Su secretaria nos saluda cuando llegamos a la oficina.
—Buenos días, señor Adams —me dedica una sonrisa agradable y yo le respondo de igual manera. Es una lástima que Lauren esté a punto de jubilarse. Es la mujer mas agradable de todo el lugar. Jamás olvida un cumpleaños, y siempre tiene algo positivo que decir. Será difícil encontrar quién haga su trabajo con la alegría con que ella lo realizaba.
—Siéntate, Alexa —él se quita el saco dejando al descubierto su blanca camisa, y lo coloca en el espaldar de su asiento. Se afloja el cuello de la corbata, quedando más cómodo frente a mi. Debo admitir que de ambas maneras se ve igual de guapo. Sus ojos azules se clavan en los mios, y la curvatura de su labio se eleva en una sonrisa intrigante —. Supongo que tienes una idea de lo que quiero decirte.
—Si —asiento y saco mi tableta —. Le enviaré por correo los CV de las posibles candidatas al puesto de secretaria. Escogí a las que creí mejor capacitadas pero como siempre la última palabra la tiene usted.
—Espero encontrar alguien interesante para ese puesto —comienza a decir.
—Y bonita de seguro... —se me escapa en un susurro aquel comentario.
—¿Qué? —me interroga intrigado. Abro los ojos como platos al notar que me escuchó. Aclaro mi garganta e intento que crea que no he dicho nada —. Además de eso quiero que te encarges de que se habrán mas puestos de pasantías en el área de diseño. Hay mucha gente con talento ahí afuera y deseo que esta empresa pueda ayudar a los mejores de ellos.
—No se preocupe yo me encargo. ¿Necesita algo más? —James se levanta y rodea su escritorio hasta quedar frente a mi. Se apoya en el mismo y me dedica la mirada más seductora que le había visto.
—Dos cosas... —trago —. La primera, ¿Podrías llamarme por mi nombre? Todos lo hacen, excepto tú. ¿Acaso no te agrado? —el tono tranquilo y seductor de su voz me hace poner nerviosa.
—No es eso, pero en horarios laborales me siento más cómoda manteniendo la formalidad señor Adams —eso y que si le tomo confianza, no podría confiar al cien por ciento en lo que sería capaz de hacerle.
—Entiendo, pero casi no te veo fuera de este horario —pasa la mano su castaño cabello acomodándolo —. Nunca vas a las fiestas tampoco, y si lo haces te retiras casi de inmediato.
Bueno, no es fácil seguir ahí viendo como sale siempre con alguna nueva y voluptuosa modelo del brazo.
—¿Cuál es la segunda?—lo interrumpo antes de que prosiga.
—Que le pidas a Lauren que me avise cuando llegue el señor Giovanni... Nada más.
Me levanto de prisa y por escasos segundos nuestros rostros quedan frente a frente. Me alejo camino a la puerta, y cuando voy a salir le escucho decirme una última cosa.
—Esperaré con ansias verla en la fiesta del viernes señorita Williams.
Salgo hecha un manojo de nervios, si no fuera por que Lauren me observa en ese mismo instante soltaría todo el aire que llevó atrapado en los pulmones.
Antes de regresar al ascensor le comento a la secretaria la petición de de James.
Cuando voy a llamar al elevador este se abre dejando ante mi una mirada seductora.
El hombre que está dentro lleva un saco bordo con una camisa blanca y un pantalón algo ajustado casi del mismo color del saco. Sale despacio y me observa de arriba a abajo con muy poco disimulo. Se detiene a unos pasos de mi, sus manos permanecen de manera relajada en los bolsillos delanteros de su pantalón.
—Ciao Bella, ¿me dirías donde está la oficina de James? —le apunto sin decir nada, el lugar por el que pregunta. Una sonrisa de autosuficiencia florece en su rostro —. Grazie bella, me alegra que lo primero que me recibe en este lugar sea un rostro tan hermoso como el tuyo.
Su acento me hace darme cuenta de quién se trata. El señor Giovanni, del que me había hablado Darla. Realmente era un hombre muy guapo, pero también le faltaba un poco de respeto por el espacio de los demás.
—No hay de que.
Entro al ascensor, y evito su mirada. ¿Quién se cree para hablarme así? Él continua viéndome un poco mas, para luego voltear e ir directo a la oficina de mi jefe. Es un hombre demasiado confianzudo.
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