Tarde unos minutos en reaccionar, y lo hice solo porque el esposo de Gretchen me sujeto antes de caer. —¿TÚ SABIAS LO QUE ESTABA PASANDO? —grite dirigiendome a mi padre. Él no me respondió, solo me mantuvo una mirada altiva y estoica. Yo por el contrario, me sentía tan traicionado, no solo por Jerrica y Lenin, sino también por él porque parecía saber más de lo que callaba. — ¡CONTESTAME! Y NO QUIERO QUE ME MIENTAS —exigí exasperado dando gritos a todo pulmón sin importarme que todo mundo estuviera alrededor de nosotros, observandonos, e incluso, grabando la escena con sus telefonos. —No es el lugar, ni el momento, Dominico— fue lo único que salió de su boca en un tono grave y autoritario. Luego de sus breves palabras me dió la espalda, tomo la mano de mi mamá y ambos salieron de la

