La realidad oculta tras las puertas cerradas: el mafioso temido que no tolera la traición. La fachada corporativa de Moretti Holdings, con sus torres de cristal brillante en Wall Street y sus obras de caridad publicadas en las revistas de negocios, no era más que la piel exterior de un organismo vivo y letal que operaba en las catacumbas del inframundo internacional. Tras las puertas cerradas de mis despachos subterráneos en el Bajo Manhattan, lejos de los objetivos de la prensa financiera y de las auditorías fiscales de la SEC, se revelaba la verdadera naturaleza de mi existencia: la de un capo implacable que gobernaba un imperio de sangre, contrabando y lealtades de sangre. Esa realidad oculta no se basaba en la ostentación barata de las películas de gánsteres de barrio, sino en una fr

