La segunda góndola subió y Adelaide iba arreglándose el vestido, por eso amaba las rajaduras en las piernas y es que Alejandro supo usarla muy bien, los de seguridad solo se les quedaron viendo con unas sonrisas morbosas y no desaprovecharon la oportunidad de verla de una forma morbosa, él no hizo nada y solo se mordió los labios pues no tenían que causar problemas antes de tiempo. – ¿Que le paso a tu labial? – preguntó Zoe cuando se encontraron de nuevo, Adelaide andaba un tono rosa. – ¿Labial? ¿Qué labial? – se hizo la tonta mientras iba por una copa de champaña. – Lo tiene Alejandro regado en toda la boca. – dijo Liam viendo como la fina escarcha brillaba con las luces del lugar. – No tengo idea de lo que hablas. – tomo un vaso de ron que el mesero llevaba. – Hazte el tonto, pero n

