Zoe armó a su equipo como si la misión fuese con una de las células terroristas más peligrosas del mundo, no estaba de más ser precavidos y justo cuando la luna iba tomando protagonismo en el cielo, las tres camionetas todo terreno salieron de la casa con ellos adentro, Simon era el conductor de una de las camionetas y Zoe iba a su lado, Liam y Valiera iban atrás pues ellos serían quienes entrarían a la abadía, a mitad del camino los faros de los autos se apagaron y los conductores iban viendo el camino con visores nocturnos pues quería usar el elemento sorpresa como si el hecho de que todos utilizaran sus máscaras modificadas no fuese suficiente.
– Eco y Delta a sus posiciones... – usaban nombres según la primera letra de su nombre, pero en caso de Adrien era la segunda – Óscar a la montaña con los drones infrarrojos, noviembre en el auto con las comunicaciones y por favor cuida de no dispararte en la pierna de nuevo, Vulture conmigo. – cargo el rifle viendo como sus amigos corrían hacia el otro lado de la abadía.
– Sierra y Lima listos. – todo el lugar estaba en silencio.
– Alpha, ábrenos las puertas de tierra santa. – se rio al ver al hombre cargar una bazuca.
– ¡Abracadabra, patas de cabra! – Alejandro disparó hacia las puertas de reja y la explosión fue monumental.
– Zulú, en posición. – Óscar encendió los drones y los puso a volar sobre la abadía.
– ¡Muevan las patas! – todos obedecieron y entraron aun con el humo impidiendo la visión.
Adentro las monjas comenzaron a correr asustadas por no saber lo que estaba pasando, cuando una de ellas se topó de frente con dos figuras altas en el pasillo y alcanzo a distinguir entre la oscuridad que una de aquellas figuras llevaba cuernos en la cabeza piernas le sobraron para darse la vuelta y correr por sobre sus pasos, Sierra impidió que Lima disparara pues ese no era su trabajo, al final fue decisión de la jefa dejarlas con vida siempre y cuando permanecieran dentro de la abadía, a la que quisiera escapar Alpha se encargaría de hacerla regresar con fuego de persuasión.
En el cuarto, Emely sacó su mochila cuando escuchó los primeros disparos, lo supo porque la abadesa solía cazar y sabía que algo estaba pasando, algo muy malo de lo que ella necesitaba escapar porque si no, no la iba a contar; las velas del pasillo estaban encendidas, pero eso no la libró de dar un gran grito cuando se encontró con su madre de frente y es que la mujer había corrido a buscarla.
– ¿Qué está pasando? – preguntó Emely.
– Tu padre ha mandado a hombres para que te maten ¿Ese es el hombre del que querías conocer? – Carolina la tomó del brazo para arrastrarla.
– ¡Me vas lastimando! – chillo pues la mujer le clavó las uñas en el brazo.
– ¡Cállate! – Carolina se dio la vuelta y le metió una bofetada – No dejare que vayas con ese hombre, tu no vas a salir de estas montañas. – del bolsillo de su vestido sacó un arma.
Antes que pudiera apuntarle a Emely la mujer fue lanzada hacia la pared en medio de un chispazo de sangre pues una bala había impactado en su hombro, Emely se dio la vuelta y vio a los dos enmascarados que iban a buscarla, una figura con cuernos fue suficiente para que la pobre inocente saliera corriendo como si fuese una pequeña liebre siendo perseguida por perros de cacería, los hombres dejaron a Carolina tirada en el suelo, solo se llevaron su arma y fueron corriendo por el pasillo donde se fue Emely.
– Alpha, la niña anda por los pasillos, cuidado al disparar. – Sierra lo advirtió.
– No tardará en intentar salir por su lugar seguro. – dijo Eco esperando ansioso junto a su compañero.
Lo que no estuvo en sus planes fue la determinación que Carolina tenía para no permitir que su hija abandonara la abadía, se levantó y fue a buscarla sabiendo perfectamente el escondite al que Emely iría al final de ese pasillo, al encontrarla le cubrió la boca y salieron del lugar por una de las ventanas del segundo piso, la pobre Emely casi se rompe la espalda al caer de costalazo sobre el suelo de tierra.
– ¡Levántate! – su madre la jalo por el cabello aún enfundado en la mantellina.
– ¿Dónde me llevas? – asustada y adolorida comenzó a llorar.
– Te sacare de aquí... – la llevo hacia el muro donde a tientas buscó una piedra – ¡Deja de llorar! – se la cacheteo de nuevo.
– ¡No iré contigo! – vio como las rocas se movían mostrando una puerta oculta.
– No te llevaré a ningún lugar... – la tomó del brazo y la empujo contra la pared – ¡Tu padre me engañó con otra mujer cuando tú tenías tres años, me lastimo mucho y yo pensé en lastimarlo de la misma manera! – sacó un cuchillo que había tomado de la cocina.
– ¡Mamá! – Emely gritó asustada.
– ¡Que nos matan la mercancía! – grito Oleg que estaba viendo la escena desde el cielo.
– ¿Dónde están? – preguntó Liam.
– En la pared opuesta de Eco. – vio como la mujer acercaba más el cuchillo a la chica.
– ¡No me llames de esa forma! – le gritó – ¡Yo nunca quise tener hijos, pero por idiota deje que tu padre me embarazara y al final el maldito me traiciono! – apenas alcanzaba a ver el rostro de su hija aterrorizada – ¡Ha pasado doce años privado de su amada hija y ahora pasará la vida entera sufriendo tu muerte, esto será un ojo por ojo después de que me engañara con aquella mujer! – tras sus palabras Emely cerró los ojos por el chispazo húmedo que la roció.
Su madre cayó de rodillas al suelo con su rostro lleno de sangre y se desplomó hacia un lado, al levantar la cabeza vio a un hombre con un pasamontaña en el rostro con una calavera pintada y él bajó su arma mientras que a su espalda se asomaba la figura con cuernos, Emely no se la pensó mucho para deslizarse por el muro y salir corriendo por aquella puerta secreta.
– ¡Oscar, síguela! – ordenó Sierra.
– Zulú, la presa escapó, Alpha atento que puede llegar al camino. – Lima largó un suspiro pesado.
– Vamos para arriba, el resto de las monjas las hemos dejado encerradas en el sótano y la abadesa está muerta. – se escuchó la voz de Valeria.
– ¡Mierda, se está alejando del camino y perderé la señal del dron! – Oleg tuvo que bajar de la montaña corriendo.
– Se supone que no había más salidas. – Eco y Delta volvieron al frente también.
– No teníamos posibilidades de investigar bien esto... – Zoe volvió al frente – Noviembre, retrocede, Eco y Delta se llevan las camionetas al borde del acantilado, el resto la seguimos por tierra. – los vio asentir.
Zoe era la única que no utilizaba visores nocturnos como el resto y era la única cuyos iris brillaban en la oscuridad, eso gracias a ciertas modificaciones que su cuerpo sufrió de forma involuntaria, pero tenían una gran ventaja y sobre todo cuando era de noche porque tenía una ventaja inigualable. Emely por otra parte iba corriendo a ciegas entre la poca luz de luna que se colaba entre los árboles, veía tan poco que incluso fue a estamparse contra un árbol, pero el instinto de supervivencia la hizo levantarse de inmediato para seguir corriendo porque no podía permanecer dentro de esos bosques por mucho tiempo debido a los animales salvajes que merodeaban ahí, su mayor miedo eran las manadas de lobos.
– ¡NO! – gruño Oleg deteniéndose en seco – Perdí el dron, alguna rama alta que no vi lo debió haber derribado o la señal ya no dio más. – mostro la pantalla donde iba vigilando a Emely.
– ¿Cómo es que una pinche monja desnutrida puede correr tanto? – Alejandro iba tan cansado como los demás porque el terreno no era fácil.
– El miedo te puede llevar a hacer actos sorprendentes. – Zoe se quedó observando hacia el frente.
– Las nubes están cubriendo la luna, pronto será imposible que vea más allá de su nariz. – dijo Valeria.
– Quítense las máscaras y enciendan las linternas, vamos a tener que demostrarle que no somos una amenaza si queremos que se entregue. – dijo Zoe sacándose la suya primero, la máscara de un cuervo.
– Podríamos usar la frente de Alejandro como reflector, apuntamos todas las linternas hacia él y parecerá que es de día. – la sugerencia de Efraín hizo que algunos se rieran, él y Adrien se unieron al grupo una vez dejaron los autos en la parte que Zoe les dijo.
– ¡Te mamaste cabrón! – Alejando le dio un puñetazo en el brazo disgustado por la sugerencia.
– ¡Guarden silencio! – ordenó Zoe – No está muy lejos de nosotros, veinte o treinta metros por delante, está muy cansada y respira con dificultad. – otra de sus modificaciones era un amplificador de sonido incrustado en su cráneo por detrás de una de sus orejas.
– Hay que separarnos y comenzar a peinar la zona. – sugirió Simon.
– Y que sea rápido porque detrás vienen lobos. – Zoe alcanzaba a escuchar cosas que cualquier humano promedio no.
– Dejen diez metros de distancia entre nosotros, vigilen cada espacio que encuentren. – ordenó Simon mientras dejaban a Zoe en medio porque era ella quien los podía guiar.
Simon usualmente se tomaba las atribuciones de mandar porque Zoe se lo permitía sobre todo cuando ella estaba concentrada en encontrar lo que buscaban, así que se separaron diez metros y comenzaron a peinar la zona con las armas abajo porque no querían cometer un error, a todas esas Emely había tenido que sentarse porque sentía que en cualquier momento iba a dejar de respirar, había corrido tanto que las piernas le estaban ardiendo así como la espalda por el sudor que bajaba por sus heridas, respiraba con agitación, parecía que era una joven asmática, pero realmente era solo por el cansancio y luchando por recobrar el aliento se quedó más de lo debido.
– Cuando hago rastreo me siento como un perro. – dijo en un susurro Efraín.
– ¡Guau, guau! – Adrien le respondió con un ladrido, pero después se escuchó un quejido.
– ¿Delta? – Zoe lo llamo – Delta responde... – dejo de escuchar a Emely – Reagrúpense a su posición. – dijo mientras apagaba el amplificador porque le estaba doliendo el oído con tanto ruido.
– ¡Delta está en el suelo! – Liam se preocupó mucho porque fue el primero en verlo.
– Parece que tiene una contusión en la cabeza. – Valeria le dio la vuelta mientras le revisaba.
– Vaya putazo que le metió... – Alejandro recogió un tronco – Enana, desnutrida, asustada, inteligente y tan valiente como para acercarse a atacar. – volteo hacia todos lados.
– ¡Emely, venimos en nombre de tu padre! – grito Zoe viendo hacia todos lados, sus ojos no traspasaban troncos ni rocas – Nuestras intenciones no son hacerte daño, todo hubiese sido más fácil si la abadesa te entregaba, pero no pasó, sal y ahórranos problemas. – esperaba que no hiciera nada tonto.
– ¿Ya pasó el temblor? – Adrien recobro la conciencia.
– ¡Mataron a mi madre! – respondió Emely de algún lado del profundo bosque.
– Ese fui yo, aparece y lo vamos a arreglar... – dijo Simon sin quitarse los visores nocturnos, pero eso no lo salvó de la pedrada que recibió en la pierna – ¡Mocosa de mierda! – gruño con enojo.
– ¡Güerita, sal que no te vamos a lastimar! – Alejandro recibió una pedrada en la espalda – ¡Puta madre, que puntería tiene! – se sobo la espalda.
– Mi propia madre casi me apuñala, uno de ustedes la mato ¿Como puedo confiar en ustedes? Me quieren muerta, si no fuera así no vinieran con armas. – Emely aprovechaba cada rayo de luna para lanzar las piedras.
– Ven conmigo niña, te juro que no te vamos a hacer nada. – Zoe también recibió una pedrada.
– ¡Váyanse al demonio! – Emely se arrastró por el suelo tratando de alejarse mucho más.
– ¡Mi chula! ¿Qué boquita es esa? – Alejandro dio un tiro al aire pensando en asustarla.
– ¡Niña! – Simon la llamó – ¡Este bosque no es para andar vagando sola, sigues avanzando sin saber hacia dónde, podrás caer en un barranco o terminaras comida por lobos! – el hombre alcanzó a verla.
– ¡Mataste a mi madre! – le repitió nuevamente.
– ¡Ven y enfréntame! – Simon entregó su arma.
– ¿A que está jugando? – preguntó Liam que fue detenido por Zoe para que no interviniera
– La está llevando al límite en una nueva experiencia de emociones, el enojo, bajo ese sentimiento se cometen muchos errores. – Zoe se alejó esquivando otra roca.
– Nos va a salir rompiendo la cabeza a todos si sigue así. – Valeria ayudó a Adrien a ponerse en pie.
– Ya no se está escondiendo y viene directo a los brazos de Simon. – Liam la vio salir de donde se estaba escondiendo.
– Me has quitado a la mujer que me dio la vida y que me cuido, me has dejado sin nada. – la luz de luna les permitió verse.
– Tienes un padre que nos está pagando una fortuna por llevarte con él, no eres completamente huérfana. – apenas alcanzó a esquivar el garrotazo que Emely quería darle.
– ¡Que huevos tiene! – Alejandro se rio al ver como aquella jovencita intentaba pegarle a su amigo.
– ¡Ya basta! – Simon agarró el palo y de un jalón se lo quito, pero Emely se tropezó y cayó al suelo golpeándose la frente contra un tronco – Lo siento, no era mi intención que te lastimaras. – la tomó del brazo para levantarla.
– Me quedara un chichón, todo por su culpa. – le pegó en el pecho después de que él la levantara.
– Lo siento... – Simon la arrastró hacia donde pudiera recibir luz – Por lo menos no tienes sangre. – volvió a ver a Zoe quien no parecía molesta por haberla golpeado.
– Hay que movernos antes de que los lobos nos comiencen a acorralar y que el frío le dé una hipotermia. – se distrajeron un segundo y Emely se les fue corriendo.
– ¿Que estas esperando? Eres el más rápido de todos nosotros. – dijo Zoe y Simon dio un gruñido antes de correr tras Emely.
Emely llegó a la calle principal entre tropezones y algunos deslizones por la tierra suelta, pero llegó libre de aquellos desconocidos que parecían ser buenas personas, amables y preocupados por ella, pero ahora que había escapado de la abadía no quería volver a estar prisionera de nadie más y ellos querían llevarla con un padre que no conocía; se agacho cuando vio luz dentro de una de las camionetas estacionadas, al ver que el chico de adentro estaba distraído volvió a correr, pero alguien salió del costado de una camioneta y la pesco en sus brazos, por más pataleta que hizo no se pudo liberar de ese agarre hasta que fue llevada a una de las camionetas y fue lanzada hacia adentro. Las puertas tenían un mecanismo de cierre automático que se podía hacer por fuera así que Simon la encerró mientras esperaban a que el resto llegara y no tardaron mucho, Zoe vio a Emely intentar abrir la puerta y se quedó quieta cuando los vio a ellos.
– Nos intentas lastimar y te ira muy mal. – dijo Liam cuando subió al lado del piloto.
– No creo que tenga más piedras que lanzarnos. – Simon subió atrás, con ella.
– Déjenla tranquila, ha pasado muchas cosas y esta asustada. – Zoe iba en el lado del copiloto.
– ¿Que van a hacerme? – pregunto mientras se quitaba la mochila con un ardor terrible en la espalda.
– Llevarte a la cabaña del cuervo donde vas a estar hasta que tu padre nos de noticias de ti, de donde llevarte y como entregarte, el pago y cosas técnicas que no te interesan. – la respuesta se la dio Zoe.
– Mira el lado bueno, ya no te estarán torturando en esa abadía. – Liam la vio por el espejo retrovisor.
– Vinieron a este lugar solo porque les pagaron, de lo contrario nunca hubiesen sabido nada. – fijo su mirada en la ventanilla.
– No sabíamos de la existencia de este lugar y de haberlo sabido hace mucho hubiésemos acabado con ellas, no somos personas que aceptamos los crímenes y menos de mujeres que venden a otras. – Zoe dejó escapar un suspiro pesado.
– ¿Que dice? – volteo a ver al enmascarado a su lado, seguía estando demasiado oscuro para reconocerlo.
– Tal como lo escuchas, los padres de la abadesa se volvieron ricos por tener un orfanato y vender a las niñas que les entregaban, llevaban años haciéndolo, los abuelos de la abadesa comenzaron a trabajar para un hombre llamado Enzo Marino y continuaron aun cuando él murió. – explicó Zoe.
– Pero la abadesa no tenía un orfanato. – se quiso recostar, pero el dolor fue agudo.
– No, pero se había gastado toda su herencia y planeaba usarte a ti para recuperarla... – hablo Simon – Pagarían mucho por una inocente joven virgen que no sabe más que ser ama de casa. – sus palabras la ofendieron.
– Valgo más que apestosos euros o dólares y no soy tan inocente. – abrazo más su mochila.
– Aunque quieres hacerte la ruda con nosotros es más que obvio que solo eres una niña. – dijo Liam viéndola por el retrovisor.
Los autos bajaron por aquel sendero directo a la enorme casona de lujo que estaba a las faldas de la montaña, Emely iba nerviosa porque no estaba muy segura de lo que iba a pasarle en esos momentos porque eran demasiados hombres, en su vida había visto a tantos y eran curiosamente muy diferentes entre ellos, lo veía curioso porque la abadesa siempre le había dicho que todos los hombres eran iguales, panzones, barbones, enanos y sobre todos feos con peste a chiquero, pero dentro del auto olía muy peculiar, un olor que le gustó mucho, Liam no era para nada feo y no tenía barba, tampoco estaba panzón.
– Güerita... – Alejandro abrió la puerta de su lado – Acaba de llegar a su nuevo hogar, por favor, baje. – extendió la mano hacia ella.
– ¿Qué es eso? ¿Qué es güerita? – no le tomo la mano, solo bajo por su cuenta.
– Así se le dice a una mujer que tiene la piel clara al igual que su cabello, yo provengo de México y ahí tenemos una jerga muy diferente. – cerró la puerta y le tomo la mochila.
– ¿Dónde queda México? – comenzó a caminar al ver que no había forma de escapar.
– Queda al otro lado del mundo, en el continente americano y es una cultura muy hermosa, llena de tradiciones, una gastronomía deliciosa y un sin fin de lugares mágicos. – se emocionó mientras le iba contando.
– ¿Que comen? – volvió a preguntó mucho más intrigada.
– Tacos, burritos, bolillos, salsas... – Alejandro se rio porque parecía que le estaba explicando a una niña de tres años – Quizás en algún momento te prepare un platillo típico de mi país, unos tamales de pollo. – le dio una palmada en la espalda y Emely gritó.
– ¡Si eres tosco! – Valeria lo regaño.
– Es que no le pegue duro... – se vio la palma de la mano, estaba manchada de sangre – ¡Jefa, tenemos problemas! – le mostró su descubrimiento.
– Efraín, ve por el botiquín... – Zoe se acercó a Emely – Ven conmigo, te revisare la espalda y te quedarás solo con sostén. – la tomó del brazo y se la llevó a la cocina.
– No es nada malo, cuando me reprenden a veces me rompen la espalda y mañana dejará de estar sangrando. – los vio con mucho más nerviosismo.
– Quizás para ti no sea nada malo y ya estés acostumbrada, pero yo quiero estar tranquila y saber que ninguna herida es tan seria como para necesitar puntos... – Zoe le bajó el cierre del vestido y se dio la vuelta para tomar unos guantes – Bájate la blusa y limpiare tu espalda, debes estar sintiendo ardor con todo lo que has sudado. – esa petición fue bastante directa.
Emely no sabía cómo reaccionar a esa petición y como Zoe había estado siendo tan amable decidió obedecerle pensando que era lo mejor para no hacerla enojar, bajo la blusa de su vestido y saco los brazos de sus mangas, pero el pequeño gran detalle es que ella no conocía lo que era un sostén, jamás había usado y cuando se bajó la parte superior del vestido sus pechos quedaron al aire.
– Jefa, no creo que fuera buena idea decirle que se bajara el vestido. – Liam se le quedo.
– ¡Carajo! – exclamó al darse la vuelta.
– Ponte esto para cubrirte el pecho. – Simon se había quitado la gruesa chaqueta que usaba y se la dio.
– ¿Qué hice mal? – preguntó realmente confundida por la reacción de todos.
– Nada, no has hecho nada malo... – Zoe no la iba a culpar ni a hacerla sentir mal – ¿Nunca has usado un sostén? – preguntó indicándole a Simon que la subiera a la isla.
– ¿Qué es eso? – se sobresaltó cuando él la levantó.
– Un sostén es una prenda interior que sostiene tus senos, valga la redundancia. – tomó la botella con agua oxigenada.
– Yo uso camisillas cuando tengo que ir a la capilla a rezar, no sabía que ese era el sostén. – Emely dio un salto ante el primer algodón que pasó en un corte.
– ¿Se ve cómo esto? – Valeria se levantó la camisa dejando ver un sostén de encaje en color azul y Emely negó con la cabeza – Entonces eso no es un sostén, pero no te preocupes porque podemos encontrar uno que te quede bien y aprenderás a usarlos, creo que deveras aprender muchas cosas. – la rubia estaba viendo fijamente la aspiradora automática que andaba haciendo su trabajo.
– ¿Para qué usan eso? – jadeo por el dolor.
– Es por si te quedas sin camisa tus amigas no queden al aire como acaba de pasar... – Zoe continuó su labor – No son hombres que vayan a hacerte daño, podrías desnudarte completamente frente a todos ellos en un cuarto cerrado y serían incapaces de forzarte en algún sentido, pero hay otros hombres que no son tan buenas personas, ellos podrían intentar tumbarte al suelo y obligarte a abrir las piernas, obligarte a hacer cosas que tu no quieres y que te hacen sentir incómoda. – puso una pomada en los cortes y paso a cubrirlos con gasa.
– ¿Para qué querrían abrirme las piernas? – vio como todos se veían entre sí, fue como si hubiese dicho algo sobrenatural.
– ¿Cuánto tiempo has pasado en ese lugar? – preguntó Nur que era tan joven como ella, pero no tan ingenuo.
– Tenía cuatro años cuando mi madre las encontró y comenzamos a vivir con ellas. – se sacudió cuando Zoe tocó la parte baja de su espalda.
– Un hombre malo buscaría abrir tus piernas para meter su hombría dentro de ti, por las malas usaría tu cuerpo para satisfacerse. – la explicación de Liam fue un poco más directa.
– Pensé que eso era hacer el amor. – comenzó a sentirse confundida porque las ideas de ellos no concordaban con las ideas que Aegir le dijo en su momento.
– Si tú lo quieres hacer con un hombre eso sería algo pasional, delicado y hasta delicioso, pero en ningún momento deberías sentirte incómoda, no deberías sentirte extraña, ni deberías dudar de lo que harás, si te sientes así entonces ahí las cosas no son. – Valeria sirvió leche en un vaso.
– Aegir me mostró un video, dijo que eso era hacer el amor y que las personas que se quieren deben hacerlo, él quería hacerlo conmigo porque dijo que me quería mucho, pero no me sentí segura a su lado, quizás no conozca del mundo exterior, pero se lo que es el miedo y la desconfianza. – abrazo la prenda que tenía entre las manos mientras repasaba lo que estaba pasando en esos momentos.
– Nuestra llegada un poco más tarde y hubieras experimentado la pérdida de tu virtud. – comento Efraín.
– ¿Eso es malo? – volteo a ver a Zoe que se estaba quitando los guantes.
– No es malo si tú lo deseas... – guardó todas las cosas en el botiquín – Tu padre lleva años buscándote, tu madre te secuestro de su lado y quiere recuperarte porque eres muy importante para él, nuestro trabajo era recuperarte y llevarte a su lado. – Zoe vio a Emely bajar de la isla.
– ¿Eso incluía matar a mi madre? – Emely vio al enmascarado – Pensé que era una buena persona. – subió la blusa del vestido.
– Soy mejor persona que las que te hicieron lo que tienes en la espalda, mi trabajo era llegar a ti, atraparte y matar a quien se interpusiera en mi camino, no soy una niñera ni mucho menos amable por más que mi jefa quiera pintarme de forma diferente. – se cruzó de brazos.
– Simon, a mi oficina, Valeria llévala a su cuarto y conseguiremos ropa para Emely. – Zoe sonrió disimulando su molestia.
– ¡Puta madre, ahora me toca bronca! – rodó los ojos y se fue de la cocina.
– Sígueme, te llevare a tu cuarto. – Valeria le dio el vaso con leche que se había servido.
Emely la siguió sin decir nada, la mujer fue tan amable que incluso le agarro la mochila y la llevó por unas gradas a la segunda planta de la casa, era un cuarto muy grande y lleno de decoraciones que le llamaron la atención por los colores, los muebles de madera fina eran bonitos, el olor de menta fresca era relajante y solo vio a Valeria salir del cuarto dejándola completamente sola en aquel enorme espacio, camino hacia el espejo de cuerpo completo y se dio cuenta que seguía con la chaqueta de Simon entre sus brazos así que la apartó de su cuerpo viendo su reflejo. Creció entre monjas y nunca vio mal que ellas se desnudaran frente a ella, tampoco sabía que no tenía que hacerlo frente a los hombres, solo sabía que eran malos, que eran feos, pero nunca tuvo un porqué de todos aquellos dichos.