10 Quedó con Emma en un parque forestal a unos tres kilómetros del pueblo. Ella había elegido el sitio considerando que allí era menos probable que los vieran, de forma que podían ocuparse de sus asuntos sin que lo supiera Ted. Mientras la esperaba, a Slim le acosaba la sensación de que eran una pareja de amantes en secreto y la soledad que iba con él a todas partes disfrutó de la analogía mucho más de lo que creía apropiado. Cuando se acercó Emma, caminando enérgicamente y con la cabeza baja, Slim metió sus manos en los más hondo de los bolsillos de su abrigo, no fuera que pudieran traicionarlo de alguna manera. Emma fue al grano. —Han pasado casi dos meses —dijo—. ¿Tiene ya algo que decirme? Ni siquiera un saludo formal. Y el analista que habitaba en Slim hubiera querido contestar qu

