PRÓLOGO

482 Words
Hay mujeres que “mueren” sin que nadie lo note. Siguen caminando, cocinando, cuidando, aguantando, ríen en fotos, responden mensajes y van a reuniones escolares. Visten su cuerpo cada mañana como si aún les perteneciera, como si todavía recordaran lo que eran antes de dejar de ser porque eso es lo más devastador: "la pérdida de una misma". No con violencia evidente, sino con el desgaste lento de los años, de las promesas rotas y el desprecio cotidiano. La violencia emocional no deja cicatrices visibles, pero se cuela en la sangre, en la forma de respirar, en el modo de amar a los hijos y hasta en la manera en que una mujer se mira al espejo. Un día simplemente se da cuenta de que ya no se reconoce, que se ha vuelto invisible para quien duerme junto a ella, que su voz no pesa, que su dolor no interrumpe nada... y tristemente se queda… Porque tiene miedo, porque así la criaron, porque “por los hijos”, porque irse parece más escandaloso que seguir sufriendo, porque cuando el amor se convierte en deuda, el silencio parece una forma de pago. Pero entonces pasa algo, a veces no es un gran acontecimiento. No es una escena de película, no hay fuegos artificiales ni promesas de futuro. Es solo una mirada, una presencia, una simple voz desconocida que no exige nada, que no compara, que no juzga... Alguien que no te ve como madre, como esposa o como víctima. Es alguien que por un breve momento, simplemente te ve y esa mirada sin intención de salvarte, sin saber tu historia, lo cambia completamente todo, porque remueve algo que estaba dormido, porque te recuerda que aún estás viva, que aún puedes desear, que no estás rota del todo y que tal vez, solo tal vez, podrías volver a ser tú. Eso no significa que todo mejore almenos, no de inmediato a veces, cuando se enciende una luz dentro del túnel, el miedo se vuelve más fuerte. Porque ya sabes que hay otra posibilidad y eso duele más que la resignación. El nuevo amor, la esperanza, la ternura… no llegan como bálsamo, sino como sacudida, como un terremoto interno, como una pregunta sin respuesta: “ ¿y si merezco más? ¿y si este no es el final? ¿y si todavía hay algo por lo que luchar que no sea solo sobrevivir?” Esta es una de esas historias. La historia de una mujer que se pensó acabada, rota, condenada a vivir sin voz Pero un día, en medio del fango, encontró una mirada que no pedía nada y con eso bastó para que todo empezara a moverse dentro de ella. No es una historia fácil, sin final feliz. No hay héroes. Solo una mujer que halló un amor que no buscaba y la posibilidad real de liberarse… o perderse por completo.
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