—Es... es fuerte. Las puntas... ¡me tocan en todas partes!— le dije, sintiendo una presión placentera y difusa. * Comenzó a moverlo. No con el ritmo de la cópula, sino con un movimiento más profundo y sinuoso, buscando los puntos clave. Salía y entraba, girándolo ligeramente. Las embestidas eran firmes, pero la sensación era la de un masaje intenso y concentrado. Lo que ella siente: Sentí un placer agudo y constante. Las protuberancias, lejos de ser dolorosas, estimulaban mi interior de una forma que la carne de él no podía. Mi cuerpo convulsionaba levemente con cada giro. Sentía que el placer no se concentraba solo en el clítoris, sino que se extendía a mi útero, haciéndome sentir una plenitud completa. * Él aceleró, sosteniendo el dildo firmemente, sus ojos fijos en mi rostro. La ve

