IV

1233 Words
Esa tarde, varios de los alumnos de la clase estaban relajándose en el salón común de los dormitorios. Cuatro chicas, Mina, Minamoto, Kaeru y Tomoe, se encontraban jugando cartas mientras otros dos chicos, Yami y Aku veían videos en una laptop. Nakamura y Hitsune estaban sentados en los sillones, repasando algunas materias. Mientras tanto, Bakudan estaba en su habitación, recostado en su cama. La luz del atardecer bañaba con su brillo dorado anaranjado las paredes. Estaba enojado por no haber podido demostrar que era superior a ese bastardo de dos colores. Quería enfrentarse a él, golpearlo con todas sus fuerzas, terminar la batalla que quedó inconclusa. Recordó el escaso segundo en el que sus rostros estaban tan cerca, cuando sus cuerpos se rozaron y sintió un extraño calor en la cara. Se imaginó girando el rostro para quedar frente a frente, casi tocándose... -¡NO! -gritó al darse cuenta lo que había comenzado a pensar. ¿Qué mierda? ¿Qué le estaba pasando? Tenía que dejar de pensar en el estúpido mitad y mitad de esa forma. Debía acabarlo. Se puso de pie rápidamente y bajó por las escaleras. Divisó el lugar donde su oponente estaba sentado junto a Nakamura y se acercó a paso fuerte. -Oye, bastardo -dijo Bakudan apareciendo frente a la vista de Hitsune- acompáñame. -¿Qué piensas hacer, Kenchan? -exclamó Ichiro poniéndose de pie. Al ser amigo de la infancia del rubio, desde siempre lo había llamado con ese diminutivo. -Ese no es tu asunto, maldito Mobu -le respondió el rubio con los dientes apretados. -No te preocupes, Nakamura -lo tranquilizó Hitsune al tiempo que se ponía de pie y ponía su mano sobre el hombro de su amigo. Ichiro apretó los labios pero asintió con la cabeza. Cuando por fin estuvieron afuera del edificio, Bakudan se dio vuelta y se enfrentó a Hikori. -Vamos a terminar la pelea que interrumpió Sakuyo. Te demostraré que soy mejor que tú. -No podemos usar nuestro poder fuera del horario establecido. Lo sabes. -¡CLARO QUE LO SÉ, NO SOY IMBÉCIL! -gritó Bakudan- pero no necesito de mi poder para derrotarte. Hitsune alzó una ceja, sin entender. Bakudan se dio media vuelta y se fue hacia los árboles. El rojiblanco dudó unos segundos, pero decidió seguirlo. Caminaron un par de minutos hasta llegar a un lugar donde el bosque tapaba la visión de la escuela y los dormitorios. Bakudan se detuvo y se dio media vuelta. Hitsune también dejó de caminar y ambos quedaron frente a frente, a dos metros de distancia. -Ya no puedes arrepentirte, idiota -dijo Bakudan. -No me vas a ganar -respondió Hitsune. Bakudan apretó los dientes y frunció el ceño. Entonces se acercó rápidamente a Hitsune para darle un puñetazo en la cara. El rojiblanco no logró reaccionar a tiempo y recibió el golpe de lleno, pero tomó el brazo de Bakudan y lo golpeó en el estómago. El rubio dio un paso hacia atrás para recuperar el aliento y volvió al ataque. Era rápido lanzando puñetazos y patadas, pero Hitsune también era rápido esquivando y respondiendo. A pesar de que claramente Bakudan atacaba con todo, Hikori no podía golpearlo con todas sus fuerzas, sentía que no estaba bien, que no era correcto y que no quería hacerle daño. -Vamos, hijo de puta, tienes más fuerza que esto -dijo Bakudan enojado cuando Hitsune cayó al suelo frente a él luego de darle una patada en el pecho- lo has demostrado en todas las misiones ¡NO TE CONTENGAS! Hitsune se puso de pie y fue a golpearlo con todas sus fuerzas, pero en el último segundo, disminuyó la potencia de su fuerza. Bakudan detuvo el golpe cruzando sus dos brazos frente a su rostro. -¡POR QUÉ TE CONTIENES, MALDITO BASTARDO! -gritó Kenji lanzándose sobre el rojiblanco, botándolo de espaldas, quedando con sus rodillas apoyadas junto a la cadera de Hitsune. Lo tomó del cuello de la camiseta con una mano y con la otra lo amenazó con el puño en alto -¡POR QUÉ TE CONTIENES! -No quiero hacerte daño -dijo Hitsune desafiándolo con la mirada. -¡¿CREES QUE UNA BASURA COMO TÚ ME HARÍA ALGO?! -le gritó Bakudan- ¿CREES QUE SOY MÁS DÉBIL QUE TÚ, IMBÉCIL? -CLARO QUE NO -gritó Hikori y al momento le dio un golpe en el pómulo tan fuerte que le rompió la piel, pero Bakudan no se inmutó y le devolvió el golpe- ¡¿Por qué me odias, Bakudan?! Esas palabras dejaron algo descolocado al rubio. -Qué te importa, tú solo pelea. -Me importa, Bakudan -respondió Hitsune frunciendo el ceño- me importa porque tú me gustas. Y, sin esperar una respuesta por parte del otro, el rojiblanco tomó el cuello de la camiseta del rubio con ambas manos, se incorporó un poco hasta acercarse lo suficiente para juntar sus labios. Bakudan abrió mucho los ojos. Por un segundo pensó golpearlo, empujarlo, gritarle... pero no hizo nada de eso. -De verdad me gustas -dijo Hitsune luego de separarse de los labios del otro y apoyar la cabeza en el suelo. -Cállate, imbécil -respondió Bakudan colocando sus manos a los costados de la cabeza de Hitsune y acercándose para volver a sentir esos labios. Al ver que el rubio no lo había matado y que, además, estaba aceptando ese beso, Hitsune se atrevió a abrir la boca y cuál fue su sorpresa cuando Bakudan hizo lo mismo, profundizando el beso. Sus corazones y respiraciones se aceleraron. Hikori soltó una mano de la camiseta del rubio para acariciarle una mejilla. No quería que ese momento terminara, se sentía tan bien, no solo en la boca, sino que en todo su cuerpo nuevas sensaciones placenteras salían a la luz. Bakudan también estaba perdido en sus sensaciones, la suavidad de los labios de su compañero, la ternura y desesperación con la que le acariciaba la mejilla. No podía negar que todo eso le gustaba. Le gustaba demasiado y eso hizo reaccionar a su cuerpo, sobre todo esa parte que se haya entre sus piernas. Si no se detenía ahora, no podría esconder las reacciones de su cuerpo. Bakudan terminó repentinamente el beso. Miró por unos segundos y de forma muy seria los ojos de Hitsune. Se incorporó, se puso de pie, dio media vuelta y, sin decir una palabra, se fue del lugar. -¿Bakudan? -lo llamó el rojiblanco, pero Kenji siguió su camino sin mirar atrás. Hitsune se sentó en el suelo, confundido. ¿Qué había sido todo eso? ¿Había pasado en realidad? Sacudió su cabeza y se puso de pie para volver a los dormitorios. Al entrar por la puerta, Nakamura se dirigió directamente a él. -¿Qué pasó, Hitsune-kun? ¡Bakudan también venía todo sucio y con heridas! Hitsune se miró las manos con los nudillos rotos y todas las partes de su  cuerpo que fueron golpeadas le comenzaron a doler. -Estoy bien, Nakamura, gracias. Solo... tuvimos que arreglar un asunto... pero ya está todo bien. Ahora quisiera darme una ducha y acostarme. Nakamura lo miró con duda, pero asintió con la cabeza y le dejó libre el paso para que pudiera subir a su habitación. Al estar frente a su puerta, tuvo un momento de duda. No sabía si entrar o ir a la habitación de Bakudan para preguntarle qué había sido todo eso. Qué había significado ese beso, si es que algo había significado. Pero escuchó que otros compañeros subían por el ascensor, así que decidió entrar a su cuarto y quedarse con la duda.
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