Pasado que no son fáciles de ignorar.

702 Words
Mientras caminaban hacia la cafetería, Caren bajó un poco la voz, como si temiera que las paredes escucharan. —Ya que los viste juntos, supongo que te diste cuenta de la cercanía entre Ricardo y Sofía —dijo con naturalidad. Malena asintió, sin saber muy bien por qué su pecho se tensó. —Ellos se conocen desde niños. Sus familias son socias empresariales desde hace años —continuó Caren—. Sofía está enamorada de Ricardo desde siempre… desde que eran prácticamente unos niños. —¿Y él? —preguntó Malena, intentando que su voz sonara indiferente. Caren soltó una pequeña risa irónica. —Él no la ve con esos ojos. Para Ricardo, Sofía es más como una hermana. Siempre lo ha sido. Pero ella nunca pudo aceptar eso. Malena la escuchaba con atención, cada palabra acomodándose como una pieza incómoda dentro de su mente. —Yo los conocía bien —añadió Caren—. Éramos muy cercanos, pero no pude con los celos de Sofía. Llegaron a ser… demasiado. Así que preferí alejarme. —¿Y ahora? —preguntó Malena. —A veces nos reunimos —respondió Caren con una sonrisa—. Ricardo, Federico —mi novio— y yo. Federico y Ricardo son muy buenos amigos. Eso sí… sin Sofía. Malena no pudo evitar sonreír. —Es insufrible —agregó Caren encogiéndose de hombros—. Y créeme, es mejor así. Ambas rieron, pero Malena sintió un ligero escalofrío. No era risa lo que la inquietaba, sino la certeza de que acababa de entrar, sin proponérselo, en una historia que llevaba años escribiéndose… y donde los celos ya habían dejado cicatrices. Por primera vez desde que llegó a Chicago, entendió que el amor no siempre aparece solo. A veces viene acompañado de pasados que no son fáciles de ignorar. …Por cierto —dijo Caren mientras salían del campus—, ¿de dónde eres? —De la República Dominicana —respondió Malena con una sonrisa suave. —¡Con razón! —exclamó Caren—. Tienes ese brillo cálido que no es de aquí. ¿Y dónde te estás quedando? —En un edificio cerca de la universidad, acabo de mudarme. —Perfecto —sonrió Caren—. Entonces necesito darte un tour por la ciudad. No puedes conocer Chicago solo entre clases. A Malena le pareció una idea reconfortante. Caminaron, hablaron, rieron un poco. La ciudad comenzó a mostrarse menos fría, más viva. Terminaron en un restaurante acogedor, de luces tenues y ambiente tranquilo. —Voy al baño y regreso —dijo Malena, levantándose. Caminó distraída, aún pensando en todo lo que Caren le había contado, cuando de pronto tropezó. El mundo pareció inclinarse… pero no cayó. Unos brazos firmes la sostuvieron con rapidez. El corazón de Malena se detuvo. Al alzar la mirada, se encontró con los ojos de Ricardo, tan cerca que podía sentir su respiración. El tiempo se congeló. No existía el restaurante, ni el ruido, ni nadie más. Solo esa mirada intensa, profunda, que la sostenía incluso más que sus manos. —Tranquila… te tengo —dijo él en voz baja. Malena se incorporó despacio, visiblemente nerviosa. —Lo siento… yo… —balbuceó. —¿Estás bien? —preguntó Ricardo, sin apartar del todo la mirada. —Sí, gracias —respondió ella, intentando recuperar el aliento. Él sonrió apenas, con un gesto entre divertido y sorprendido. —Eres la chica nueva del salón, ¿verdad? —dijo—. Nos vimos en el ascensor… luego en clases… y ahora aquí. Hizo una pausa y añadió con una leve sonrisa: —Tres de tres. Malena sintió cómo el calor le subía al rostro. —Parece que sí —respondió, sin saber por qué su voz sonaba distinta. Por un segundo más, se quedaron mirándose, conscientes de algo que ninguno se atrevía a nombrar todavía. Luego, Malena recordó a Caren esperándola y dio un paso atrás. —Bueno… gracias otra vez —dijo. —Cuando quieras —respondió él. Mientras se alejaba, Malena supo algo con absoluta claridad: ese no había sido un simple tropiezo. Había sido el primer verdadero impacto de un amor que empezaba a reclamar su lugar… y cuyo precio aún no conocía.
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