Reconstruyendo la noche.

450 Words
Reconstruyendo la noche Se sentaron en una cafetería tranquila, con una libreta entre las dos. —Cuéntame todo —pidió Caren—. Sin juzgarte. Sin saltarte nada. Malena respiró hondo. —Fui a esa salida porque parecía segura. Música suave, conocidos… Sofía no se me acercó. Eso es importante. —Lo es —confirmó Caren—. ¿Qué sentiste antes de empezar a sentirte mal? —Nada raro. Solo cansancio… y luego, de pronto, todo se volvió confuso. Como si el tiempo se me escapara de las manos. Caren anotó. —¿Quién estuvo contigo después? —Recuerdo a Andrés. Fue amable. Me ofreció ayuda. Dijo que necesitaba sentarme. Caren levantó la vista. —¿Andrés del Castillo? Malena asintió. —No recuerdo haber hecho nada indebido. No besos. No caricias. Solo… lagunas. Caren cerró la libreta despacio. —Malena, eso no es infidelidad. Eso es otra cosa. Y no fue tu culpa. Malena sintió un nudo en la garganta. —Ricardo no me creyó. —Porque alguien se encargó de que no pudiera hacerlo —respondió Caren—. Pero las mentiras dejan rastros. Siempre. ⸻ El testigo inesperado Esa misma tarde, Caren hizo una llamada. —¿Recuerdas a Mateo? —le dijo a Malena—. Estudia artes visuales. Trabajó como fotógrafo esa noche. Se encontraron con él en un pequeño estudio. —No sabía si debía decir algo —confesó Mateo—. Pero vi que Malena estaba mal. No estaba… consciente del todo. Malena sintió que el corazón se le aceleraba. —¿Tienes algo? —preguntó Caren. Mateo abrió su computadora. —No tomé fotos comprometedoras, pero… capté un momento desde lejos. Antes de que todo se descontrolara. En la pantalla apareció una imagen borrosa, pero clara en lo esencial: Malena sentada, la mirada perdida. Andrés inclinado hacia ella. Y, a unos metros, Sofía observando. No tocándola. No ayudándola. Mirando. —Ella sabía —susurró Malena—. Sabía que yo no estaba bien. —Y no hizo nada —añadió Caren—. Porque no le convenía. Malena cerró los ojos. Cuando los abrió, ya no había confusión. Había decisión. —Me voy a casa de mis padres —dijo—. Pero antes… Ricardo tiene que saber la verdad. Toda. Caren apretó su mano. —No vayas a suplicarle —dijo—. Ve a decirle quién eres. Y que decida con la verdad, no con mentiras. Malena asintió. Esa noche, guardó su ropa en la maleta. No era una huida. Era un acto de dignidad. Y mientras el avión la esperaba a pocos días de distancia, la verdad también se preparaba para aterrizar… justo donde más iba a doler.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD