El mensaje anónimo.

505 Words
Sofía provoca una escena pública El sábado por la tarde, Ricardo y Malena entraron de la mano a una pequeña galería de arte cerca del río. No buscaban llamar la atención. Simplemente estaban siendo ellos. Malena reía mientras observaba una pintura. —Me recuerda a casa —dijo. Ricardo la miró como si nada más existiera. —Chicago ya es tu casa —respondió—. Conmigo. No vieron a Sofía hasta que fue demasiado tarde. —Qué casualidad… —dijo ella, apareciendo a su lado—. Ustedes siempre tan… unidos. Malena sintió la tensión de inmediato. —Hola, Sofía —saludó con educación. Sofía sonrió, pero sus ojos eran fríos. —¿Sabes? —continuó—. Nunca pensé que Ricardo fuera tan… apasionado con alguien. Ricardo frunció el ceño. —No es el lugar ni el momento. —¿Ah, no? —replicó ella—. Entonces dime, Malena, ¿ya sabes todo lo que implica estar con él? Malena abrió la boca para responder, pero Ricardo se adelantó. —Basta, Sofía. La voz firme de Ricardo resonó en la sala. Varias personas miraron. Sofía sintió la humillación arderle en el pecho. —Disfruten su semana perfecta —dijo antes de irse—. No dura para siempre. Malena se quedó inquieta. —Ricardo… —susurró—. Ella me da miedo. Él la abrazó con fuerza. —Mientras estés conmigo, nadie te va a tocar. Pero ni él mismo sabía si esa promesa podía cumplirla. ⸻ El mensaje anónimo Esa misma noche, el teléfono de Malena vibró. Número desconocido. “¿De verdad crees que eres especial? No fuiste la primera… y no serás la última. Pregúntale por la cláusula.” Malena sintió un frío recorrerle la espalda. —Ricardo… —dijo, mostrándole el mensaje. Él se quedó pálido. —¿Qué cláusula? —preguntó ella, con la voz temblorosa. Ricardo tardó demasiado en responder. Ese silencio fue más doloroso que cualquier mentira. —Hay cosas que aún no te he contado… —admitió por fin. Malena tragó saliva. —Entonces no somos tan reales como pensé. Se levantó, alejándose unos pasos. —Necesito aire. ⸻ Ricardo pierde el control Ricardo salió tras ella. La encontró en el balcón, abrazándose a sí misma. —Malena… mírame. Ella lo hizo, con los ojos brillantes de lágrimas. —Me prometiste cuidado, Ricardo. No secretos. Él pasó una mano por su cabello, desesperado. —Te amo —dijo sin pensarlo. El silencio fue absoluto. Malena lo miró, impactada. —No digas eso si no estás dispuesto a luchar por mí. Ricardo la tomó del rostro. —Lo estoy. Aunque tenga que perderlo todo. La besó con una mezcla de urgencia y miedo. No fue solo deseo. Fue necesidad. Fue promesa. Desde la acera de enfrente, Sofía los vio abrazarse en el balcón, besarse como si el mundo se acabara. Apretó el celular con rabia. —Entonces eliges perderlo todo… —susurró—. Perfecto. Marcó un número. —Es hora de activar la cláusula.
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