Capítulo 7

838 Words
La máquina a la que se encuentra conectada Eveleen, disfraza un poco mi llanto, pero no mi desesperación Su mano está ligeramente pálida y helada, cuando la sostengo entre las mías. Le acarició lentamente, implorando que con ellos, o con tal vez un milagro mi hermana logre despertar, que me mire con aquellos esmeralda, que tanta paz generan en mi sistema. Observarle duele, duele mucho, y es que no sé todavía cómo incluso puede mantenerse con vida. Su brazo se encuentra vendado hasta el terminar de su codo. Su rostro pálido y su mejilla izquierda absolutamente hinchada, me recuerda a una bomba a punto de ser explotada y eso que no he hablado todavía de la gran herida que recorre lo que era su diminuta frente. Según testigos la culpa no pertenecía a nadie en concreto, y saber que eso puede ser cierto me pone los nervios de punta. Pues no veo razón lógica para que mi hermana decidiera cometer semejante atrocidad. Siempre ha sido una chica empática, reconoce el dolor al que nos sometería, al que realmente ahora nos somete. Lo peor de todo es que los médicos ven poco probable que llegue a tener recuerdos sobre lo sucedido, debíamos estar preparados por si ella no lograba recordar hasta las cosas más comunes en su propia vida, tal como lo eramos nosotros, su familia. El devastador tiempo puede arreglar todo o simplemente no arreglar absolutamente nada. El estrés me consume y mi cabeza lo sabe; La problemática con mi padre está terminando por quedar en segundo plano. Sí a pesar de que me duele en el alma darme cuenta de lo que significamos para él en su vida: Una jodida mierda. La puerta se abre en una velocidad impresionante, me es casi imposible no mantener mi cuerpo en alerta. Es una enfermera. Contengo el aliento, pero sus ojos luego me miran tranquilos, y un poco culpables al mismo tiempo. —Necesito aplicarle el siguiente suero, y prepararla para que se duche. Asiento tras un suspiro — Me informas a penas esté lista, para ducharla. ¿Tienes mi número? —Negó con la cabeza— Pues ahora lo tienes. — Arranqué un pedazo de hoja de la libreta que yacía en la mesita de noche. Y con un lapicero dibuje cada uno de los números que componían mi teléfono celular. Posteriormente se lo entregué a ella. —Tienes que recuperarte hermanita, por mamá, por mí...— Le susurré besando sus manos, antes de irme, y como si fuera alguna clase de hechizo la maquina, empezó a acelerar sus latidos. Pero no es nada malo, sé que están así ahora, porque me ha escuchado, porque sabe que estoy aquí — Sin poder evitarlo mis mejillas se llenan de lagrimas. Me despido antes de que me desborde en ellas y no pueda salir del lugar y me siento en una de las primeras sillas que veo. No puedo evitar sentir escalofríos, pues está helada como es de esperarse por el aire acondicionado que yace en el espacio. Si preguntan por mi madre, pues le diré que está en el cafetin tratando de ahogar todos sus lamentos y penas en una mera taza de café. Ella se culpa todo el tiempo por lo que sea que nos pase. Se castiga y auto exige mucho, no comprendo cómo puede seguir con mi padre, teniendo tal temperamento, no es sano lo que se hace, ni mucho menos lo que el provoca en nosotros. No entiendo hasta dónde debemos llegar para que mi madre finalmente terminé con todo esto; Necesita el divorcio, y dudar no es ni siquiera una posibilidad. Como deseo que deje de cuestionarse, que deje de ahogarse y ahogarnos en un vaso medio lleno. Sólo quiero verle feliz, vivir como una familia normal: En paz... No pude aguantar la pesadez del ambiente en aquel lugar, las expresiones de angustia, y el llanto en otras, que tal vez ya ni esperanzas le queden. Salgo por un poco de aire fresco, los automóviles se deslizan por la carretera una y otra vez, algunos apurados y otros solo existiendo. La brisa se apoderado poco a poco de mi cabello, levantándolo y enredándolo, por lo que me decido por un sencillo pero pequeño chongo. Lo que parece ser el sonido retumbante de unas cornetas con música, se notan próximas a mi persona, y por ende al centro médico donde yace mi hermana, intentando recuperarse. Intento seguir el ritmo, y sonrío un poco cuando lo siento vibrar en mi pecho. Camino despacio, pero seguro hasta llegar a una pequeña tasca o creo que así se le llaman: Una especie de establecimiento con mesas, muebles y hasta televisores adornando las paredes. Al menos unas 15 personas consumen en el lugar al escanearlo, en su mayoría hombres que parecen haber alcanzado los 40. No hay nadie de mi edad. Aunque me esfuerzo para escabullirme y no llamar la atención, parece que el solo intentarlo, hace que resulte todo lo contrario, noto muchas de las miradas clavadas en mi,
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD