Sara abrazó fuertemente a Raquel, que estaba a punto de abordar el autobús que la alejaría de aquel lugar donde era pesado vivir. El sol aún no salía y las dos chicas se mantenían abrazadas en la oscuridad. —¿En verdad tienes que irte? Preguntó Sara con demasiada tristeza mientras aún abrazaba a Raquel. —Sí. Es algo que he decidido y creo que será lo mejor. Sara se apartó ligeramente de Raquel. —Entiendo, aunque no entiendo por qué optaste en viajar en autobús, un avión es más rápido. —No te voy a mentir porque nunca lo he hecho. Aunque he decidido irme, aún quiero quedarme. A pesar de haber visto lo que vi y saber que él se casara, aún quisiera que viniera a mí y me dijera que me ama como yo lo amo. Irme es una cosa sumamente difícil y necesito pensar y prepararme antes de llegar a

