53

1814 Words

Facundo Sebas se sentó en mis piernas cuando volvió a mi cuarto con el botiquín entre las manos. Empezó a pasarme un algodón por la herida que tenía en el labio con algo que no olía a alcohol, pero que ardía igual o más. Me quejé un poco, pero él no dejó de darme toquecitos hasta un ratito después, cuando decidió traerme hielo. Me levanté aprovechando que estaba en la cocina, fui con él con sigilo y lo abracé por la espalda consiguiendo que pegara un salto. —¡Facu! —Lo levanté para caminar de nuevo al cuarto—. ¿Qué hacés? —Quiero otra terapia, una que no me haga arder el labio. —Si te beso, te va a doler. —Ese dolor sí me gusta. —Lo tiré a la cama—. Te extrañé toda la semana. —Facu, nos vimos todos los días menos hoy. —Pero nos quedamos en el almacén, no es divertido quedarnos

Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD