Me transporta directo a esa gloriosa noche en la que me follé a una virgen. A esa chica que todavía no he podido encontrar. Solo conservo algunos detalles escritos en una libreta, porque con el paso del tiempo y la cantidad de mierda que me metí esa noche, la memoria se me ha ido borrando. Aun así, la recuerdo lo suficiente como para correrme pensando en ella. Después de unos cuantos embates más brutales, me corro dentro del condón imaginando esa noche, igual que tantas otras veces que me cojo a Rosetta. Debo estar jodidamente enfermo para que solo un cabello rojizo me ponga así de duro. Ella termina temblando debajo de mí, agitada y sudada. Me desplomo a su lado con el condón todavía puesto y me quedo mirando al techo. Me siento más liberado, pero el tormento sigue ahí, latente. —No p

