Capítulo 6

2237 Words
Narra Eliana Estaba sentada a lado de la ventana observando hacia la nada, con la mente ocupada en otra parte, tratando de recordarme a mí misma que lo qué pasó hace dos años, no había sido mi culpa... pero... sentía una enorme culpa dentro de mí que cada vez que cerraba los ojos me veía a mi misma llorando histérica por lo que había pasado. Por esa razón prefería estar en misiones constantemente y estar lejos por un tiempo del castillo, para olvidar por un momento mi culpa, pero sobretodo mi dolor. Aunque lo negara todavía seguía sintiendo algo por Stefan pero... al mismo tiempo sabía que no era nada saludable para mí sentir todo eso, porque me hacia cada vez más daño. Pero todo ese dolor, culpa, mi odio por Stefan, mi amor por él... fueron enterrados en el pasado, cuando conocí a Damon. No sé por qué pero es la verdad y para ser honesta era algo que me hacía sentir bien, segura de mí misma, protegida, cosa que nunca había vuelto a sentir después de dos años, pero el punto es que Damon me hacía sentir todo eso sin razón alguna. Salí de mi habitación con la intención de despejar mi mente cuando llegó a mis fosas nasales un refrescante aroma a pinos y menta. Mi loba interior tomó el control sin darme e inmediatamente buscó a la persona que le pertenecía dicho olor. No pasó mucho tiempo cuando vi a Damon caminando por el pasillo, me vio y me acorraló contra la pared, olió mi cuello y suspiró con anhelo. Y yo por inercia hice lo mismo. No pude evitarlo. Me miró directamente a los ojos y dijo: —¡MÍA!—Exclamó. —¡MÍO!—Dije hipnotizada por su olor. Me besó con desesperación y a la vez con amor. Nos detuvimos para recuperar el aliento y entonces me levantó del suelo e hizo que posara mis piernas alrededor de su cintura y continuamos besándonos, hasta llegar a la habitación de él. Y ya no supe más... (***) A la mañana siguiente desperté con un dolor punzante de cabeza como si hubiese bebido una botella entera de whisky la noche anterior y despertado con resaca. Miré a mi alrededor y me di cuenta de que estaba en la habitación de Damon por el olor y además de que me tenía abrazada a él con fuerza y lo peor estaba desnuda bajo las sábanas al igual que él. Me maldije por haber permitido que mi loba tomara el control de la situación. Intenté liberarme de su agarre y lo único que logré fue que me abrazara con más fuerza. —Ni lo intentes... eres MÍA...—Habló medio dormido. —Damon... suéltame... esto... fue un error, que nunca volverá a pasar...—Hablé decidida ante ello. —No Eliana... no fue un error. Eres mi Mate y no lo niegues, porque sentiste mi olor y me reconociste como tal.—No dije nada y simplemente me liberé de su agarre con fuerza y levanté por mi ropa. La recogí y me la puse con magia. —Me voy... nos vemos en el entrenamiento...—Salí de ahí antes de que me dijera algo más. La verdad no quería saber ni escuchar nada de lo que había pasado entre nosotros porque ya había vivido esa misma experiencia con Stefan pero con la única diferencia de que él era mi alma gemela de mi parte bruja. Me enamoré y le entregué todo, mi corazón, mi alma, mi confianza, afortunadamente no mi cuerpo, porque hubiese sido mucho más difícil de superar. Me dirigí a mi habitación y simplemente me encerré en ella tratando de llegar una conclusión acerca de lo ocurrido, pero antes tenía que darme un baño y eso hice. A los pocos minutos salí y me puse ropa deportiva negra ligeramente ajustada para ir a entrenar, sequé mi cabello con mi secador, me peiné el cabello en un moño apretado y suspiré pesadamente. Salí de mi habitación y al momento de cerrar la puerta me topé con Damon quien vestía ropa deportiva obscura, me miró detenidamente y me acorraló contra la puerta, puso ambos brazos en cada lado para que no escapara. —No me voy a rendir Eliana. Yo no soy como Stefan y te lo demostraré.—Se apartó y me dejó ir. Fruncí el ceño confundida. No sé qué diablos tramaba y no tenía deseos de saberlo, tenía cosas mucho más importantes que atender y qué hacer. (***) Llegué al gimnasio después del entrenamiento, que se encontraba en la tercera torre del castillo, abrí la puerta de acero y entré. Levanté la vista al percatarme del olor de Damon. Rodeé los ojos al verlo parado justo frente a mí y me mantuve al margen. Pasé a lado suyo y me detuvo tomándome del brazo. —Tú y yo... tenemos que hablar.—Me soltó y se dirigió a la puerta y la cerró con llave. —Damon, déjame salir. —No.—Respondió. —No estoy para bromas, Damon. Abre la puerta ahora.—Hablé con firmeza pero aún así no lo hizo. Mi paciencia estaba agotándose, estaba por tirar la puerta con magia, cuando Damon me tomó de la cintura con fuerza y me estampó contra la puerta para robarme un beso. Intenté resistirme pero el deseo fue más fuerte que yo. Hasta el punto en el que terminamos haciéndolo en el gimnasio. (***) Salimos de ahí y cada quien siguió su ruta. Pero antes me volvió a robar otro beso que al menos fue corto posesivo pero corto. —Damon... me tengo que ir, ya es tarde. —¿Por qué tanta prisa?—Habló con voz seductora. Rodeé los ojos riéndome entre dientes. —Porque esta noche, tengo una misión muy importante en solitario y me tengo que ir a preparar. Nos vemos después.—No me soltó. —¿De qué se trata la misión? —No puedo decirlo, sólo puedo decirte que es algo relacionado con una manada de lobos que está provocando problemas.—Me miró con puchero. —No te servirá de nada hacer eso y lo sabes.—Gruñó y me soltó. —Vete, pero... cuando vuelvas no te escaparás de mí.—Sonreí. —No Damon, cuando vuelva. Tú y yo vamos a hablar sobre nosotros, ¿De acuerdo?—Asintió a regañadientes. Me fui de ahí sabiendo que cuando regresara no sería capaz de reprimir por más tiempo lo que sentía por él. (***) Llegué a la manada de la que Max me había hablado, oculté mi motocicleta entre los arbustos e hice un hechizo de camuflaje para evitar que alguien descubriera mi moto. Además tomé la pócima para ocultar mi olor y preparé mis armas con todo lo que iba a necesitar, caminé por el bosque buscando un punto ciego de la entrada a la Manada Black Moon, la manada más peligrosa y despreciable que había en toda Europa. Nadie se atrevía hacerles frente, pero de todas maneras tenía que entrar, rescatar a las víctimas si es que había y matar a su Alpha. Es una locura que una mujer haga todo eso sola, aunque afortunadamente ya tenía experiencia en ello. Así que... estaría bien. No me tomó mucho tiempo infiltrarme porque todos los guardias de turno estaban profundamente dormidos cosa que me pareció bastante... raro, pero aproveché la oportunidad para seguir adelante y continuar la misión manteniendo la guardia alta. Miré a todos lados y nada, no había nadie alrededor. Me detuve un momento y pensé: ¿Dónde esconderán a las víctimas? Y luego recordé que el mejor escondite era... el refugio, por supuesto nadie sospecharía que alguien pudiera haber encerrado a las víctimas en ese lugar, porque nadie tendría la ocurrencia de hacer eso. No quise activar mis sentidos de loba porque la pócima iba a perder su efecto rápidamente y no podía dejar que sucediera eso. Así que seguí mis instintos y luego de unos minutos encontré el refugio. Posé mi oído en la puerta y apenas y se escuchaban los gritos y suplicas de una chica, se me erizó la piel del horror que estaba pasando esa pobre mujer. No lo pensé dos veces cuando había tirado la cerradura de la puerta que era de plata de un balazo con mi revólver. Entré a la lugar y vi al Alpha abusando sexualmente de una joven de unos 15 ó 16 años aproximadamente, me hirvió la sangre del coraje, no podía creer que alguien tan despiadado y poco hombre estuviera abusando de una niña. Le disparé una flecha de plata en el hombro a ese miserable, di en el blanco y enseguida comenzó a gritar del dolor y se quitó de encima de la joven, quien no comprendía que estaba pasando. Levantó la mirada y me miró con miedo, curiosidad, pero sobretodo con miedo. Entonces el Alpha quien era alto, de ojos azules, moreno, musculoso, nariz curvilínea, boca pequeña, cejas negras y gruesas, su cabello era n***o y largo hasta la altura de los hombros. Me miraba con odio, deseo y lujuria. —Lo siento mucho pero... ya soy de otro...—Le disparé otra flecha pero esta vez fue en el pecho, cayó de rodillas y respiró su último aliento cayendo al suelo muerto. Me acerqué a la chica quien me miró aún con miedo, entonces me quité la máscara y de inmediato se relajó. Aquella joven tenía el cabello rubio y rizado, su tez era blanca, sus ojos verdes y prominentes, cejas cafés, delgada, nariz pequeña, labios rosados, estatura media. Su ropa estaba rasgada y maltratada apenas y cubría sus atributos de mujer. —Tranquila, estás a salvo. Nadie volverá a tocarte sin tu consentimiento, y si lo intentan les volaré la cabeza. ¿De acuerdo?—asintió tímidamente. —¿Quién eres?—Preguntó. —Me llamó Eliana. ¿Y tú? —Sofía...—Respondió. —Sofía... ¿Hay más rehenes?—Asintió. —¿Dónde?—Señaló el suelo. —¿Aquí abajo? —Sí. Hay una compuerta que se abre dando tres pisadas.—Asentí y eso hice. Me puse la máscara otra vez, y casi de inmediato se abrió la compuerta. Había cerca de unas 20 ó 30 personas dentro, pero eran más que nada mujeres y niñas de unos 6 ó 7 años. Me miraron aterradas, Sofía se acercó y les hizo ver que yo no era un peligro para nadie. Salieron del lugar y me agradecieron mucho por haberlos rescatado y entre ellos el Beta y el hermano menor del Alpha quien era muy parecido al miserable a excepción del los ojos ya que eran verdes. Y el Beta era de cabello castaño claro y rizado, tez clara, ojos color miel, nariz recta, cejas negras, boca pequeña, complexión musculosa, alto. Se acercó a mí y dijo: —Gracias... por habernos salvado la vida. —No hay nada que agradecer, es parte de mi trabajo.—Respondí. —¿Eres una Cazadora?—Asentí. —Gracias, Cazadora... —Nightmare.—Frunció el ceño confundido. —Lo siento, pero... no puedo revelar mi verdadera identidad, cosa de Cazadores.—Asintió comprendiendo la situación. —¿Dónde está?—Preguntó el hermano. —Ahí.—Señalé. —Agradezco a la diosa Luna que hayas aparecido. —De nada... —Damien, ese es mi nombre. Y soy el Beta.—Asentí. —Y yo soy Nicolás. El hermano del anterior Alpha. —Un gusto.—Respondí. —Bueno, afortunadamente llegué a tiempo para evitar una desgracia mayor. Me voy, pero antes les daré una advertencia por parte de la Night Hunter's Association. —¿De qué se trata?—Preguntó Nicolás. —Si volvemos a saber de algo o de alguien que han vuelto a cometer los mismos delitos que el anterior Alpha o peor... no vendrá un solo Cazador a detenerlos, sino todos los Cazadores de la asociación. ¿Entendieron?—Advertí severamente y asintieron. En eso llegaron los Cazadores de apoyo a tomar declaración y apoyar a la Manada en lo necesario. Les hice una seña para que se acercaran y eso hicieron. —Ahora si me retiro.—Asintieron. Pero una mano me detuvo y enseguida supe quién era. —¿Qué sucede Sofía? —¿Puedo irme contigo?—Pregunto con bastante firmeza. —¿Por qué? ¿No te tratan bien? —No quiero estar en un lugar donde sufrí mucho por culpa de mi familia.—Miré a Damien y Nicolás buscando su aprobación y asintieron con una sonrisa. —Puede irse, si así lo desea.—Respondió Nicolás. —Bien, puedes venir conmigo.—Sofía sonrió muy feliz. —Gracias... —Pero antes...—Di un chasquido y la ropa de Sofía cambió en un abrir y cerrar de ojos. Ahora llevaba un pantalón de mezclilla, con una blusa blanca de manga larga y un suéter gris con capucha encima y tenis. Todos los presentes excepto los Cazadores estaban sorprendidos. —¿Eres una bruja?—Damien preguntó con sorpresa. —Soy mitad bruja-mitad licántropo. Una híbrida en pocas palabras.—asintió en respuesta entendiendo todo. —Con razón tú olor era un poco raro... no te ofendas. —No para nada. Ya me acostumbré a ello.—Asintió nuevamente. Me fui de la manada con Sofía y regresamos al Castillo cerca del amanecer.
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