Capítulo 4

1561 Words
Llegamos al castillo cerca del amanecer y fuimos directamente a ver a Max para darle un breve resumen detallado de la misión. (***) —¿Algo más?—Preguntó Max con ganas de arrancarle la cabeza a mi compañero idiota después de contar el incidente con el celular. —No, es todo Max. Me retiro.—Asintió con la cabeza y me fui dejando a Damon atrás porque Max quería hablar con él. (***) Narra Damon Después de que Eliana se fuera, Max se levantó de su asiento y puso el seguro en la puerta. Se volvió a sentar y dijo: —Ahora si... Dime ¿Por qué pediste tu transferencia aquí en realidad?—Sonreí con cinismo. —Bien... te lo diré... pero... esto debe quedar entre tú y yo.—asintió estando de acuerdo. —Pedí mi transferencia aquí porque... Eliana es mi Mate...—Max no se sorprendió para nada, simplemente suspiró. —Ahora ya entendí porque ella se ha estado comportando así... bueno pero... eso no responde del todo mi pregunta. —Tienes razón... además... también porque como ya sabes soy un Alpha y Eliana es mi Luna. Por eso estoy aquí...—Respondí. —¿Cómo percibiste su aroma?—Preguntó. —Fácil... cuando ella salió al patio trasero el día que nos conocimos, llegó a mis fosas nasales un refrescante aroma a menta, seguí el rastro y me llevó hasta ella. Por eso lo supe. Un descuido de ella.—Max asintió entendiendo todo. —De acuerdo... felicitaciones... tu compañera de vida es toda una fiera... suerte... —Gracias... la voy a necesitar... y...—Antes de que pudiera decir algo más volteé hacia la puerta y vi a Eliana de pie junto a ella y tragué saliva nervioso pensando en que si había escuchado todo o por lo menos una parte. Pero no entendí cómo es que abrió la puerta si tenía seguro... Y luego recordé que ella era mitad bruja blanca también. Su mirada era penetrante y me apuñalaba con ella con solo mirarme. Se acercó al escritorio de Max y le entregó una carpeta color n***o y supe enseguida que era el reporte de la misión, Max asintió con la mirada y ella hizo lo mismo y se fue sin decir una sola palabra. Después de que salió pude respirar aliviado. —Que mujer...—Dije sin creerme la clase de mate que me tocó. —¿Qué te puedo decir? Así es ella con todos los nuevos, y se comportó de la misma manera con...—No dijo más y me di cuenta de que había dicho más de la cuenta.—Olvídalo es cosa del pasado de ella y además no digas nada, no preguntes nada, ¿Entendido?—Asentí. Salí de la oficina de Max y mientras tanto pensaba en cuál era el secreto que había entre Eliana y él, y por qué Max no se atrevió a decirlo. Mientras pensaba en eso sentí el aroma de Eliana cerca y mi bestia me exigía ir con ella. Fui hacia donde estaba y tuve que controlarme lo suficiente como para no saltarle encima y marcarla como mía. Al llegar al patio trasero la vi practicando hechizos y recitando un cántico antiguo que jamás había escuchado en mi vida, y pensé que era cosa de brujas blancas. En fin no pude evitar acercarme y ver aquel espectáculo donde su incomparable belleza y carisma brillaban literalmente juntas a la par. Después de unos minutos aquel espectáculo se detuvo y la mirada de Eliana se posó enseguida en mí y dijo: —¿Se te ofrece algo?—Preguntó con una ceja arqueada. —Nada, simplemente pasaba por aquí... enserio.—Sonrió burlonamente. —Estás mintiendo... —¿Cómo lo sabes?—Pregunté. —Tu respiración, tu voz, desvías la mirada cuando te miro, sonríes como estúpido, te frotas la nuca y el cabello, y sobretodo escucho como te frotas las manos sobre el pantalón. Son señales clásicas de lo que todos conocemos como definición... de Mentir. —Wow... me atrapaste... soy culpable. —¿Qué quieres?—Preguntó un poco malhumorada. —¿Qué secreto esconden Max y tú?—No dijo nada y su rostro se mantuvo neutro. —No es de tu incumbencia, Damon... enserio... no hagas más preguntas porque... no obtendrás respuestas no importa por donde le busques...—Se retiró, me dejó solo y sin respuestas. Pero tarde o temprano iba a obtener respuestas, costara lo que costara. (***) Narra Eliana Después de aquella conversación tanta extraña con Damon, me dirigí inmediatamente a la oficina de Max. Toqué la puerta 4 veces y en eso escuché gemidos y gritos. Y pensé: "¡Fantástico...! ahora está "ocupado" con la zorra de Sara..." —¡Maximiliano XIV! ¡Sino sales inmediatamente a abrir la puerta, me meteré en tus sueños y diré todo lo que encontraré!—A los pocos segundos Max abrió la puerta con la ropa un poco fuera de su lugar. Y la zorra de Sara por supuesto salió disparada del lugar sin dejar rastro. —¿Qué demonios te sucede?—Lo metí a arrastras a su oficina, cerré la puerta con seguro, acorralé al imbécil contra la pared y le puse mi antebrazo debajo de su barbilla aplicando fuerza sobre la garganta. —¿Qué demonios le dijiste a Damon?—Me miró nervioso. —Te vuelvo a preguntar... ¡¿Qué carajos le dijiste a Damon?! —N-Nada... Lo juro... solo... ¡Oh diablos!—Dijo con dificultad. Y en su mirada vi que había recordado algo. —¿Qué?—Hablé con la poca paciencia que me quedaba. aflojé un poco mi agarre. —Pues... Damon y yo... hablamos de algunas cosas referentes a ti y en cuestión a tu manera de tu trato con él y mencioné que tú siempre fuiste fría con todos los nuevos y estuve a punto de mencionar al innombrable. ¡Pero te juro por la diosa Luna que no dije nada más!—Lo solté, pero antes de que pudiera respirar aliviado, lo miré directamente a los ojos y con un dedo lo señalé diciendo: —Vuelves... a mencionar ese asunto y no tendré piedad sobre ti Maximiliano. Y no me va importar que hayas sido Duque de este país hace 300 años...—Asintió muy, pero muy asustado, y me fui de su oficina azotando la puerta. Me fui a mi habitación enfurecida y mi loba interior estaba furiosa y por momentos estuvo a punto de tomar el control pero no lo permití porque fuera del castillo había un bosque en el cual ningún Night Hunter tenía permitido entrar sin permiso del Alpha de ahí. Recordando eso... respiré profundamente y parpadeé un par de veces hasta que mis ojos volvieran a la normalidad. No pasaron ni dos minutos cuando alguien tocó la puerta de mi habitación, abrí la puerta con magia y vi que era Damon rodeé los ojos pensando en qué demonios quería ahora. Pero al mirarlo bien me di cuenta de que no era él sino su bestia quien había tomado el control. —No puede ser... ¿Es una maldita broma?—Murmuré para mí misma. Me acerqué a Damon con cautela y en el momento en que me acerqué, cerró la puerta dela habitación, me estampó literalmente sobre la cama sujetándome con fuerza de las manos, lo miré a los ojos y vi que estos habían cambiado de color pasaron de ser grises con destellos azules a amarillos. —Damon, quítate...—No me soltaba. —¿Quién es Stefan?—Preguntó enojado. —¡¿Qué dijiste imbécil?!—Exclamé furiosa. Nadie tenía derecho a pronunciar ese maldito nombre. Ya no pude más... le di una patada en la cara quitándomelo de encima y comenzamos una pelea prácticamente a muerte porque lo comencé a atacar con hechizos de alto nivel que jamás pensé que llegaría a usar. Cuando finalmente pude controlarme lo dejé caer inconsciente y caí al suelo de rodillas llorando de manera histérica maldiciendo a todo el mundo y sobretodo a Stefan. (***) Luego de unos minutos me tranquilicé y Damon despertó con un fuerte dolor de cabeza que pude percibir fácilmente. Me miró confundido, enojado, pero al ver mis ojos rojos y llorosos, no dijo nada. —Perdóname, no fue intencional... mi bestia me... controló y...—Lo interrumpí. —Basta... no digas nada más...—Me levanté del suelo al igual que él, lo miré directamente a los ojos y dije: —Escúchame muy bien, porque sólo lo diré una vez...—Respiré profundo.—No quiero... que vuelvas a mencionar el nombre de esa persona y mucho menos preguntarme quién es... y lo más importante... ¿Cómo supiste? —Leí los expedientes de tus misiones y vi el nombre de esa persona en ellos. Por eso... quiero... saber... ¿Quién es Stefan? —Es alguien que me traicionó y pagó su traición con sangre... ahora vete de aquí antes de que...—No me dejó terminar porque me besó por sorpresa por segunda vez. Me separó de él y dijo: —Algún día sabré el resto de la historia. Adiós.—Salió de mi habitación como si nada y se fue. —¡Maldita sea! ¡Va a volverme loca!—Murmuré para mi misma.
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