Narra Eliana
Después de ser marcada, desperté con un fuerte dolor de cuello, me levanté de la cama con cuidado de no despertar a Damon. Tomé una de sus camisas y me la puse encima, fui al baño y vi en un costado de mi cuello las iniciales de Damon. "D.S." Con una media luna trivial con un contorno n***o en ella a lado. Sonreí al ver la marca y en eso sentí unas manos tocando mi abultado vientre. Supe inmediatamente de quién se trataba.
—¿Por qué estás despierta?—Preguntó.
—Porque sentí un fuerte dolor en el cuello.—Respondí.
Miró su marca con orgullo.—¿Te gusta?—Asentí. Volteé a hacia él y le di un beso que en vez de ser corto se volvió largo y posesivo. Nos separamos para recuperar el aliento. Me abrazó y me cargó hasta la cama y nos recostamos un rato.
—¿Hoy tienes entrenamiento?
—No, no tengo.—Respondí.—¿Por qué?—Damon sonrió y esa sonrisa me preocupó enseguida.
—No, no, no y no. Damon... estoy agotada no dormí bien anoche y sabes muy bien por qué.—Dije con una sonrisa nerviosa. Damon sonrió pícaramente.
—Te diré algo... tienes mala suerte.
—¿Por qué?—Pregunté poniendo mis brazos alrededor de su cuello con una sonrisa.
—Porque un lobo feroz, no dejará ir tan fácilmente a su Caperucita Roja.—Miró mi busto sin disimulo. Rodeé los ojos manteniendo mi sonrisa.
—Entonces tendré que escapar de él.—Respondí con voz seductora. Me besó con pasión con una mezcla de deseo, llevando sus besos hasta mi cuello sacando suspiros y gemidos de mi garganta. Caímos en la cama sin dejar de besarnos.
Y bueno... ya se imaginarán el resto...
(***)
Rato después despertamos cuando escuchamos gemidos y gritos, que no eran míos aclarando. Que provenían de la esquina del pasillo e inmediatamente supimos de quién se trataba.
—¿Qué diablos estarán haciendo esos dos?—Dijo Damon malhumorado y cansado.
—No tengo idea...—Respondí poniendo una almohada en mi cabeza tratando de dormir un poco.
—Parece que la va a matar, ya ni tú gritas así. ¡Y vaya que gritas!—Le aventé una almohada en la cara.—¡Cállate! ¡Por lo menos si dejo dormir a los demás!—Exclamé.
—Dejando de lado eso... ¿Quieres ayudarme a callarlos?
—Soy toda oídos.—Respondí.
(***)
—¿Estás seguro de que funcionará?—Pregunté.
—No dudes de mis habilidades...—Movió las cejas seductoramente. Rodeé los ojos con una sonrisa.
—Bien... listo... cúbrete los oídos.
Me cubrí los oídos y en cuestión de segundos se escuchó un estruendo, parecía como si alguien hubiera disparado una bazuca. Y lo único que disparamos fueron... simples petardos totalmente inofensivos.
En eso escuchamos a Max gritándole a la gente que saliera a ver de donde provenía el sonido, pero después de tanto buscar no se encontró nada. Pero los Cazadores y novatos sabían muy bien que habíamos sido nosotros y nadie dijo nada, simplemente nos lo agradecieron con la mirada.
Volvimos a dormir porque todavía faltaban un par de horas para que anocheciera ya que ese mismo día, iba a ser la primera transformación de varios novatos y había que estar bien descansados para el evento.
Pero desafortunadamente Sofía no podía asistir al evento por su embarazo aunque ella estaba en edad de transformarse, una loba embarazada jamás debía transformarse en luna llena porque es un dolor insoportable que puede provocarle un aborto espontáneo.
Ella deseaba ver el evento pero... no era conveniente hasta que tuviera al bebé, y no era la única yo tampoco debía salir al evento por mi embarazo, así que... lo único que podíamos hacer era... esperar a que pasaran un par de horas y después salir.
(***)
Horas después llegó el evento y muchos de los novatos comenzaron a transformarse, y unos cuantos buscaron a sus compañeras y compañeros de vida. Era muy lindo eso porque era uno de esos momentos en los que finalmente un lobo jamás volvería a estar solitario.
Fui a la habitación de Sofía y al tocar la puerta esta se abrió sola, entré y encontré a la pobre vomitando en el baño, no podía agacharme por el tamaño de mi vientre así que simplemente me quedé con ella para hacerle compañía.
Luego de vomitar, salimos del baño y ayudé a Sofía a llegar a la cama, se recostó en ella y suspiró pesadamente.
—Maldita sea... este embarazo me está volviendo loca...—Me reí.
—¿Qué se podía esperar? Tienes... ¿Qué 16?—Me miró con burla.
—Tengo 85 años Eliana, y créeme que aunque aparento tener 16 aún así nada me detiene.—Me reí otra vez.—¿Qué edad tienes?—Preguntó.
—Adivina...
—Mmm... ¿18?—Negué con la cabeza.—¿20?—Negué de nuevo.
—¿Te rindes?—Asintió.
—95 años.—Respondí.
—¡¿Qué?!—Estaba asombrada.—Si, así es.—Dije como si nada.—¡Wow!—Exclamó.
—Dejando eso de lado, ¿Qué hora es?
Tomé mi teléfono y vi que eran las 2 de la mañana.
—Son las 2, ¿Quieres salir?—Sofía asintió y salimos.
Al llegar al patio trasero que colinda con el bosque, vimos a los hombres de nuestras vidas, parados de espaldas observando a los novatos recién transformados cazando con la manada vecina.
Abracé a mi hombre por la espalda y este volteó al ver que era yo, sonrió. Me abrazó de la cintura y dijo:
—¿Qué hacen aquí? Todavía no es hora.
—Damon, son las dos de la mañana.—abrió los ojos en grande al igual que Max quien tenía abrazada a Sofía, tomaron sus teléfonos y vieron que efectivamente eran las dos de la mañana.
—Esta vez ustedes ganan.—Dijeron los dos al unísono.
Nos quedamos un rato observando el paisaje cuando a los pocos minutos los tres olimos algo en el ambiente, era un olor muy... penetrante y sobretodo poco agradable. Nos miramos los tres y volteamos hacia la entrada al castillo y vimos que este se estaba quemando. Sofía y yo nos miramos y pensamos exactamente lo mismo: "Que bueno que salimos de ahí."
Todo por lo que trabajamos se estaba convirtiendo en cenizas, no había nada que se pudiera hacer para detener el fuego. Mis poderes de bruja blanca podían contener el fuego pero... no podía hacerlo yo sola porque las demás brujas blancas e híbridas habían ido a acompañar a sus Mates al bosque.
Pero decidí intentarlo y al mismo tiempo Sofía, Max y Damon, aullaron dando aviso de peligro, todos absolutamente todos regresaron al castillo y entonces las brujas blancas e híbridas me ayudaron a contener el fuego lo suficiente como para evitar que se expandiera todavía más. Afortunadamente no había nadie en el castillo cosa que alivió a todos por igual.
(***)
Rato después las demás brujas y yo detuvimos el fuego y lo apagamos con ayuda de los demás. Estaba agotada pero... no lo suficiente como para desmayarme, aunque en un principio me preocupé por mi bebé, pero al sentir una suave aunque fuerte patada en mi vientre, me relajé enseguida. Acaricié mi vientre y en eso Damon se acercó a mí preocupado y dijo:
—¿Estás bien?—Tocó mi vientre hinchado.
—Si, estoy bien. No te preocupes, sólo estoy cansada.—Se relajó enseguida.
En eso llegó Max muy molesto y sobretodo desconcertado, se acercó en compañía de Sofía quien lo tranquilizó un poco.
—El fuego fue provocado, pero lo más raro es que esperaron a que todos saliéramos del castillo y quemarlo.—Dijo.
Miramos el castillo que estaba completamente quemado desde la entrada que fue donde comenzó el fuego y terminó por extenderse a los demás pisos, pero afortunadamente la estructura no se dañó por suerte.
—No intentaron matarnos, trataron de advertirnos.—Habló Max.
—¿Qué cosa?—Preguntó Damon.
—Los rebeldes nos han dejado en claro que no se van a rendir.—Dije mirando a Max quien asintió.—Nos tenemos que ir todos.—Declaró Max.
—¿A dónde?—Preguntó Sofía.
—A mi Manada, en Meissen, Sajonia, es el lugar más seguro que ahí.—Declaró Damon.—Entonces... allá iremos.—Hablé decidida y los demás también estuvieron de acuerdo.
Ya no era seguro quedarnos en el mismo sitio así que con ayuda de la manada vecina nos fuimos de Monreal ese mismo día.