“Hay un largo camino de vuelta a Volusia”, dijo Darius. “Se sabe que hombres más fuertes se han perdido”. * Darius se encontraba en el pequeño campo de barro de detrás de su cabaña, los golpes de su espada de madera llenaban el aire mientras atacaba al blanco trillado de madera. Era una gran cruz que había hecho con capas de bambú, atadas y clavadas en el suelo, en lasque se había columpiado desde el momento en que supo caminar. En el barro, sus pisadas estaban desgastadas, incrustadas en el suelo de delante suyo. La cruz ahora estaba torcida, a punto de caerse, pero a Darius no le importaba. Hacía su servicio. Él la golpeaba una y otra vez, a izquierda y derecha, evitando a un enemigo imaginario, dando vueltas, golpeándole en el estómago. Se daba un impulso hacia delante, le pinchaba,

