Llegaron a casa, se comieron las bocas de la forma más apasionada y necesitada posible, Aurora se sentía de lo suficiente desinhibida por el alcohol como para aprovecharse del cuerpo maravilloso de Patrick. Él se animó con la seguridad y tranquilidad que habitaba en Aurora y la forma tan rápida en la cual le desabrochó los pantalones, le demostró cuan decidida estaba a compartir íntimamente con él durante el resto de la noche.
Él le quitó la blusa y ella se deshizo de sus botas, justo antes de que Patrick le cargara hasta la superficie más cercana, ella le rodeó con las piernas la cintura, y él introdujo su mano entre sus pantalones. Se separaron un poco, él estaba deseoso de escucharle gemir después de acariciar lo más íntimo de su sexo, el clítoris sedoso de Aurora y la calidez de su sexo le recibieron, mientras en sus ojos marrones, detectó el dese y la vulnerabilidad.
Patrick notó la respiración de Aurora más agitada de lo normal y esa sensualidad que le había invitado a seguir acariciándole, y la desesperación ocupó su lugar.
El señor Luthor se detuvo y preguntó: —¿Está bien? Quieres... quieres dejarlo.
Aurora negó con la cabeza y buscó la manera de alejarse de Patrick, él se apartó con cuidado y ella corrió en busca del basurero. Ella vomitó. Y Patrick suspiró mientras se pasaba la mano por el rostro, la frustración s****l, iba a terminar con su vida, estaba sentada en cada fibra de su cuerpo, pero estaba seguro de que una interrupción más acabarían con él y su caballeresca paciencia.
Patrick ayuda a Aurora, la cual no tiene claro si vomita por miedo o malestar. Patrick le pasa una botella de agua y le propone tomar una ducha, ella acepta y la deja en el sofá. Aurora ve al hombre alejarse y mortificada se cubre el rostro. Él le prepara antes la tina con agua tibia y le busca un pijama, toma el suyo y le avisa a Aurora que se ducharía rápido por su necesita ayuda o si no se siente bien, ella le agradece y se mantiene dentro del baño tanto como puede.
Patrick estaba en la cama cuando su novia finalmente salió del baño, no entendía por qué esa noche no había salido en absoluto como lo planeó. Patrick se acostó acurrucado junto a Aurora, ella le preguntó si se sentía bien y él reconoció que a veces le gustaba tener un poco de compañía. Ella se giró y le abrazó mientras masajeaba la espalda de su novio, y se preguntaba: ¿Por qué no había recibido un anillo esa noche? ¿Por qué estaba muerda miedo cuando Patrick le tocaba? ¿Si podrían rehacer su vida juntos? Ella lo pensó durante casi una hora, se movía de un lado a otro hasta que Patrick encendió la luz de la lámpara y le preguntó cuál era su problema.
—Ninguno… tengo problemas para dormir.
—El masaje está buenísimo, pero, voy a abrazarte a ver si te quedas quieta.
—Gracias —él apagó la luz. —Sé que no tienes problemas para dormir, ¿ocupas… masturbarte?
—¡¿Qué? ¡no!! —ella se apartó y encendió la luz de su lado. —¿Tú? Ocupas…
—No puedes dormir, yo tampoco...
Aurora le miró acongojada y él se apoyó en su codo.
—Tengo… tengo problemas. No te rías. —Él asintió.—No se me da bien el sexo. Tengo problemas para llegar al orgasmo. Me gustas, o sea, me pones, pero, no sé si pueda y tampoco sé si sea buena. No práctico, no lo hago hace tiempo... tal vez soy frígida. Un trauma o algo, solo... soy mala en la cama. Soy un diez en manualidades y me voy a dar un ocho en cavidad bucal, pero, no lo sientas personal si no puedo... si no disfruto de la... penetración.
—¿Por qué no tengo que sentir personal?
—Mi discapacidad —Patrick se río, se acostó de nuevo, y se rió, porque Aurora era una mujer fantástica, sin embargo, insegura como ninguna otra que hubiese conocido en la vida. Aurora se pone en pie y sale de la habitación enfadada, va a la cocina y se sirve un poco de agua para preparar un té. Patrick deja de reírse y va a buscarla.
Ella salió de la habitación y Patrick se rió aún más, cuando pudo recomponerse, fue en busca de la joven que estaba preparándose un té.
—Es muy normal, Aurora. Muchas mujeres tienen problemas para concentrarse durante el sexo y no llegan al orgasmo porque son muchísimo más emocionales que nosotros y todo depende de si te gusto, si mi pene te pone, si el ambiente está bonito y logro distraerte lo suficiente como para que solo te importe lo que esté haciendo con tu cuerpo.
—He ido al doctor, y esto es serio Patrick, luego vas a darte cuenta de que no soy un experimento y te la vas a pasar enojado porque te lo tomarás personal.
—Aurora, tienes 31 años. Estoy seguro de que máximo has estado con cinco hombres, la mayoría entre 19 - 25 años, y no estaban seguros de cuál oficio era tu uretra, v****a o ano.
Aurora no quería darle la razón. En parte, la tenía y tampoco quería demostrar su preocupación por el sexo anal y su situación de orificio exclusivo de expulsión. Cero ingreso. Con alguien que no solo tiene pinta de verse como un profesional el sexo, sino, un ser con una experiencia s****l incomparable.
La tetera informó que el agua estaba los suficientemente calientes, él apagó y lo movió a un disco frío.
—Propongo un juego; iré a la habitación, me desnudaré, con la luz apagada y tú vas a imaginarte como lo hago, mientas te desnudas y yo pienso lo mismo, vas a ir a meterte bajo las sábanas conmigo, y te doy otras instrucciones.
Patrick caminó seguro a su habitación.
Se desnudó rápidamente y se metió en la cama. Aurora reflexionó un par de minutos y se quitó la bata que llevaba puesta, se dijo que no tenía nada que perder, cuando la realidad era que no quería pasar por la vergüenza de ver a Patrick cuando no lo logra.
—Aurora, estás pensando demasiado y llevas sostén y bragas —le dijo Patrick desde el marco de la puerta de la habitación. Ella se llevó el batón doblado y fue caminando rápido hacia él.
Patrick sonrió cuando ella finalmente se metió bajo las abanas, le quitó el batón de la mano y lo lanzó por la habitación, la tomó de la cintura y la acercó a su cuerpo.
—Ahora vamos a tocarnos lentamente, sin presiones y sin penetración. En cuánto me digas que no quieres, que ya no más, voy a detenerme, no importa si estás en el inicio, el medio o el final, y no estás obligada a nada que no disfrutes o que no quieras. ¿Entendido?—Ella le miró a los ojos, pese a la oscuridad, sintió la intensidad y seguridad de que él cumpliría con su palabra. —Voy a hacerte tener ese orgasmo con mis dedos o mi lengua, sin nada más, hasta que estés muy segura de que puedes y de que no voy a hacerte daño.
Él le besó en los labios de la chica y a diferencia de otras ocasiones, Aurora se dejó llevar de inmediato, colocó sus manos sobre el pecho desnudo de Patrick y dejó que este le guiara de vuelta a la cama. Patrick no dictó ninguna regla porque eso era todo lo que los dos necesitarían, acariciarse, besarse y explorar el cuerpo del otro y se aventuró primero a disfrutar de las curvas femeninas, de su piel suave y de cada uno de sus atributos, adoraba lo sensible en la piel de Aurora. Cada que acariciaba sus pechos y sus pezones le escuchaba suspirar Aurora deslizó su mano por el cuerpo de Patrick y sintió su ansiedad y su deseo latirle en la mano en cuanto rodeó con ellas su m*****o. Patrick agitó lentamente las caderas para sentir a Aurora acariciarle con su mano. Ella tomó ritmo para acariciarle, Patrick le lamió el cuello mientras decidía lamer la curvatura de su cuello justo antes de introducir sus dedos para acariciar su sexo, las piernas de Aurora se abrieron casi involuntariamente, él se acomodó en medio de ellas, repartió besos sobre sus pechos, el valle entre sus senos y continuó por su abdomen. Patrick descendió lentamente lamiendo el cuerpo de su novia hasta llegar a su sexo, Aurora respiraba mucho más rápido y enterró sus dedos en la piel de su espalda, Patrick sintió el calor, la humedad y saboreó los fluidos.
Ella se sentía drogada con toda la excitación que recorría su cuerpo, estaba cargada de placer y tensión, todo era tan confuso y placentero, se sentía como diez mil años más relajada y entendía demasiadas cosas, la obsesión de los hombres con llegar al orgasmo y los chistes sobre los cambios de humor, le parecía magnífico. Aurora depositó pequeños besos en el hombro de Patrick y este comenzó a jugar con sus pechos, adoraba lo llenos que se sentían y que cupieran casi al completo entre sus manos.
—¿De nuevo? —Pide Aurora y Patrick ríe. —¿Puedes?—él le mira divertido, pone peso sobre su cuerpo.
—Podemos de nuevo, todas las veces que quieras.
—Por eso todos están obsesionados con el sexo... —reflexionó Aurora.
—Voy a devolvértelo y después de nuevo vale.
Patrick descubrió disfrutó de lo apasionada que era Aurora, el sexo no era complicado para ella, le encantaba la forma tan caliente en la que su boca le recibía y la mirada expectante de Aurora. Como si él fuese a quejarse porque le estuviese haciendo la mamada de su vida, Patrick, no tardó demasiado en liberar su semilla, puesto que llevaba semanas deseando esa boca alrededor de su m*****o. Aurora le vio impresionada porque con todo el líquido que expulsó su pene no parecía cansado en absoluto.
—Te aseguro que no eres un ocho, eres muchísimo más —aseguró Patrick mientras recobraba el aliento, además, el privilegio de poder disfrutar de su piel, sin ningún obstáculo y de su maravilloso culo, era duro y perfecto, le encantaba ese hombre y eso le espantaba al mismo tiempo. Patrick, lo único que quería era poder penetrarla y escuchar como disfrutaba, quería enseñarle todo de lo que se habían privado. Antes necesitaría demostrarle que sí podía c******e, le tomó un poco más de trabajo que del que esperaba, pero, lo logró y se sintió tan complacido como si hubiese ganado la lotería.
Ella le tomó la mano incrédula y él sonrió.
—¿Cada cuánto te masturbas?—preguntó Patrick
—Patrick, solo déjame disfrutar y te la vuelvo a chupar.
—Ok, disfrutemos.
—Las mujeres no se masturban—respondió Aurora y vio a Patrick a los ojos, él respondió divertido:
—En la biblia, seguro. En la vida real, tienes que tocarte para conocerte-
—Yo nunca me he tocado.
—¿Ni de adolescente?
—No.
Patrick acostó a Aurora sobre su cuerpo, tomó la mano de la joven y la puso sobre sus pechos, y comenzó a estimular sus pezones. Ella aumentó el ritmo, él bajo la mano de Aurora por todo su abdomen, se aseguró de dejar las manos de ambos sobre el vientre debajo de la joven y le lamió el cuello cuando la escuchó respirar pesado. Los dos siguieron la ruta juntos hasta los labios mayores de Aurora, él le susurró:
—Tócate—mientras le acariciaba ambos pezones.
—¿Dón… de? —preguntó agitada.
Patrick estiró su mano hacia el punto sensible que se escondía entre aquel cuerpo tan femenino, el punto que Aurora se había prohibido y él decidió presionar y mover en círculos. Aurora movió sus caderas y buscó la boca de Patrick, los dos se movían al mismo ritmo mientras ella usaba su mano libre para llenarle del mismo placer que ella estaba sintiendo.