Capítulo 1-2

1772 Words
Para sorpresa de muchos, esto se convirtió en algo más que una simple lista de datos. A excepción de aquella gente con desórdenes psíquicos —ahora fácilmente identificables— todos obtuvieron las mismas clases de imágenes en los mismos lugares dentro de sus cerebros. Estimulando el mismo punto en dos personas diferentes, era posible introducir idénticas imágenes dentro de sus mentes. Al principio, aquellos experimentos solamente pudieron realizarse mediante métodos anticuados de cirugía implantando electrodos dentro del cerebro en si, pero al poco tiempo, se descubrió un método para estimular aquellas áreas usando ondas electromagnéticas en lugar de electrodos. El método nuevo tenía, obviamente, ventajas: podía ser aplicado externamente, por lo que no era necesaria ninguna cirugía, y podía ser guiado por ordenador con un detalle exacto del lugar deseado dentro del cerebro, dejando todas las áreas a su alrededor sin afectar. Un casco —la parte frontal del Casco del Sueño— fue diseñado para sujetar todo el sistema. Estimulando los lugares correctos dentro del sujeto del individuo, era posible producir con precisión una serie de imágenes en su mente, controladas por externamente. Al principio, el conocimiento de aquellas nuevas técnicas estaba limitada a especialistas neurológicos, y las aplicaciones fueron principalmente en el campo de la psicoterapia. Escaneando el cerebro, los analistas podían visualizar lo que sus pacientes veían. Para aquellos pacientes que sufrían de ilusiones y fallos en la percepción psíquica, el terapeuta podía sustituir imágenes correctas por otras falsas. Literalmente, era posible cambiar la manera que una persona pensaba alterando la manera en la que percibía la realidad. Pero las implicaciones de ese descubrimiento eran demasiado importantes para limitarlas al laboratorio. En países totalitarios del mundo, el Casco del Sueño se convirtió rápidamente en el principal instrumento de lavabo de cerebro y control-mental. Si un disidente no quería colaborar con el gobierno, lo poderes al mando lo hacían prisionero en una institución mental —tal como hicieron en la vieja Unión Soviética y otras dictaduras durante muchos años— aplicándoles sus propios pensamientos en su mente. Si la mente del disidente aceptaba las nuevas percepciones como suyas, la persona se la consideraba como “curada” y devuelta a la sociedad. Si la mente del disidente de aceptaba las nuevas percepciones, sus torturadores se lo quedaban para bombardear su cerebro constantemente con nuevas imágenes hasta que su mente no pudiera determinar más lo que era una influencia externa de sus propios pensamientos. El prisionero entonces era certificado como loco, lo que justificaría su paso en prisión. De todas maneras, su habilidad por enfrentarse al poder del gobierno fue machacado con gran eficiencia. Tales usos de la técnica estaba prohibida en todo el mundo libre, aunque había rumores persistentes que la CIA y otras organizaciones de inteligencia mantenían sus propias “clínicas” de lavabo de cerebro. Pero empresas libres no dejaban aquella herramienta de poder sin desarrollar —no cuando había miles de millones de dólares en juego. Se suele afirmar que la persona media suele pasar un tercio de su vida durmiendo. A parte del hecho de que dormir permite al cuerpo deshacerse de la acumulación diaria de veneno, y que la mente normal tiene la necesidad de soñar. El sueño estaba considerado como una colosal forma de malgastar el tiempo. Las horas de sueño de la gente eran vastas, un recurso que esperaba ser desarrollado y explotado. El Casco del Sueño ofrecía una manera ideal para hacerlo. Una de ellas era a través de la educación. Aunque nada podía suplantar la experiencia de aprendizaje profesor-estudiante en una escuela, los Casco del Sueño fueron bien recibidos en el campo de la educación para adultos. Gente que trabajaba duro todo el día podía tener tiempo, mientras dormía, para aprender un segundo idioma o conocer las últimas teorías de la jardinería orgánica. “Revistas nuevas” del sueño mantenían informados a los ciudadanos a través de artículos. El uso más popular, de lejos, fue en la industria del entretenimiento. Tras tratar con problemas mundanales durante el día, la mayoría de la gente se sentía feliz dejar de lado dichos problemas y dejarse perder por ese mundo de fantasía. La industria audiovisual del Sueño proporcionaba a estos últimos un entretenimiento. En todo el entretenimiento previo, el medio estaba entre el narrador y la audiencia —la página impresa en caso de los libros, o la pantalla en las películas y TV. El público dependía de imágenes artificiales proporcionadas por el narrador y traducirlas a imágenes con símbolos personales dentro de la mente. En Sueños, todo cambió radicalmente. Las imágenes eran proporcionadas directamente en el cerebro del espectador, y este sentía tal como si las experimentara. Podía pasar la noche siendo un espía, o un detective, o el mayor guerrero de Francia en el siglo diecisiete, levantarse por la mañana recordando absolutamente todo lo sucedido. Podía salir y enfrentarse al nuevo día con la sensación se ser mejor de lo que era en realidad, o de haber vivido una aventura sin correr ningún riesgo. Wayne Corrigan era una parte importante de la nueva industria del entretenimiento, uno de los pocos seleccionados con una imaginación lo suficientemente vívida para los Soñadores. Él y Janet Meyers y otros Soñadores proyectaban las imágenes que los que dormían tenían en sus propios Cascos del Sueño. Él creaba un papel y lo emitía a través de su terminal. Sus imágenes eran amplificadas y transmitidas a través de los cables a los hogares por todo Los Ángeles, donde eran reproducidos por los Cascos del Sueño hacia la mente de su público, permitiéndoles vivir la aventura junto a él. A cambio, cada Casco del Sueño enviaba una señal de regreso al estudio cuando era encendida, permitiendo al estudio monitorizar con precisión los porcentajes y tratar a los clientes acorde. Uno de los problemas que se descubrieron fue el de identificación con los roles de sexo. La mayoría de los hombres querían identificarse con roles masculinos en Sueños, y la mayoría de mujeres con femeninos. (Había una aberrante minoría que parecían preferir una “identificación transgénero”, pero la mayoría de las cadenas emisoras los ignoraban). En algunos casos, era posible para cierta aventura protagonizar el rol de una estrella sin género que aparentaba poseer ambos, pero aquellas historias eran muy pocas, y no tan populares como las demás. Una solución al problema fue el “Maestro Soñador”. En él, el Soñador no creaba uno, si no un número diferente de roles para varios miembros del público con el que identificarse a su elección. El Maestro Soñador a continuación colocaba estos personajes en su mundo de Sueño adaptándose a la historia que se estaba contando. Ya que podía crear tanto roles masculinos como femeninos simultáneamente, cualquiera podía usar ese Sueño sin preocuparse. Los Maestros Soñadores eran gente rara. Tenían que ser capaces de visualizar todo el mundo de un simple vistazo, y mantener los personajes moviéndose por él a la vez sin confusión. El Maestro soñador llevaba toda la representación, y movía a la gente como marionetas. Aquel arte era difícil, y el equipo en Sueños Dramáticos tan sólo tenía un Maestro soñador —un genio llamado Vince Rondel. La solución más común fue la de separar los Sueño de hombres y mujeres. Por norma geneal, tales Sueños eran separados por completo el uno de otro, aunque en caso de emergencia —tan frecuentes en una empresa pequeño como Sueños Dramáticos con un equipo pequeño de escritores y actores— los dos roles debían trabajar unidos en el mismo mundo de los Sueños. Eso es lo que ocurrió es misma noche: Wayne y Janet interpretaban un equipo de agentes gubernamentales trabajando juntos en el mismo caso. Los hombres en el público recibían las impresiones de Wayne, identificándose con él, considerando a Janet como tan sólo otro importante personaje; para las mujeres del público, era diferente. Para la mayoría de los Soñadores, este tipo de Sueño era más fácil de mantener que el Sueño Maestro, porque había una relación directa uno a uno entre el Soñador y el televidente. El telespectador solamente veía lo que veía el Soñador, y el Soñador no tenía que preocuparse por mantener partes del mundo que no estuvieran en la escena en cuestión. La desventaja aparecía cuando los dos Soñadores compartían el mismo Sueño, donde solían ocurrir accidentes —tales como aquel guardia en el corredor. Wayne y Janet lo visualizaron cada uno de una manera diferente, y como resultado la imagen se convirtió en algo borroso y los atacó cuando Janet intentó controlarlo. Ya que ambos Soñadores tenían la misma habilidad para alterar la acción dentro del Sueño, la coordinación entre ellos era esencial. Wayne estaba muy agradecido porque los Soñadores no fueron a más. Investigaciones mostraron que los Soñadores eran los más efectivos cuando estaban en actos de cuarenta minutos, con descansos de otros cuarenta minutos entre ellos. Soñar era una experiencia tan intensa que el cuerpo necesitaba tiempo para relajarse entre una sesión y la otra. Los escritores de escenario había aprendido a tratar la longitud de las escenas adecuadamente, y los Soñadores consideraban al unísono aquellas paradas como una gran ayuda. Les daban tiempo a recuperarse de la escena anterior, relajar sus músculos haciéndoles recordar lo que estaban haciendo, discutir sobre problemas técnicos con los ingenieros y —en caso de dos o más Soñadores auxiliares trabajando en tándem— darles la oportunidad de que aprendiesen sobre sus errores y mejorar su coordinación. Wayne tomó aire y empezó a colocarse despacio el Casco del Sueño en su cabeza. Veintidós mil personas habían sintonizada ese Sueño, según había dicho Ernie White. No eran muchos, no para una ciudad del tamaño de Los Ángeles. Y más sabiendo de su gran talento y lo que le había costado ganarse una considerable cantidad de seguidores. Pero Janet era mejor Soñadora que él, y él lo sabía. Era una de los artistas establecidos en Sueños Dramáticos. Su presencia en ella le debía arrastrar a gran cantidad de mujeres. En su lugar, parecía todo lo contrario. Mierda, ¡Sé que soy bueno! Pensó con resentimiento. Debería ser otro Vince Rondel, pero sé que puedo ser mejor que eso. ¿Cómo demonios puedo superarlo? Una luz azul impactó contra el techo. Wayne permanecía tumbado sobre su sofá, retorciéndose en una postura cómoda, y empezó su rutina de auto hipnosis como la que todos los Soñadores aprendieron para obtener una mejor proyección. Forzó su mente para extraer todos sus pensamientos externos. A pesar de todo, era un profesional. Tenía una historia que contar. No se llevaba sus propios problemas y prejuicios con él al Sueño, esa sería la razón sin duda de un posible despido. A medida que Soñaba, no le importaba en absoluto que hubiera una persona o un millón al otro lado. Las audiencias era tan sólo un problema en el mundo real, para un Soñador dedicado como él, los Sueños en si mismos eran todo lo que importaba.
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