Narra Emily Sabía que el orgullo de Margaret había quedado por el piso, en su mirada sentía la impotencia por querer romperme la boca de una bofetada y no poder. Sé que con las palabras que salieron de mí, Amelia tiene otra perspectiva de la mujer que ha dejado entrar a la vida de su hijo. —Oh, por Dios, si se dice de esa manera se escucha más terrible de lo que realmente es. Margaret ventila su rostro y acomoda el cuello de su camisa. La mujer toma mi mano y la presiona con mucha fuerza, contengo el gesto de dolor y saco mi mano de su agarre con disimulo. —Cariño, creo que estás aun sintiéndote impulsiva. ¿Por qué lo dices de esa manera? ¿Qué pensará Amelia de nosotros? Amelia parecía procesar todo. —Vaya, parece que hemos tenido un pequeño error de comunicación. Desde un inicio t

