Chris. —¡Señor Chris! ¿No ha sabido nada de Lilia? —Samira estaba esperando en la entrada cuando llegamos. Ya tenía puesto su traje de sirvienta y sus ojos hinchados indicaban que no dejó de llorar. Parecía una madre preocupada por su hija, y eso que la mayor era Lilia. Deus sobó su cabeza al pasar por su lado. —Tranquila, vamos a rescatar a Lilia sin fallas —le dijo, sonriente—. ¿Crees que puedas esperar? —No te arriesgues tanto... Deus —Hundió las cejas. Yo me quedé extrañado porque no entendía qué había pasado entre ellos dos. Negué con la cabeza. Mi prioridad era otra y no andarme metiendo en la vida amorosa de los demás. —Estaré bien, y retomaremos lo que dejamos —Le guiñó el ojo. —Mueve el culo, Deus. Seguí con mi camino hacia la sala de reuniones y él iba detrás de

