Ethan. Mi pequeña niña estaba cumpliendo su primer añito, y en vez de una fiesta, decidí sacarla a pasear junto a mi esposa. Enamorarme de Liz fue más fácil de lo que pensaba. No tenía idea de la excelente mujer que me acompañaba todos los días. Escalé bastante como CEO, logrando ocupar el puesto número tres, incluso superando a las empresas que vendió Jax. —¡Ethan! ¡Está dando sus primeros pasos! —exclamó Liz. Mi hija, Samantha, salió idéntica a su madre. Su piel era café con leche y sus oscuros ojos brillaban por su inocencia. Tenía el cabello n***o y lacio, bastante corto. Liz la estaba sujetando de ambos bracitos con cuidado, ayudándola a caminar. La niña todavía no podía, pero lo intentaba con ayuda de su madre. Sonreí al verlas. —¡Tú puedes, Sam! —La animé, apoyando mis mano

