OCHO AÑOS ATRÁS... RASHID —¡Rashid! —me llaman. Frunzo el ceño y lo ignoro; ignoro a mi mejor amigo. Termino de sellar un prometedor negocio hotelero en la ciudad de la intensidad, las mujeres divinas, el buen vino y, finalmente observo a mi hermano del alma. —¿Qué quieres Kerem? —pregunto con la vista puesta en los documentos. Le escucho golpetear los dedos con alegría, euforia, cierta jovialidad que desconocía en él; y chasquea la lengua. —¡Pues disfrutar de la libertad, hombre! —exclama interrumpiendo una importante reunión de asociados. Levanto la mirada y le ojeo amenazante. Me llevó más de dos meses organizar ésta junta como para que venga ahora a cortarla con sus tonterías. —¿Te parece hablarlo después? —siseo sin perder el porte de empresario serio, inescrutable, f

