*SOPHIE* La sensación del agua acariciando mi piel es embriagadora y fría. Me sumerjo, dejando atrás la superficie ruidosa y caótica de ese yate. Las risas y burlas se desvanecen, reemplazadas por el suave murmullo del océano. Cada brazada me aleja más de la realidad, como si nadara hacia un mundo secreto. Ya veremos qué cara ponen cuando miren que no salgo a la superficie. El otro yate aparece ante mí, anclado en la distancia. Sus luces parpadean, invitándome a acercarme. Nado con destreza, mis músculos se mueven en armonía con las corrientes. El agua es mi aliada, mi refugio contra la hostilidad del mundo exterior. Al llegar al yate, veo a unos jóvenes en la cubierta. Sus risas son contagiosas, y por un momento, me olvido de mi situación. Uno de los jóvenes me ve. Sus ojos se encuen

