El ascensor de la torre "Cortés Global" se detuvo en el vigésimo quinto piso. Adrián salió con paso firme hacia la oficina de "Amanecer Literario", que funcionaba como una división dentro de la corporación desde que Sofía se había unido a él dos años atrás.
"¡Por fin llegaste!" exclamó Sofía al verlo entrar. Tenía el cabello castaño recogido en un moño desordenado, gafas cuadradas sobre la nariz y papeles esparcidos por toda la mesa. "He estado revisando los primeros manuscritos que ya han llegado, pero primero tenemos que definir los detalles del jurado."
Adrián se sentó en el sillón de cuero frente a su escritorio y miró el tablero blanco lleno de notas: fechas, nombres, presupuestos.
"Ya hablé con el Dr. Álvarez – dijo que estaría encantado de formar parte del jurado. También confirmó la participación de la escritora María Inés López, la ganadora del Premio Nacional de Literatura el año pasado."
"¡Qué genial!", respondió Sofía, anotando los nombres en su cuaderno. "Y ¿qué tal el lugar para la fase final? Ya encontramos algo que te guste."
"La villa 'El Paraíso del Mar' en Boca Chica. Es amplia, tiene espacio para los talleres y está alejada del bullicio de la ciudad. Los finalistas podrán concentrarse en su trabajo sin distracciones."
Sofía frunció el ceño y dejó el bolígrafo sobre la mesa: "Adrián, ya sé que quieres hacerlo todo perfecto por tu madre, pero... ¿estás seguro de que quieres mantener tu identidad en secreto? Los finalistas tienen derecho a saber quién es el patrocinador del concurso."
"Lo sé, pero quiero conocerlos como personas, no como el CEO de 'Cortés Global'. Quiero que sus historias hablen por sí mismas, no que me elijan por el dinero que puedo darles."
Sofía suspiró – sabía que cuando Adrián se ponía así, era imposible hacerle cambiar de opinión. Había visto esa misma determinación cuando decidió construir la corporación desde cero, después de la muerte de su padre.
"De acuerdo – entonces te presentarás como 'Asesor de Proyectos' de la editorial. Pero tienes que prometerme que no te meterás en problemas ni que te enamores de alguna finalista", dijo con una sonrisa burlona.
Adrián rió y se puso de pie para mirar por la ventana, donde se veía el Malecón de Santo Domingo lleno de gente caminando.
"No te preocupes, Sofía. Estoy aquí por la memoria de mi madre y por encontrar alguien que entienda su mensaje. Nada más."
Mientras tanto, en la sala de selección de manuscritos, los trabajadores de la editorial revisaban los documentos que iban llegando de todas partes del país. Ana – una joven editora de veinticinco años – tomó un correo electrónico que acababa de llegar y abrió el archivo adjunto.
"¡Oye, chicos!", gritó ella, llamando la atención de sus compañeros. "Tengo aquí un manuscrito que se llama 'Cuando el Destino Toca tu Puerta'. La escritura es increíble – se siente muy auténtica, muy real."
Unos minutos después, Sofía entró en la sala y tomó el portátil de Ana para leer las primeras líneas. Se quedó mirando la pantalla sin decir nada durante varios minutos, mientras los demás esperaban con interés.
"¿Qué tal?", preguntó Ana con nerviosismo.
Sofía levantó la vista con los ojos brillantes: "Es... maravilloso. Habla de amor de una forma sencilla pero profunda. El jurado tiene que leer esto de inmediato."
Ese mismo día por la tarde, Sofía llevó el manuscrito a la oficina de Adrián. Lo dejó sobre su escritorio junto al cuaderno de su madre.
"Tenemos un candidato fuerte", dijo ella. "Su nombre es Valeria Ruiz, de La Vega. No tiene ninguna publicación previa, pero su escritura tiene algo especial. Te la recomiendo que la leas."
Adrián tomó el portátil y abrió el archivo. Empezó a leer las primeras líneas y sintió algo que no había sentido en mucho tiempo – la sensación de estar leyendo algo que hablaba directamente a su corazón. Las palabras de Valeria eran diferentes a las de los demás candidatos – no buscaban impresionar con frases complicadas ni con historias extravagantes. Hablaban de la vida real, de los sueños de la gente común, de cómo el amor puede cambiar todo.
Mientras leía, su mirada se cruzó con el cuaderno de su madre sobre el escritorio. Las palabras de Valeria parecían ser la continuación perfecta de lo que su madre había comenzado a escribir años atrás.
"¿Sabes algo más sobre ella?", preguntó a Sofía sin quitar la vista de la pantalla.
"Solo que trabaja en un supermercado y cuida de su hermano menor, que tiene parálisis cerebral. En su carta de presentación dice que está participando por él – para poder costear un tratamiento que le ayude a caminar de nuevo."
Adrián cerró el portátil y se quedó en silencio por un momento. Había conocido a muchas personas en su vida – empresarios, políticos, celebridades – pero ninguna había logrado tocar su corazón como lo había hecho esta mujer que ni siquiera conocía.
"De acuerdo", dijo finalmente. "Prepara todo para la selección de los finalistas. Y asegúrate de que este manuscrito llegue hasta la última fase. Quiero conocer a la autora personalmente."
Sofía sonrió – sabía que su amigo había encontrado algo más que un simple candidato al concurso. Algo que podría cambiar su vida para siempre.