Capítulo 02

3098 Words
𝐍𝐚𝐫𝐫𝐚 𝐁𝐞𝐚: Esto tiene que ser una broma, de verdad que si que tiene que serlo. ¿Este no se había ido con aquella mujer, a sabe Dios donde? No sabía si hablarle o no. No quería que pasara algo, la cual ponga en compromiso mi misión. Todavía no tenia muy claro cuándo terminaré de reunir toda la información, para por fin entrar a infiltrarme. Realmente todavía no se sabía nada. Pero lo que sí tenía muy claro, es que por ahora debía seguir estando en las sombras, para seguir pasando desapercibida. Giro mi cabeza hacia al frente, con el fin de ignorarlo y no contestarle, pero siento como este se inclina hacia adelante para estar más cerca de mí. —¿Me estás ignorando a propósito o es que eres muda?—. Pregunta con tono inquisitivo. No me muevo, no me giro para mirarle. Tan solo me quedo igual, tratando de ignorarle lo más que puedo. —Vaya... primera mujer que me ignora tan abiertamente como si nada. Ruedo los ojos al escucharlo decir aquello con pena fingida. ¿Dónde estará el camarero? Quiero mi puta bebida y poder alejarme de aquí. —¿Tengo que esforzarme más para llamar tu atención? Insiste más, haciendo que sienta su aliento en mi oído. Frunzo el ceño y desvío mi mirada hacia el, mirándole con incredulidad. —¿Sabes lo que es el espacio personal?—. Pregunto, esta vez fulminandole con la mirada. —Anda mira si, si hablas. Sonríe triunfante al por fin hacerme hablar y se aleja de mí, manteniendo un espacio prudente. Vuelvo a rodar los ojos, poniendo mi atención de nuevo al frente, con la intención de ignorarlo nuevamente. —Eres de las que hablan muy poco, eh. No me importa, de todos modos me presentaré. Me llamo Nael, ¿y tú eres...? —Soy la persona que no quiere hablar. ¿No se nota?—. Contestó sin mirarlo. —Bua... qué ruda. Eso es más interesante aún... —. Dice con un tono travieso. Suelto un bufido y empiezo a tamborear mis dedos en la barra con impaciencia. No, ahora de verdad. ¿Dónde esta el camarero? Ya estaba empezando a pensar que lo estaba haciendo aposta, para que me quede con este tipo mas tiempo. —Te vi antes entrar con los Salazar. ¿Eres familia de ellos o esposa de...? —¿Tanta curiosidad tienes por mi?—. Le interrumpo. —¿No puedo tenerla? Nunca habían traído a ninguna dama con ellos. Además se sabe que uno de los mellizos está más que casado y el otro se acaba de comprometer. Y tú no eres ninguna de esas mujeres. —Se nota que sabes mucho de la familia Salazar—. Digo con incredulidad, por fin girándome para mirarlo. —Existe las noticias y los forros de internet, ¿lo sabes verdad? Puedo distinguir el sarcasmo en su voz, cosa que me hace hacer una mueca. —Obvio que lo sé, pero lo que no sabía es que tú estarías tan pendiente de ellos. —Solo se lo necesario. Pero no me has respondido la pregunta. ¿Acaso eres la nueva esposa del señor Salazar? —¿Y que si lo soy? En ese caso no deberías de estar hablando conmigo. —Te equivocas—. Se inclina nuevamente hacia adelante pero esta vez más cerca de mi rostro, con una sonrisa ladeada. —Eso lo hace aún más sospechosamente atractivo—. Susurra ahora sonriendo ampliamente. Frunzo el ceño, reconociendo sus verdaderas intenciones en su mirada y sonrisa. Me alejo sutilmente y me cruzo de brazos. —Entonces, estás queriendo decir que te interesan las mujeres casadas. No era una pregunta, era más una afirmación, dado al tono de voz que utilizo antes. Ahora no me cabía duda, que este se tiraba a todo lo que se movía. —Yo no dije eso, pero si lo quieres interpretar así, me parece más que bien. Ladeo mi cabeza mirándole con los ojos entrecerrados. Es más idiota de lo que me imaginaba. —No creo que al señor Salazar, le haga mucha gracia escuchar lo que acabas de decir. Se encoge de hombros y suelta una pequeña risa. —Yo no veo al señor Salazar aquí. Además, eso hace que el hablar contigo se más tentador. Me gusta lo que es prohibido. Me quedo boquiabierta antes su descaradez sin disimulo. ¿En serio acaba de decir eso como si nada? Cierro mi boca y nuevamente me le quedo mirando fijamente. —¿Qué quieres decir con eso? Puedo notar por la apertura de la máscara, como sus ojos brillan con picardía. Este da un paso hacia adelante acortado todo tipo de distancia entre nosotros y se inclina hacia abajo hasta estar al altura de mi oreja, ya que era más alto que yo. —Puedes interpretarlo como quieras. Pero lo que sí puedo decirte, es que llamas demasiado mi atención. No sé si fue por la forma en la que caminaste con tanta confianza cuando entraste o si fue por la forma en cómo callaste aquellas dos mujeres, que estaban hablando de ti, con tan solo una mirada. Solo sé que trasmites un aura demasiado atrayente...—. Susurra con voz ronca, que hace que sienta un cosquilleo en mi mejilla. —Señorita, su bebida. De repente habla el camarero desde detrás de la barra, haciendo que ponga mis manos en el pecho de Nael y le de un leve empujón hacia atrás, para alejarlo de mi. Carraspeo y me giro hacia el camarero para agarrar mi bebida. —Disculpe la tardanza. Se nos había acabado el café. —No, tranquilo, no pasa nada. Muchas gracias. Le doy un sorbo a mi copa, sintiendo la mirada de Nael, clavada en mi. Ósea que no había pasado desapercibida para el. Desde un principio el me ha estado observando. No se como sentirme ante esto. Vio todo. Mi entrada, la mirada amenazante que le eche aquellas dos larvas. Todo vio todo. Estaba siendo observada por el en todo momento. Ahora tiene sentido que cuando lo mire hablando con aquella mujer, el se diera cuenta de mi mirada y mi sonrisa divertida. Ahora el consejo que me dio mi padre, de que debía de tener cuidado y no llamar la atención de Nael, no tenía ningún sentido, porque ya la llame sin darme cuenta. Me doy la vuelta para alejarme de allí, pero una mano en mi muñeca, me detiene. —¿Ya te vas? Si ni siquiera se tu nombre... Miro su mano en mi muñeca y luego lo miro a él, con el ceño fruncido. —No hace falta que lo sepas. De todos modos ya no volveremos a hablar. —Oh, ¿de verdad crees eso? Ya te dije que capturaste mi atención y cuando alguien hace eso, soy un completo peligro. Lo miro con cara de: ¿𝖤𝗋𝖾𝗌 𝗂𝗆𝖻𝖾𝖼𝗂𝗅 𝗈 𝗊𝗎𝖾? —Te estas equivocando de persona. Puedo estar casada con el señor Salazar y tú aquí dándolo todo por mi atención. —O no. Puede que no estés casada con el y simplemente no me quieras dar tu atención. Realmente algo me dice que es lo que yo te estoy diciendo y no lo que tú quieres hacerme creer. —De verdad que no enti... —Bea, ¿qué hacías tardándote tanto para una simple bebida? Papá no deja de preguntar por ti. Aprieto los ojos con fastidio cuando Apolo llega hasta donde estamos y me interrumpe, diciendo aquello. Mierda... maldito Apolo. Me acaba de arruinar mi mentira. Escucho como Nael, bufa con diversión. Pero no le doy tiempo a decir nada. Me suelto de su agarre y me posiciono al lado de Apolo, tirando de él por su mano, para llevármelo de allí. —¿Y a ti qué te pasa? ¿Te estaba molestado ese canoso? Niego con la cabeza tirando de él hasta llegar a nuestra mesa. —Olvídalo, tú no lo entenderías. Ocupo la silla entre Apolo y Jeremías, y dejo mi bebida en la mesa. ¿En serio acaba de pillarme así? No era como si ya estuviera en la misión, pero estaba irritada, porque se revelo mi nombre y la ocupación que ocupaba en la familia, de la manera más estupida y sencilla que existía. Y eso lo hacía más frustrante aún. No quería que supiera nada de mi, ni siquiera quería que me hablara. Solo quería asistir, relajarme y representar bien a la familia. Pero resulta que ahora me tengo que preocupar de que el estupido peón de mi misión, no se acerque tanto a mi. Suspiro acomodándome bien en el asiento, justo cuando un hombre de algunos cincuenta años, sube al escenario. —Buenas noches. Gracias por acompañarnos esta noche. Para nosotros es un placer recibirlos a todos aquí—. Su voz suena por toda la sala. —Cada uno de ustedes ha sido invitado porque entiende el valor de lo exclusivo... y de lo irrepetible. Es por ello que hemos preparado una pequeña subasta para aquellos que les interese. Frunzo el ceño y desvío mi mirada hacia mi padre, dado a que no tenía entendido que habría una subasta en ese evento. Mi padre se encoge de hombros y los dos volvemos nuestro atención el escenario. —Lo que verán esta noche no volverá a exhibirse de esta forma. Como verán en cada mesa hay un letrero con un número específico para cada familia. No duden en levantarla si el artículo les interesa. Así que sin extenderme más...Damos inicio a nuestra subasta. El salón que antes estaba bien iluminado, ahora se bajan a una luz tenua, dejando una buena iluminación nada más en el escenario. En la tarima sale una mujer arrastrando una mesa con ruedas, que encima tenía un maletín cerrado. Bufo y me cruzo de brazos. Odiaba las subastas. Se me hacían realidad muy aburridas y siempre obviaba el ir a sitios así. Es por eso que muchas de las veces que mi padre me dejó de acompañarlo a algunas privadas y sin revelación de rostros, siempre le decía que no. Me inclino hacia adelante para llamar la atención de mi padre y la capto de una vez. Le gesticuló con la boca un: Voy al baño. Y este asiente. —Esta arma llamada Nambu tipo 94, fue creada en japon, en el año… Abandono el salón procurando en todo momento no molestar a nadie y camino por el enorme pabellón vacío. Ladeo mi cabeza a todas las direcciones, pero no logro ver a nadie que trabajara allí o que al menos supiera dónde estaba el baño. Con un suspiro avanzó por allí, sin rumbo alguno, a pesar de que este lugar era enorme. —¿Perdida, pequeña mentirosa? Detengo mis pasos en seco y giro todo mi cuerpo hacia atrás. Un Nael parado justamente a unos metros de mi, me sonríe con algo de burla. Chasqueo con fastidio, nada más ver verlo y me vuelvo a girar para seguir caminando. —Y... otra vez me vuelve a ignorar. Escucho su voz detrás de mi, pero no me detengo. No queria perder mi tiempo con ese tipo. Coloca su mano en mi cintura y me gira por completo hacia el, dejándome pegada a su pecho. Frunzo el ceño por no se cuantas veces desde que este se me presenta al lado. El me observa intensamente y lleva su mano libre por encima de la mascara, justamente donde estaba mi ceño fruncido. Empieza a masajear esa area suavemente, con su dedo índice. —Esta con esa mascara, puedo notar como no dejas de fruncir el ceño. Deberias de dejar de hacerlo. Te podrás vieja mas antes. Le doy un manotazo en la mano y cuando esté la aparta con una risa divertida, pongo mis manos en su pecho para alejarlo, pero el idiota, me aprieta más contra el, sin intención de soltarme. —¿Qué se supone que haces? Suéltame ahora mismo, acosador. —¿Acosador?—. Pregunta con confusión y diversión al mismo tiempo. —¿Esa no es una palabra demasiado fuerte para alguien que simplemente quiere llamar la atención de otra? —No, no lo es. Porque es prácticamente lo que estás haciendo. Me estás acosando, cuando sabes que no me interesas. —Auch... eso a dolido—. Dice fingiendo estar herido por mis palabras, poniéndose la mano en el corazón. —Sabes aunque eso haya dolido, no me importa. Porque ahora se que no estás casada con el señor Salazar y solamente eres su hija. Aunque... que yo recuerde, el señor Salazar solo tenía dos hijos, no tres... —Eso no te importa. Respondo cortantemente, volviendo a tratar de empujarlo. Pero su agarre en mi cintura, se vuelve más firme que antes. —Claro que me importa, porque ahora me interesas más. Ya no tengo que pelearme con nadie para tenerte—. Se inclina hacia adelante, dejando su rostro a escasos centímetros del mío. —¿Qué vas hacer al respecto con eso? ¿Te vas a encargar de mi o quieres ver hasta dónde puedo llegar contar de tener tu atención?—. Susurra, deslizando lentamente su dedo índice por mi espalda baja, hasta detenerse en el comienzo de mi trasero. Me quedo callada, allí mirándole fijamente. Ya entendía. Ahora sí que entendía porque se llevaba a muchas mujeres a la cama. Y es que era un cazador de primera. No le importaba. Era coqueto, provocativo y descarado, todo lo que a cualquier mujer volvia loca. El sabía. Sabía perfectamente que ya tenía mi atención, pero quería hurgar más. Quería especialmente que le diera mi aprobación y obviamente eso es lo último que recibirá de mi. Agarro su mano y la retiro con brusquedad, alejándome de él. —Buen intento, principito, pero ese intento de seducir no te sirviera de nada. Soy más que una simples palabras ridículas—. Dije antes de exhala con pesadez. —Ahora sí me disculpas, voy a seguir mi camino. No te me vuelvas acercar. Dicho eso vuelvo a retomar mi camino, alejándome todo lo que puedo de él. Tras unos minutos en los cuales camino y camino, por fin a lo lejos veo un letrero arriba de una puerta, que pone: Baño. —Por fin, joder...—. Murmuro para mi misma. Abro la puerta y entro. El baño es impecable. Mármol claro y grifería dorado. El espacio es pulcro, elegante, tan predecible como el resto del evento. Me apoyo un segundo en el lavamanos, observando mi reflejo. La imagen que se refleja era correcta. El control también. Lo dejé atrás, como se suponía que debía ser. Pero no sé por qué tengo la sensación de que no va a detenerse. Y menos después de no decir nada cuando me fui. Respiro hondo y me doy los minuto que vine a buscar, solo para estar lejos de esa maldita subasta. Es entonces cuando la puerta se abre. No me giro. Tampoco hace falta. Un paso. Luego otro. Hasta que el mármol frío queda a mi espalda y ya no hay distancia suficiente para fingir que esto no estaba previsto. Ahora sí lo miro. Sus manos estaba apoyadas en cada lado de mi rostro y el me miraba con una sonrisa ladeada. —¿Porque tengo la sensación de que no te he sorprendido ni un poco? —Porque no lo hiciste. Realmente estaba contando los minutos para que vinieras, acosador. —Entonces, eso quiere decir que me estabas esperando. —No dije eso. —Pero tampoco lo negaste. Dios... dame paciencia para lidiar con este imbecil, por favor... —Antes dijiste que eras más que unas simples palabras ridículas, ¿verdad? Asiento sin contestarle. —Bien, entonces dejaré de hablar. Sin darme tiempo a decir nada, se lanza sobre mí sin aviso. Su boca choca con la mía y me roba el aire antes de que pueda reaccionar. Sus manos me sujetan con firmeza, demasiado seguras, como si ya hubiera decidido por mí. Su lengua invade, exige, marca el ritmo. No es un beso lento ni cuidadoso. Es duro, insistente, cargado de una urgencia que roza la violencia. No me besa para gustarme. Me besa para reclamarme. Trato de alejarlo empujándole por el pecho, pero este no me deje. Me muerde el labio inferior y me empuja contra él, como si quisiera demostrar que el control lo tiene el. Sin darme cuenta, termino siguiéndole el beso. No de inmediato. Primero es un error, un segundo de descuido después de tantos intentos por apartarlo. Luego deja de serlo. Mis manos, que antes empujaban su pecho, se quedan ahí. Ya no lo apartan. Le devuelvo el beso con la misma intensidad que me está exigiendo. El control cambia de forma. Ya no es solamente el quien exige y busca más, si no que yo también me le uno. Su sorpresa dura lo justo. Después responde, más fuerte, más tenso, como si eso fuera justo lo que estaba esperando. El beso deja de ser una invasión y se vuelve un choque parejo. Cuando sus manos bajan hacia mi trasero para apretarlo, lo dejo. No iba apartarlo, no todavía. —Quítate la máscara... necesito verte...—. Susurra contra mis labios. Es en ese instante que me doy cuenta de que no debía de avanzar. No podía dejar que viera mi rostro, si no eso podría en peligro la misión. Mierda... Nos separamos por falta de aire. Los dos estábamos con la respiración agitada, el corazón latiéndonos a mil por aquel beso tan intenso. Siento cómo sus manos se mueven hacia mi máscara, intentando quitármela, y no puedo evitar detenerlo, agarrándole de las muñecas con firmeza. —¿Crees que por ese beso, voy a dejar que pase a más? —¿Si?—. Responde más como una pregunta, que una afirmación. Ya se me estaba olvidando lo idiota que era. Niego con la cabeza y lo empujo hacia atrás. Esta vez decidida a que ya termine este juego. —Qué pena, que tus deseos no se hagan realidad. Pasa una buena velada, Natanael. Sin más, me doy la vuelta y camino hacia la salida. —Es Nael —. Oigo su voz detrás de mí. Sonrío con diversión, sin girarme a mirarlo. Ya lo sabía, lo había hecho adrede. —Eso mismo dije. Le hago un gesto con la mano como despedida y salgo de allí, dejándolo parado y confundido. Ay, Nael... no sabes lo mucho que me voy a divertir contigo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD