Capítulo 06

2571 Words
𝐍𝐚𝐫𝐫𝐚 𝐁𝐞𝐚: Recuesto mi cabeza en mi antebrazo para mirar por la ventana del aula. Ya se me estaba haciendo costumbre el llegar, sentarme y quedarme toda la clase dibujando, durmiendo o mirando por la ventana. La materia que se estaba dando al frente era Contabilidad, la penúltima clase del día, dado a que ya era medio día. Y se me estaba haciendo demasiado aburrida. 𝐃𝐢𝐨𝐬... 𝐂𝐨𝐦𝐨 𝐪𝐮𝐢𝐬𝐢𝐞𝐫𝐚 𝐚𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐫 𝐞𝐧 𝐥𝐚𝐬 𝐦𝐚𝐥𝐝𝐢𝐯𝐚𝐬... Desde que tengo uso de razón, he estado trabajando sin descanso. Siempre infiltrada en algún lugar, asesinando o si no agarrando misiones al azar. A veces me encantaría coger vacaciones y no estar haciendo lo que hago por un tiempo, pero se me hacía complicado hablar de estos temas con mi padre, ya que se que no me lo permitirá. Aunque el sea un amor conmigo, es terco y algo exigente cuando se trata de la organización. Mi padre, mejor conocido como Bruno Salazar. Un hombre estricto y exigente con sus trabajadores, pero nunca rozando ni por asomo lo desagradable, ni lo grosero. El puede verse ante el ojo público como alguien importante, pero fuera de las cámaras y del público, el es un hombre demasiado tierno, con un solo problema, y es que es demasiado débil con sus hijos. Tanto Apolo, Jeremías y yo, fuimos criados con autoridad y disciplinas demasiado duras a la hora de ser sicarios. Pero cuando no estábamos entrenando o ejerciendo el papel de unos asesinos, éramos demasiado mimados por nuestro padre. Aunque el lo era aún más conmigo. Por una parte entiendo porque mi padre era así conmigo. Me crie sin una madre a mi lado, cuando tan solo tenía trece años. Edad en la que toda niña estaba empezando a entrar en la adolescencia. Realmente era donde más necesitaba a mi madre, pero gracias a Dios, pude tener mucho tiempo de calidad con ella. Mi madre, Teresa Miller. La mujer más amorosa y trabajadora que he conocido en toda mi vida. Ella y mi padre se conocieron en una infiltración que estaba haciendo el, en un evento benéfico en los Estados Unidos. El de quince años y ella de catorce, entablaron una conversación algo incómoda, ya que mi padre se tropezó con ella al estar huyendo de unos guardias que lo perseguían. Fue allí cuando mi padre tuvo que tomarla del brazo y hacer como si estuvieran hablando para esconderse. Mi madre desde que lo vio, no pudo evitar ayudarlo. Y así fue como se conocieron. Según mi padre, para el fue amor a primera vista. Aunque el estaba en malos pasos desde muy pequeño, ella no lo estaba. Dice que luego de esa conversación improvisada, tuvo que huir del lugar, pero se volvieron a encontrar, cuando tuvo que volver a los Estados Unidos, para cursar allí la universidad. Allí fue cuando realmente el quedó flechado de ella. Ya ellos eran adultos. Mi madre tenía dieciocho y mi padre diecinueve. Afortunadamente, ambos se reconocieron. Pero el tuvo que presentarse como Nolan Smith, no como verdaderamente se llamaba. Primero se hicieron amigos. El siempre la esperaba afuera de la puerta de la universidad, ya que ella estaba estudiando Diseño gráfico en esos tiempos y mi padre estaba estudiando Diseño de joyas, y por otro lado también Administración de Empresas. No tenía mucho tiempo, pero el único tiempo que podía sacar, lo sacaba para estar con ella. Según lo que cuenta mi padre, al principio antes de hacerse amigos, mi madre era alguien a la cual no podías "dominar". Era grosera con el, muchas veces le llego a llamar hostigador y pesado, porque a comparación con mi padre, para mí madre el era alguien del montón. En aquel momento cuando eran jóvenes y lo ayudó, simplemente lo hizo por pena y no porque le gustara. Vamos que básicamente odiaba tenerlo a su lado. Pero algo cambió en ella. Al verlo que no se rendía nunca, que a pesar de haber hecho de todo para alejarlo, el seguía ahí, y que siempre aparecía en los momentos más complicados y dolorosos para ella, aunque el tuviera muchas cosas que hacer, tocó una fibra sensible en ella. Al final sin darse cuenta, terminó abriéndose a él y contándole cosas que para ella eran personales. Fue así como el, le pidió una cita y aceptó sin dudarlo. Ellos se hicieron pareja, pero desafortunadamente, mi padre se tuvo que separar de ella, cuando mi abuelo paterno falleció. Tomo las riendas de los dos negocios y dejo la universidad a medias. Con lo que no contaba mi padre en ese entonces, era que mi madre ya estaba embarazada de los mellizos. El abandonó todo lo que tenía en Estados Unidos, hasta su relación con ella, y volvió a Italia sin mirar atrás. Cuando mi madre ya tenía la barriga bastante grande, mis abuelos maternos, que antes no se había dado cuenta, notaron su gran vientre. Como ellos eran demasiado estrictos y católicos, la echaron de casa, porque según ellos mi madre "había cometido adulterio". Teresa al verse sin hogar y embarazada, optó por irse a vivir con su mejor amiga, pero mi padre no lo permitió. La fue a buscar allí mismo, porque aunque el tuvo que dejarla ir por sus compromisos en Italia, el seguía pendiente de ella. Siempre tenía a hombres que la seguían y procuraban que no le faltara nada. La trajo a Italia y la cuidó como una reina. Fue allí cuando mi madre se enteró de que Nolan era en realidad Bruno Salazar, el heredero de Crown & Ash, donde se venden las joyas más prestigiosas y famosos del país. Bruno, tuvo que rogar mucho por su perdón y más cuando también se entero de que aparte de eso él dirigía la organización. Se había enterado de dos cosas a la misma vez y eso fue un shock demasiado grande. Nadie te prepara para saber que la persona que crees que es el amor de tu vida, es sicario, y no solamente eso, que era el mismo quien la dirigía. Ella se sentía traicionada y sentía que realmente no conocía a ese hombre. Pero el amor siempre gana, según dice mi padre. Y en este caso, gano eso. Pasados el tiempo mi madre tuvo a los mellizos y luego se enfocó en volver a la universidad, pero esta vez para estudiar Diseño de joyas. Fue así como se convirtió en la vicepresidenta y diseñadora de la empresa Crown & Ash, sin importarle a lo que verdaderamente mi padre se dedicaba. Lo demás es historia... Una mano en mi hombro me agita, sacándome de mis pensamientos. Levanto lentamente mi cabeza para dirigirla hacia la persona que estaba de pie frente a mí. —¿Eres Nora Bianchi?—. Pregunta un compañero que nunca había visto antes. —Si, soy yo... —. Asiento incorporándome en la silla y mirándole con algo de confusión. —Ah, así que eras tú. Llevan rato llamándote por el megáfono. Frunzo el ceño ahora más confundida que antes y aparto mi mirada para observar mi alrededor. Todos me estaban mirando con atención y curiosidad. —"Señorita Nora Bianchi, diríjase a la sala de reuniones, por favor". El megáfono suena por todo el aula, haciendo que me quede por unos segundos, procesando que era lo que estaba pasando. ¿𝐏𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐫𝐚𝐧 𝐥𝐥𝐚𝐦𝐚𝐧𝐝𝐨? Me levanto confundida de la silla y agarro mi mochila, saliendo del aula en silencio. 𝐐𝐮𝐞 𝐲𝐨 𝐬𝐞𝐩𝐚 𝐧𝐨 𝐡𝐢𝐜𝐞 𝐧𝐚𝐝𝐚 𝐨 𝐭𝐚𝐥 𝐯𝐞𝐳 𝐬𝐢... 𝐘𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞. 𝐒𝐨𝐲 𝐮𝐧 𝐢𝐦𝐚𝐧 𝐠𝐫𝐚𝐧𝐝𝐞 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐩𝐫𝐨𝐛𝐥𝐞𝐦𝐚𝐬, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐬𝐢𝐞𝐦𝐩𝐫𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐬𝐨𝐥𝐮𝐜𝐢𝐨𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐦𝐚𝐧𝐞𝐫𝐚𝐬 𝐧𝐨 𝐭𝐚𝐧 𝐚𝐠𝐫𝐚𝐝𝐚𝐛𝐥𝐞𝐬. Camino por el pasillo vacío por unos minutos, hasta que me detengo en la puerta donde había un letrero en grande: "Sala de reuniones". ¿𝐐𝐮𝐞 𝐡𝐢𝐜𝐞 𝐚𝐡𝐨𝐫𝐚? 𝐃𝐢𝐨𝐬, 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨 𝐬𝐞𝐚 𝐚𝐥𝐠𝐨 𝐠𝐫𝐚𝐯𝐞, 𝐩𝐨𝐫 𝐟𝐚𝐯𝐨𝐫 𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨 𝐡𝐚𝐲𝐚𝐧 𝐞𝐧𝐜𝐨𝐧𝐭𝐫𝐚𝐝𝐨 𝐚𝐥𝐠𝐨 𝐫𝐚𝐫𝐨 𝐞𝐧 𝐦𝐢𝐬 𝐝𝐨𝐜𝐮𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬. 𝐀𝐮𝐧𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐨 𝐝𝐮𝐝𝐨. 𝐀𝐧𝐚𝐢𝐬𝐚, 𝐞𝐬 𝐥𝐚 𝐦𝐞𝐣𝐨𝐫 𝐞𝐧 𝐞𝐬𝐭𝐨. 𝐀 𝐞𝐥𝐥𝐚 𝐧𝐨 𝐬𝐞 𝐥𝐞 𝐞𝐬𝐜𝐚𝐩𝐚 𝐧𝐚𝐝𝐚. 𝐀 𝐦𝐞𝐧𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐯𝐞𝐳 𝐬𝐢. 𝐀𝐲... Abro la puerta y entro, alejando todo tipo de pensamientos. Mi mirada se topa con un grupo grande de estudiantes. Habría al menos veinte alumnos aquí, al parecer de distintos departamentos, porque a muchos de los que estaban nunca los había visto, para no decir casi a todos. Es allí cuando mi mirada se detiene en Cassie y Nael, que están sentados juntos, pero sin dirigirse la palabra. —¿Eres Nora Bianchi? Desvío la mirada de ellos y la llevó hacia el frente. El hombre que me acababa de hablar, era el director de la universidad, que me mira con una ceja alzada a la espera de mi confirmación. —Mmm... si soy yo—. Contesto completamente confundida. —Perfecto, eres la última que faltaba. Dice observando una carpeta en su mano. Vuelve a mirarme y me muestra una sonrisa genuina. —Por favor, siéntate. La reunión está por empezar. Asiento lentamente, y camino entre todos, hasta sentarme en el fondo, justamente detrás de Cassie y Nael, donde puedo tener una buena visión de ellos. —Bien estudiantes. Me alegro de tenerlos aquí a todos reunidos. Se que todos os estaréis preguntando que hacéis aquí—. Hace una breve pausa. —Me complace informarles, que son los estudiantes escogidos para pertenecer al consejo estudiantil. Dado a que vuestras notas, son las mejores de vuestras clases, hemos decidido elegirlo como representantes de vuestros departamentos. Un silencio se forma en la sala, para luego empezar a sonar murmullos de todos. Algunos están sorprendidos, alegres como Cassie, que sonríe ampliamente. Y otros están neutrales o sin emociones algunas, como Nael y yo. Al parecer a él no le gusta mucho esta noticia, como a mí. —Silencio—. Pide con autoridad. —Se que esto es repentino, pero se acerca el evento de otoño y nos gustaría que nuestros mejores estudiantes, se hagan cargo de ello. 𝐕𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐛𝐚𝐬𝐢𝐜𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞, 𝐧𝐞𝐜𝐞𝐬𝐢𝐭𝐚𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐮𝐧𝐨𝐬 𝐞𝐬𝐭𝐮𝐝𝐢𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐞𝐬𝐭𝐮𝐩𝐢𝐝𝐨𝐬, 𝐨𝐫𝐠𝐚𝐧𝐢𝐜𝐞𝐧 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐮𝐬𝐭𝐞𝐝𝐞𝐬 𝐡𝐚𝐠𝐚𝐧 𝐞𝐥 𝐯𝐚𝐠𝐨 𝐲 𝐩𝐨𝐝𝐞𝐫𝐧𝐨𝐬 𝐜𝐚𝐫𝐠𝐚𝐫 𝐞𝐥 𝐦𝐮𝐞𝐫𝐭𝐨 𝐚 𝐧𝐨𝐬𝐨𝐭𝐫𝐨𝐬. 𝐆𝐞𝐧𝐢𝐚𝐥... —Eso no es todo—. Continúa el. —Como consejeros estudiantiles que serán, se beneficiarán de todo esto. Podrán obtener, Liderazgo y experiencia práctica, Peso en la universidad, Currículum más fuerte, Red de contactos, Habilidades blandas. Y sobretodo, contará a la hora de valorar sus notas. Todo es positivo. 𝐀 𝐦𝐢 𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐞 𝐢𝐦𝐩𝐨𝐫𝐭𝐚... Tuerzo un poco mis labios, no muy contenta con esta decisión. Pero luego mis ojos se fijan en Nael, que se cruza de brazos, luciendo ahora más interesado, mientras Cassie parece que en cualquier momento saltará de la silla de la emoción. —¿Hay algún alumno que no quiera serlo?—. Pregunta observando con atención a todos. —No se obliga a nadie, pero entendemos que esta es una buena oportunidad para cada uno de vosotros. Nadie se levanta de su asiento. Al parecer les convenció lo que dijo el director. Por mi parte, mi mirada no se despega de estos dos. Se que Cassie, no se irá dado a que esto le emociona, pero el que me importa realmente es Nael. Si el se levanta y se va, yo también lo haré. Se muy bien que Cassie, es ahora mi víctima para ir a esa fiesta, pero puedo encontrar muchas formas de acercarme a ella, que no tenga que ver con formar parte de un ridículo consejo estudiantil. Espero pacientemente a que Nael se levante, mientras rezo mentalmente para que se largue. 𝐕𝐞𝐧𝐠𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚𝐭𝐞, 𝐧𝐨 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐨 𝐬𝐞𝐫 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐞 𝐝𝐞 𝐭𝐨𝐝𝐚 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐦𝐢𝐞𝐫𝐝𝐚. —Perfecto. Muy inteligentes, como lo esperaba. Dice el director con una gran sonrisa, y es allí donde me doy cuenta, de que no podré librarme de esto. Suelto un suspiro bajo y me encojo en la silla. —Dicho eso, iré llamando a cada departamento. Se levantarán y diré quién será el presidente y vicepresidente de vuestro curso. Se eligió según vuestras notas. Así que el mejor será el presidente y el segundo vicepresidente. Todos asiente emocionados, mientras me encojo aún más en el asiento. 𝐌𝐞𝐧𝐮𝐝𝐚 𝐦𝐢𝐞𝐫𝐝𝐚... El director, empieza a nombrar departamentos uno por uno y los respectivos responsables se levantan. —¿Departamento de Criminología y Ciencias Forenses? Cassie y otro chico a la otra punta de la sala, se levantan. —Tomás, serás el presidente y Cassie la vicepresidenta. Ella asiente algo desganada, parece que quería ser la presidenta. 𝐀𝐬𝐢 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐫𝐞𝐬 𝐮𝐧𝐚 𝐟𝐮𝐭𝐮𝐫𝐚 𝐜𝐫𝐢𝐦𝐢𝐧𝐨𝐥𝐨𝐠𝐚, 𝐞𝐡. 𝐈𝐧𝐭𝐞𝐫𝐞𝐬𝐚𝐧𝐭𝐞... —¿Departamento de Administración de Empresas? Me espantó un poco al escuchar mi departamento y me levanto rápidamente de mi silla. —Nora serás la presidenta y Nael, serás el vicepresidente. Abro los ojos un poco asombrada. No sabía que mis notas estaban siendo mejor que las de Nael y más cuando no tengo mucho tiempo que entre. Nael gira su cabeza hacia atrás y me lanza una mirada fulminante y juzgadora. Ladeo un poco mi cabeza y le muestro una sonrisa burlona. 𝐓𝐨𝐦𝐚 𝐞𝐧 𝐭𝐮 𝐜𝐚𝐫𝐚. Vuelvo a sentarme cuando el director, nombra a otro departamento. Desde aquí, puedo sentir la mirada penetrante de Nael aún en mi. 𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐬𝐢 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐚𝐩𝐭𝐞 𝐭𝐮 𝐚𝐭𝐞𝐧𝐜𝐢𝐨𝐧 𝐞𝐡. Aguanto las ganas de reírme de él, y finjo no darme cuenta de que me está mirando. Unos minutos después, el director deja la carpeta a un lado y da una palmada, captando nuevamente nuestra atención. —Bueno, eso sería todo por esta reunión. Procuren que vuestras notas no bajen, eso lo digo más por los presidentes. Porque así como ahora son presidentes, pueden bajar a ser vicepresidentes o hasta salir del consejo, si sus notas bajan—. Advierte con seriedad. —Con eso dicho, ya pueden retirarse—. Dice antes de salir prácticamente corriendo de allí. Todos comienzan a abandonar la sala, justamente como el director había hecho, mientras trato de hacerme paso entre ellos para irme por fin de aquí. En eso, una mano me toma de la muñeca y me arrastra hacia dentro nuevamente. Frunzo el ceño y levanto mi mirada para ver quién era el que me había arrastrado hasta dentro. Un Nael, algo molesto, me mira con algo de recelo. Giro mi cabeza hacia atrás para darme cuenta de que ya estábamos solos. —Así que, ¿aparte de gustarte cagar en los baños de la universidad, también eres una listilla? Vuelvo a mirarlo esta vez con incredulidad al escucharlo decir aquello. —Ya te dije que eso no era lo que iba hacer en el baño, pero no entiendo porque te empeñas en que si iba a eso—. Ruedo los ojos. Su semblante cambia, esta vez mostrándome una sonrisa ladeada. Da un paso hacia mi, cosa que me hace dar un paso hacia atrás. Este baja su mirada hacia bajo, al notar mi retroceso y vuelve a mirarme, antes de dar otros pasos más hacia mi. Retrocedo otra vez. Así hasta que siento la pared lisa en mi espalda. El se inclina hacia adelante hasta que su mejilla toca mi mejilla izquierda. —Procura no bajar la guardia con las notas. Porque en estos meses puede pasar de todo. Me susurra en el oído, provocando que mi ceño se frunce ante su amenaza abierta. —¿Me estás amenazando? —Tómalo como quieras, rubita. Y con eso, se aparta y sale de allí como si nada, dejándome algo desconcertada. ¿𝐏𝐞𝐫𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐨𝐣𝐨𝐧𝐞𝐬?
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