Capítulo 00

2938 Words
𝟧 𝗆𝖾𝗌𝖾𝗌 𝖺𝗇𝗍𝖾𝗌 𝗉𝖺𝗋𝖺 𝗅𝖺 𝖾𝗃𝖾𝖼𝗎𝖼𝗂𝗈́𝗇 𝖽𝖾 𝗅𝖺 𝗆𝗂𝗌𝗂𝗈𝗇... 𝐍𝐚𝐫𝐫𝐚 𝐁𝐞𝐚: Le sujetó con fuerza del cabello y vuelvo a sumergir su cabeza dentro de la tina llena de agua hirviendo. —De verdad que me estás colmando la paciencia. Mira que soy paciente, pero no se si es tu cara de pedofilo o psicopata que tienes, que me dan ganas de matarte aquí mismo—. Murmuro con irritación. El hombre sigue retorciéndose para que lo suelte, pero yo sigo haciéndole presión hacia abajo para que no se levante. Cuento mentalmente hasta viente y cuando termino, vuelvo a sacar su cara del agua hirviendo por quinta vez. —A ver, anormal. Por última vez, ¿Dónde está la niña? El tose sin parar sin dándome una respuesta clara, aún aturdido y con el rostro completamente rojo de quemaduras de primer grado. —¿No piensas hablar? Le doy unos segundos para que hable pero este solo respira agitadamente incapaz de hablar. —Bien, entonces cambiemos de estrategia. Suelto una de mis manos de su mata de pelo y la llevo a mi bolsillo, sacando una foto de allí. La giro para que la vea, poniéndosela lo más cerca posible del rostro. —¿Conoces a esta familia? ¿Verdad que son muy tiernas? En la imagen se reflejaba a una mujer con sus dos niñas jugando en un parque. —¿Como... Como tienes esa foto?—. Pregunta con voz temblorosa. —Tu preocupación no debe de ser el cómo tengo esta foto, si no que donde están ahora mismo ellas—. Una sonrisa siniestra aparece en mi rostro nada más decir aquello. —Sabes, ya me parecías demasiado asqueroso por violar y vender a una niña, pero al ver que precisamente tú mismo tienes dos hijas gemelas, me causas aún más repugnancia. ¿Como una persona como tú, puede existir en este mundo? De la nada este empieza a sollozar y a negar con la cabeza varias veces. —Yo... yo no quería... estaba borracho y no estaba en mis cinco sentidos, lo juro. Tuve que venderla a unos hombres, porque tenía miedo de que hablara... Amo demasiado a mis hijas... Por favor no les hagas nada... Lo miro con incredulidad al escucharlo. 𝐃𝐢𝐨𝐬... 𝐃𝐞 𝐯𝐞𝐫𝐝𝐚𝐝, 𝐪𝐮𝐞 𝐠𝐚𝐧𝐚𝐬 𝐝𝐞𝐬𝐜𝐮𝐚𝐫𝐭𝐢𝐳𝐚𝐫𝐥𝐨 𝐚𝐪𝐮𝐢 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐨. —Mira Antonio... —Es Toni... me llamo Toni... —. Me interrumpe el todavía llorando a moco tendido. —¿Toni? ¿Tú no eras Antonio?—. Preguntó con confusión. El hombre niega varias veces. —No, me llamo Toni... estuviste llamándome Antonio por horas. Yo te lo quise decir, pero no me diste oportunidad... Ladeo mi cabeza hacia un lado observándole con detenimiento. Tras unos segundos en los cuales estuve escaneando su rostro ahora hinchado, frunzo el ceño con extrañeza. —Entonces... ¿a quien violaste tu? Los dos nos quedamos en silencio. Yo porque me acababa de dar cuenta de que tal vez me había equivocado de persona y el seguro porque no quiere responder a mi pregunta. —Espera... ¿entonces tú también eres un violador de niñas?—. Me quedo boquiabierta por unos segundos antes de negar con frustración. —Joder, si es que os parecéis muchísimo. Ademas, ¿no existen mujeres con las cuales acostarse, que tienen que abusar de menores? Aunque... con esa cara de psicopata que tienes, es normal que nadie quiera acostarse contigo. ¡Pero eh, eso no quiere decir que tengas que violar a niñas indefensas, maldito desgraciado! Vuelvo a sumergir su cabeza en la tina, dejando que este se retuerza todo lo que quiera para que lo saque. Justamente en ese momento suena mi teléfono. Lo saco de mi bolsillo trasero y contesto de una vez, al verse reflejado el nombre de mi padre en la pantalla. —Osa hija menor al aparato. Escucho un suspiro de cansancio de la otra línea. El detestaba que contestara de esa manera y más cuando lo obligaba a contestar con un: "Oso patriarca al aparato". —Bea, ¿cuando contestaras como una persona normal? —Sabes que soy de todo menos normal. Dígame oso patriarca, ¿a qué debo esta llamada tan inesperada? Acabas de interrumpir uno de mis castigos. Bajo la mirada hacia el hombre que estaba en la tina y allí me doy cuenta de como este estaba empezando a estirar las piernas, señal de que ya se estaba ahogando. —Mierda... Dame unos segundos jefe. Vuelvo a dejar el teléfono detrás de mi bolsillo y jalo al ogro aquel del cuello con brusquedad, tirándolo al suelo. Este cae al no poderse apoyar en el suelo, ya que tenía las manos atadas atrás de la espalda. Tose y inhala aire como si la vida le fuera en ello, tratando de recuperar el aliento. Me enderezo y camino hacia una silla que habían en aquel almacén donde el trabajaba. Me siento y lo dejo allí tirado nada más con la ropa interior puesta. Saco mi teléfono nuevamente y me lo pongo en la oreja. —Oso patriarca, ¿sigue ahí? —Si, Bea, sigo aquí—. Contesta con pesadez. —Vale, ahora sí, dígame. ¿Para que soy buena? —Sabes que eres buena para todo, pero ahora ponte seria, esto es importante y necesito que me escuches muy bien. Asiento como una idiota aunque era obvio que el no me podía ver. —Necesito que dejes esa misión aparte. Tengo una nueva misión para ti y es de nivel tres. Esbozo una sonrisa triunfal, nada más al escuchar la categoría de la misión. En nuestra organización, organizamos las misiones por categorías. El nivel uno, eran casos comunes: mujeres despechadas por engaños de sus maridos y torturas sin llegar a matar. Es así como llegamos al nivel dos: Personas que si merecen castigo o la misma muerte por su acciones y silenciar secretos. Y el nivel tres, el mejor de todos: Las venganzas. Siempre me han gustado hacer misiones de nivel tres, porque siempre tienen un sobregiro del cual nunca te llegas a imaginar. Sin contar que es chisme gratis de los grandes. Normalmente empiezas con un objetivo y salen miles más de los cuales te tienes que encargar. Y no solamente eso, que requiere más organización y más tiempo de lo habitual. Como infiltrarte, tomar decisiones importantes que te lleven a completar un puzle entero. Todo eso no estaba comparado con el nivel uno. Es por eso que nunca me dan misiones de ese nivel, porque saben que las termino en menos de una hora y luego me pongo perezosa. En este caso, el hombre al cual estoy torturando, es de nivel dos. Sus acciones es lo que lo a llevado a donde está ahora mismo, aunque creo que me he equivocado de persona. Desvió mi mirada hacia el frente para volver a mirar al regordete. Se había arrastrado hacia la pared para apoyarse en ella. Tenía los ojos cerrados como si estuviera apunto de quedarse dormido. Frunzo el ceño con algo de enojo y agarro una navaja de la mesa, lanzándosela con una fuerza calculada, para que se clavé en la pared a escasos centímetros de su rostro. —¡Hey, cerdo! Nada de dormir aquí, ¿o crees que esa pobre niña tuvo algún tipo de descanso? Maldito pederasta. El abre los ojos como platos y se queda en completo silencio, haciendo que pueda volver a atender la llamada. —¿Así que de nivel tres? —Si, escúcha. Deja esa misión. Mandaré a algunos de los muchachos para que se hagan cargo de Antonio. Y a ti te veo en casa, tienes cuarenta minutos. Me dice con voz autoritaria, pero yo no me concentro en todo lo que me dijo, si no que me muerdo el labio inferior al escuchar el nombre de la persona que de verdad tendría que estar torturando ahora mismo. —Sobre Antonio... pues a habido un problema. Muy pequeñito... Otro suspiro se escucha de la otra línea, pero esta vez de irritación. —¿Que pasó ahora?—. Habla con tono cansado. —Bueno... resulta que... tal parece... por casualidad de la vida....sin que yo quisiera eso.... puede que haya torturado aún tal Toni y no aún Antonio. Aprieto mis ojos a la espera de algún regaño, pero este no llega. Tan solo se forma un gran silencio por unos segundos, antes de que yo hable. —Pero hay algo bueno en todo esto. Agarré al equivocado, pero es un pedofilo viola menores igual que Antonio. Así que es un dos por uno. ¿Haz visto que suerte? —Y Antonio, ¿dónde está? —El estaba aqui en este mismo almacén, pero es que los dos pancetas se parecen muchísimo y encima trabajan los dos aquí, pero en diferentes horarios—. Hago una pausa. —Cuando me mandaron la foto y lo investigue, me di cuenta de que habian dos que se parecian, pero obte por dar seguimiento al que deducia que era. Al final creo que dejé ir a Antonio, pensando que era este tal Toni y agarré a Toni pensando que era Antonio. Pero eh, además de parecer gemelos, los dos tienen la misma afición, ¡de violar a menores de edad! Grito lo último para que Toni me oiga. Este obviamente me oye y tiembla nada más escuchar mi grito. —Bueno... dado a que los dos son unos degenerados, a los hombres que mandaré para allá, lo torturaran un poco, pero sin llegar a matarlo. Al fin y al cabo el no es nuestro objetivo. Nada más le daremos un susto para que deje de hacer lo que hace. Y con el tema de Antonio, pues mandaré a otros cuatros a buscarlo. —No, no hace falta. A los que vienen aquí, solo diles que lo lleven al hospital. Porque a este quiero aplicarle mi método de castigo contra pedofilos. —Murmuró con una sonrisa ladeada, mirando fijamente a Toni. —Está bien, pero como te dije antes, solo te daré cuarenta minutos para que llegues a mi oficina. Ni un minuto más. —Bien. Los minutos empiezan... —. Hago una pausa de unos segundos. —¡Ya! Grito y cuelgo rápidamente, levantándome de la silla. Arrojo mi teléfono a un lado y empiezo afilar mi navaja con otra. —Sabes Toni. Ahora que se que me equivoqué de persona, puedo decirte que tu familia nadie le ha hecho nada, simplemente quería asustarte. Porque a comparación contigo, yo si no hago daño a inocentes. Te seguí por dos días pensando que eras específicamente tu compañero de trabajo de las mañanas. Gracioso, ¿verdad? Hasta seguí a tu familia porque te vi saliendo con ellas. Una locura. Dejo una de las navajas en la mesa y me acerco a él con una en la mano. Nada más llegar hasta donde estaba, me agacho para estar a su altura. —Pero aquí hay un pequeño problema, y es que tú mismo confesaste haber violado a otra menor de edad. Podías haber salido impune de todo esto, porque no eras tú mi objetivo. Pero hablaste de más y yo detesto a las personas como tú. Satisfacer tus necesidades con una menor indefensa, que no tiene forma de cómo protegerse, es de ser un mal nacido, ¿no crees? —No... no... yo no hice nada. Confesé porque me tenías presionado, no porque realmente lo haya hecho. Lo juro. —Pequeño cerdito, jurar en vano cuando sabes que es mentira, está mal—. Paso la navaja por su mejilla derecha. —Ahora yo, te voy a quitar lo más apreciado que tienes y con lo que TU, jodido asqueroso, usaste para joderle la vida a esa pobre niña. Prepárate porque serán, los cinco minutos más dolorosos de tu vida. Tras unos minutos de conducción rápida por las calles, aparco mi moto en el parking de la mansión. Llevaba un regalo para mis hermanos mayores. Así que no tardo nada en salir corriendo hacia la puerta principal en busca de ellos. Los mellizos, Apolo y Jeremías, se encontraban en la sala de cine. Lo sabía porque desde aquí se podía escuchar un poco la bocina del proyecto. Ellos cuando no estaban en sus casas o haciendo alguna mision, pasaban horas y horas viendo series allí. Abro la puerta lentamente y corro hacia el centro donde estaba la pantalla. —Hola, hola. Queridos les tengo un regalo. Dije así sin más, cosa que los hace soltar un bufido por estar tapándoles la pantalla. —Quita, quita, pesada—. Dice Apolo con irritación. —A ver, imbeciles. Les estoy diciendo que les traje un regalo. Esa no debería de ser la reacción que deberían de tener cuando alguien les quiere obsequiar algo valioso. Ellos ruedan los ojos a la misma vez y Jeremías detiene lo que estaban viendo. —Venga, ¿que trajiste? Espero que sea verdaderamente impresionante—. Dice Jeremías, bruzandose de brazos. —Si, si. Lo juro. Toma. Le entrego la bolsa bien envuelta y Apolo lo agarra. Lo examinan desde afuera detenidamente con sus ceños fruncidos, también lo palpan con las manos y se que pueden sentir lo blandito que es lo que hay dentro. Antes de que lo abran frente a mi, salgo corriendo hacia la puerta para irme. Justamente cuando iba a cerrar la puerta, escucho arcadas desde dentro. —¡Joder, que asco! —¡Y encima es de los pequeños y regordetes. Que cosa más asquerosa! —¡Bea!—. Gritan los dos al mismo tiempo. Suelto una carcajada y termino de cerrar la puerta, volviendo a correr, esta vez para subir las escaleras hacia el segundo piso, y ir por fin a la oficina de mi padre. Toco su puerta tres veces, como siempre hacía para que sepa que era yo y entro sin esperar a que esté me de el paso. —Buenas—. Saludo con cortesía. Camino hacia el y le doy un pequeño beso en la mejilla antes de sentarme en la silla que estaba al frente de su escritorio. —Muy bien, llegaste justo a tiempo. Le muestro una sonrisa arrogante y este carraspea. —Bueno... esta misión es algo complicada y peligrosa. Realmente pensé mucho sí debía de mandar a tus hermanos para esto, pero creo que no hay mejor persona para el encargo que tú. Se recuesta en la silla y me mira fijamente, allí es cuando me pongo seria. Se que lo que va a decirme es de suma importancia. —Hace una semana, se dio por desaparecido Nicolás Kensington. ¿Haz escuchado sobre el? —Si, algo se. Si no me equivoco es uno de los narco traficantes más grande del país. —Si ese mismo. Tiene de tapadera la empresa Redline Dominion, siendo así una de las tres empresas más poderosas. El tema es que a desaparecido y no a dejado ningún rastro. —Y tú quieres que yo lo encuentre, ¿no? El asiente pero no muy convencido. Se inclina hacia adelante y apoya sus codos en el escritorio. —Si, la tarea principal es que lo encuentres, pero quiero que me lo entregues vivo. Lo quiero más que vivito. Porque sospecho que el esta desaparecido por decisión propia y no por secuestro o algo así. Realmente hay muchas cosas que no cuadran en este asunto. —Bien, si eso es lo que quieres, eso haré. Pero… ¿porque lo quieres vivo? ¿Y de quien es este encargo? Este se queda en silencio por unos segundos, algo pensativo. —Como te dije antes esto no será fácil, Bea. Tendrás que infiltrarte—. Ignora completamente mis preguntas. —Nicolás, tiene un hijo, más o menos de tu edad que se llama Nael. El ahora mismo está en la universidad, especializándose en administración de empresas. Ahí es donde entras tú—. Me señala con el dedo índice. —Te infiltraras para estudiar justamente lo mismo que el. Tu tarea hasta ahora es, acercarte lo más que puedas a el. Encontrar toda la información que puedas, hasta seduciéndolo si es necesario, ya que se dice que es un don Juan de primera. Escucho todo con suma atención. Pero hay muchas preguntas en mi cabeza, ahora mismo. Es la primera vez que mi padre me encarga una misión, sin decirme quien lo pidio. Es raro porque es de nivel tres. Eso quiere decir que es una venganza. Pero no me a mandado a matar, si no a espiar y capturar. Esta mision me resulta muy extraña. ¿Porque no quiere decirme de quien es este encargo? ¿Sera que es de el? Pero… ¿y de que o porque mi padre se querria vengar de ese hombre? Aquellas preguntas retumba en mi mente, pero por ahora creo que no es momento de preguntar sobre ello. Así que decido dejar ese interrogatorio para más adelante. —Entonces, nada más tengo que infiltrarme. Seducirlo si es necesario y coger toda la información que pueda sobre el paradero de su padre. —Exacto. Pero para este encargo, debes de seguirlo mucho antes de entrar a la universidad. Aunque Nael, es nuestro peón, busca otros peones para acercarte más a él. Muévete allí a donde el vaya. Cuando esté completamente lista, nada más me lo tienes que hacer saber y creamos tu identidad falsa para que sea lo más creíble posible. Tienes que utilizar todo tu potencial en esto, porque esa gente si que no se van con rodeos. Asiento con algo de emoción. Por fin una misión que requiere todo mi potencial.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD