𝐍𝐚𝐫𝐫𝐚 𝐁𝐞𝐚:
—Y... así es como pueden generar mejor un balance general—. Termina de explicar el profesor.
Aún estábamos en clase, y yo todavía tenía mi cabeza en mi antebrazo y mis ojos cerrados. Eso no significaba que estuviera durmiendo, al contrario. Escuchaba todo lo que se estaba diciendo. Pero me negaba rotundamente a dormir después de la escenita que tuve con Mikaela.
—Profesor, ¿eso es lo mismo que el estado de resultados?—. Pregunta Jumin al lado mío.
Resoplo internamente.
Desde que ha empezado la clase, Jumin y Nael no han parado de hacerle preguntas al profesor.
Me daba la sensación de que al final el maestro se daría cuenta de que estaba "durmiendo" en su clase.
𝐃𝐞𝐣𝐚 𝐲𝐚 𝐝𝐞 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐫 𝐩𝐫𝐞𝐠𝐮𝐧𝐭𝐚𝐬...
—No. Y si los confunden en el examen, lloran ustedes, no yo. El balance general muestra lo que la empresa tiene y lo que debe en un momento específico.
—¿O sea, activos y pasivos?—. Vuelve a preguntar Jumin.
𝐀𝐠𝐡...
—Exacto. Activos, pasivos y patrimonio. Si no recuerdan esa fórmula básica, estamos en problemas.
—¿Y el estado de resultados?
—Ese muestra lo que la empresa ganó o perdió durante un periodo. Uno es una foto. El otro es una película.
Se escucha un gran "Ahh" por todo el aula, de todos mis compañeros.
—Ah... ya entendí—. Murmura Jumin.
—Eso espero. Porque la contabilidad no es complicada. Solo castiga a los distraídos. Como por ejemplo algunos que solo vienen a dormir.
Se forma un gran silencio tras el profesor decir aquello. Sé perfectamente que se refiere a mí.
𝐀𝐧𝐝𝐚.... 𝐲𝐚 𝐬𝐞 𝐝𝐢𝐨 𝐜𝐮𝐞𝐧𝐭𝐚, 𝐣𝐮𝐬𝐭𝐨 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐦𝐞 𝐥𝐨 𝐢𝐦𝐚𝐠𝐢𝐧𝐚𝐛𝐚.
Levanto la mirada para mirar al frente y me doy cuenta de que todos me estaban mirando. Incluido Nael.
Le muestro una sonrisa en modo de disculpa al profesor, y este suspira.
Antes de que pueda hablar, suena la campana dando a entender que la clase ya había terminado.
—Si lo sé, no te dejo sentar aquí y dejo que Mikaela te dé la bofetada—. Murmura Nael con indiferencia antes de recoger sus cosas y caminar hacia la salida.
Frunzo el ceño, siguiéndolo con la mirada.
Había discutido con esa loca por ese asiento simplemente para no ser notada por el profesor, pero como quiera él se dio cuenta por culpa de esos dos.
¿𝐓𝐚𝐧𝐭𝐚𝐬 𝐩𝐫𝐞𝐠𝐮𝐧𝐭𝐚𝐬 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝?
𝐍𝐨 𝐞𝐬 𝐭𝐚𝐧 𝐝𝐢𝐟𝐢𝐜𝐢𝐥 𝐝𝐞 𝐞𝐧𝐭𝐞𝐧𝐝𝐞𝐫.
𝐀𝐧𝐨𝐫𝐦𝐚𝐥...
—No lo culpes. Hoy está de mal humor.
Dirijo mi mirada hacia Jumin, que me mira mostrándome una sonrisa genuina.
—Su mal humor no le importa a nadie. Debería controlar su temperamento. Nadie tiene por qué aguantarlo—. Refunfuño.
—¿Qué te puedo decir? Él es así, pero es un buen tipo.
—Sí, claro. No me cabe ningún tipo de duda—. Digo sarcásticamente.
Jumin suelta una pequeña risa y se levanta de su asiento.
—Por cierto, me llamo Nakamoto Jumin. Todos me llaman Nakamoto, pero tú puedes llamarme Jumin.
—Lo sé, sé cómo te llamas. Tampoco fue difícil saberlo cuando todos hablan de vuestro grupito de cuatro, que es el más popular de la universidad—. Contesto devolviéndole la sonrisa genuina.
Este hace una mueca, no muy sorprendido.
—Por favor, no hables de ello—. Niega varias veces con la cabeza. —Es incómodo que me categoricen como un popular. Preferiría pasar desapercibido, pero con la reputación que tenemos y encima ser amigo de Nael, eso no ayuda en nada.
—No hay mejor solución que alejarse de Nael—. Bromeo.
Jumin vuelve a reír y a negar con la cabeza.
—Se puede ver como un idiota, pero en realidad es amable.
—Perdona, ¿estamos hablando de la misma persona?—. Pregunto entrecerrando mis ojos.
Él ríe de nuevo.
—Aparte de haber confrontado a Mikaela, eres graciosa. ¿Cómo te llamas?
—Lo sé, soy genial—. Vuelvo a bromear. —Oh, es verdad, no te he dicho mi nombre. Soy Nora Bianchi, pero tú puedes llamarme... —. Hago una pausa algo pensativa. —Pues Nora.
Este sonríe ampliamente.
—Bien, pues Nora. Me has caído muy bien, pero ahora tengo que irme. Nos vemos luego, pues Nora—. Dice antes de empezar a alejarse hacia la salida.
—Espera... lo que quería decir es que solo me llames Nora...
Trato de decirle, pero este me hace un gesto con la mano y sale del aula.
Tuerzo un poco mis labios y me quedo mirando fijamente la salida aún sin levantarme de la silla.
𝐀𝐥𝐚, 𝐩𝐨𝐫 𝐥𝐨 𝐦𝐞𝐧𝐨𝐬 𝐲𝐚 𝐥𝐞 𝐜𝐚𝐢𝐠𝐨 𝐛𝐢𝐞𝐧 𝐚 𝐮𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐫𝐚𝐭𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐍𝐚𝐞𝐥, 𝐬𝐢𝐧 𝐧𝐢𝐧𝐠𝐮́𝐧 𝐞𝐬𝐟𝐮𝐞𝐫𝐳𝐨.
𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐬𝐨𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞𝐝𝐚 𝐯𝐨𝐥𝐯𝐞́𝐫𝐦𝐞𝐥𝐨 𝐚 𝐭𝐨𝐩𝐚𝐫 𝐚 𝐯𝐞𝐫 𝐬𝐢 𝐦𝐞 𝐢𝐧𝐯𝐢𝐭𝐚 𝐚 𝐥𝐚 𝐟𝐢𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐝𝐞 𝐦𝐚𝐧̃𝐚𝐧𝐚.
𝐓𝐚𝐥 𝐯𝐞𝐳 𝐧𝐨 𝐭𝐞𝐧𝐠𝐚 𝐧𝐢 𝐪𝐮𝐞 𝐫𝐞𝐥𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐫𝐦𝐞 𝐜𝐨𝐧 𝐂𝐚𝐬𝐬𝐢𝐞.
Cuanto menos personas me acerque para conseguir mi objetivo, mejor.
Con eso en la mente, ahora sí me levanto y salgo de allí.
El tiempo pasa y con ello mi impaciencia por toparme con Jumin por casualidad. Lo había estudiado muy bien por si surgía algo así. Aunque nuestra conversación fue pura casualidad, en casa había planeado todo tipo de formas de cómo acercarme a los ratones de Nael. Pero justamente hoy, que necesito más que nunca aproximarme a el, no lo encuentro por ningún lado.
Resoplo, apoyándome en una de las taquillas del pasillo.
Ya era hora de comer y me había recorrido prácticamente la universidad entera en busca de ese ratón. Pero, como todo ratón que es, resulta ser demasiado escurridizo.
La fiesta será mañana y todavía no tengo ninguna invitación oficial. Según escuché a Cassie y a sus amigas el otro día en el baño, las fiestas que organizaba Oliver eran exclusivas. Quien entrara sin invitación sería echado inmediatamente. También se comentaba por los pasillos que para entrar necesitabas una invitación de algún amigo suyo o directamente de él para obtener el folleto oficial.
No tenía opción. Jumin había desaparecido justo cuando más lo necesitaba. Cassie no.
No sabía qué tan cercana era a Oliver, pero por lo que sé, iba a ir a la fiesta. Y eso era suficiente. No necesitaba su amistad. Necesitaba una invitación.
Miré el pasillo lleno de estudiantes moviéndose hacia el comedor.
Sacarla de allí no sería fácil. Pero siempre hay una forma.
𝐈𝐫𝐞́ 𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐮𝐧 𝐜𝐚𝐟𝐞́, 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐚𝐧𝐚𝐥𝐢𝐳𝐚𝐫 𝐞𝐥 𝐚𝐥𝐫𝐞𝐝𝐞𝐝𝐨𝐫.
Ajusto la mochila sobre mi hombro y comienzo a caminar hacia el comedor.
Desde que he entrado a esta universidad, no había puesto ni un solo pie en ese comedor.
Nada más entrar, me recibe un espacio amplio, con mesas redondas repartidas por todo el lugar y estudiantes sentados comiendo. Todos hablan, comen y van de un lado a otro con sus bandejas.
De pronto, tengo que apartarme cuando un chico camina hacia mí con la bandeja en la mano y la mirada puesta en sus amigos.
Ruedo los ojos y desvío la vista hacia el fondo. El buffet. Las máquinas. Snacks. Bebidas. Y la más importante ahora mismo: la de café.
Sonrío al verla y camino hacia ella, haciendo zigzag entre las mesas para no tropezar con nadie.
Por el rabillo del ojo, observo la mesa donde están sentados Nael y Oliver, rodeados de varios estudiantes lame pelotas que intentan llamar su atención. No hay rastro de Jumin ni de Mikaela.
Frunzo el ceño.
¿𝐃𝐨𝐧𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐫𝐚́𝐧 𝐥𝐨𝐬 𝐨𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐝𝐨𝐬?
Me encojo de hombros y le resto importancia. De todas formas, no estaba allí para vigilar a esos cuatro.
Llego hasta la máquina de café, y me pido un café descafeinado sin azúcar.
Odiaba el café. A todos le daba energía y los mantenía despiertos, mientras a mi me provocaba lo contrario. Con tan solo beberme una taza, ya me daba sueño o me provocaba ansiedad. Es por ello que lo tenía prohibido.
En este caso, lo pido, pero sin intención de bebérmelo.
Agarro el vaso cuando la máquina termina de servirlo y me giro para recorrer el comedor con la mirada.
Como siempre, todos están sentados por grupos. Los de música. Los de arte. Y los deportistas. Cada uno en su mesa.
Todos tenían su grupo, menos yo. Obviamente por ser la becada.
Después de la reunión con el director, todos se enteraron que era pobre. Y desde entonces, me hacen el vacío en las clases o en los pasillos.
Realmente no sé quién esparció el rumor, pero tampoco me importaba. Estaba allí por una misión, no para hacer amigos. Y si lograba hacer alguna amistad, sería por puro interés de por medio.
Como quiera, cuando consiga lo que quiero de Nael, me largaré de aquí y no los volveré a ver a ningún.
Lo irónico es que muchos me miran por encima del hombro sin saber que soy más rica que varios de los que están aquí. No por un padre millonario, si no por mi propio esfuerzo.
Esa es una de las cosas que más detesto de los ricos jóvenes. No todos. Pero muchos juzgan por patrimonio y eso lo encuentro verdaderamente irritante.
Mi mirada sigue recorriendo el lugar hasta detenerse en una mesa en específico.
Cassie ya había terminado de comer. Hablaba animadamente con las mismas dos chicas que estaban con ella en el baño el otro día.
Es la única mesa sin un grupo grande. Tan solo están sentadas ellas tres.
𝐁𝐢𝐞𝐧. 𝐘𝐚 𝐥𝐚 𝐭𝐞𝐧𝐠𝐨 𝐥𝐨𝐜𝐚𝐥𝐢𝐳𝐚𝐝𝐚.
𝐏𝐞𝐫𝐨 𝐚𝐬𝐢́ 𝐧𝐨 𝐦𝐞 𝐬𝐢𝐫𝐯𝐞.
𝐏𝐢𝐞𝐧𝐬𝐚, 𝐁𝐞𝐚, 𝐩𝐢𝐞𝐧𝐬𝐚...
El café estaba bastante caliente. Así que opto por sentarme en una silla vacía, cerca del buffet.
El olor de la comida me pega de golpe, era algo sofocante, pero daba igual. Está era la única mesa vacía y mi intención no era quedarme demasiado tiempo aquí.
Vuelvo a recorrer el comedor con calma, en busca de una forma de tener a Cassie para mí sola.
Y es allí cuando veo en algo que ya había visto antes.
El chico que el director nombró presidente del consejo estudiantil junto a Cassie no deja de mirarla disimuladamente. Justo como hacía en la reunión de hace días.
𝐈𝐧𝐭𝐞𝐫𝐞𝐬𝐚𝐧𝐭𝐞...
Bajo la mirada hacia el vaso. El vapor asciende lentamente.
𝐘𝐚 𝐥𝐨 𝐭𝐞𝐧𝐠𝐨...
𝐓𝐨𝐦𝐚́𝐬... 𝐬𝐞𝐫𝐚́𝐬 𝐦𝐢 𝐩𝐞𝐨́𝐧.
Una sonrisa rápida se forma en mis labios y, sin perder más tiempo, saco de mi mochila un cuaderno y un bolígrafo.
"Esa chica a la que no dejas de mirar tampoco deja de mirarte a ti. También se muere de ganas de que le hables. No pierdas más tiempo. Es ahora o nunca."
Escribo eso, arranco la hoja y la doblo, esperando el momento justo.
Tras unos minutos, uno de los chicos de esa mesa se levanta y se acerca al buffet para servirse más comida.
𝐏𝐞𝐫𝐟𝐞𝐜𝐭𝐨.
Me coloco la capucha de la sudadera y me levanto con el café en la mano, ahora un poco más frío.
Camino hacia él y me sitúo a su lado con naturalidad.
—Oye, entrégale esto a Tomás.
Le extiendo la nota sin girar la cabeza para que no vea mi rostro.
—¿Mmm?
El chico toma el papel.
No le doy tiempo a preguntar nada más. Me doy la vuelta y camino hacia la salida sin mirar atrás.
𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐬𝐨𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞𝐝𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐮𝐞𝐫𝐝𝐚𝐧 𝐞𝐥 𝐚𝐧𝐳𝐮𝐞𝐥𝐨.
Salgo del comedor, pero no me alejo. Me quedo junto al ventanal que da hacia dentro.
Observo al chico caminar hasta la mesa. Se sienta junto a Tomás y le pasa la nota, susurrándole algo al oído.
Tomás frunce el ceño y abre el papel. Lo lee en segundos y luego su mirada recorre el comedor con confusión, hasta que se detiene en Cassie.
Una sonrisa ladeada aparece en su rostro.
No tarda en levantarse y caminar hacia ella con decisión. Intercambian algunas palabras y desde aquí puedo ver la incredulidad en el rostro de Cassie.
Ella ladea la cabeza, pero termina levantándose. Dice algo a sus amigas y se aleja con Tomás hacia la puerta.
Me aparto del ventanal y camino rápido hacia la zona de las taquillas, lo suficientemente cerca para escucharlos y no perderlos de vista.
Me siento en el suelo y saco el teléfono del bolsillo trasero justo cuando la puerta se abre y ellos dos salen.
Desvío la mirada hacia la pantalla y finjo estar distraída.
—¿Para qué me has llamado?—. Pregunta ella.
—¿No es mejor hablar en un lugar apartado?—. Pregunta él, formándose un silencio de unos segundos.
Puedo sentir sus miradas puestas en mí, pero los ignoro, siguiendo tecleando números al azar en la calculadora.
—No, dime por qué me has llamado y de qué nota hablas.
—La nota da igual ahora mismo. Sé que sigues sintiendo lo mismo que yo.
—¿Sentir el qué específicamente? ¿Asco?
—Cassie, no voy a entrar en el tema de por qué terminamos. Pero volvamos, éramos felices. Solo piensa en eso—. Dice Tomás en tono suplicante.
Frunzo un poco mi ceño.
𝐎́𝐬𝐞𝐚, ¿𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐚𝐛𝐢́𝐚 𝐚𝐥𝐠𝐨 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐞𝐥𝐥𝐨𝐬 𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐲 𝐲𝐨 𝐜𝐫𝐞𝐞́ 𝐞𝐬𝐭𝐨 𝐚 𝐥𝐨 𝐥𝐨𝐜𝐨?
𝐁𝐮𝐞𝐧𝐨... 𝐥𝐨 𝐡𝐞𝐜𝐡𝐨, 𝐡𝐞𝐜𝐡𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚́.
Cassie bufa.
—Sí, claro. Éramos felices, hasta que me pegaste los cuernos, ¿no?—. Murmura ella con algo de enojo.
—Vamos, Cassie. Admito que eso fue un error, pero tú también tuviste la culpa. No dejabas de estar con Oliver y sabías perfectamente que eso me enojaba mucho.
—¡Era mi mejor amigo!—. Alza la voz pero luego carraspea—. Te dije muchas veces que Oliver era tan solo mi mejor amigo... —. Habla ahora más bajo.
—Pero como quiera te gustaba, ¿no es así?
Se crea otro silencio, esta vez incómodo.
𝐌𝐞𝐧𝐮𝐝𝐨 𝐝𝐫𝐚𝐦𝐚 𝐲 𝐜𝐡𝐢𝐬𝐦𝐞, 𝐦𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐨𝐲 𝐜𝐨𝐦𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨. 𝐘 𝐲𝐨 𝐜𝐫𝐞𝐢́𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐢𝐛𝐚 𝐚 𝐭𝐞𝐧𝐞𝐫 𝐪𝐮𝐞 𝐟𝐨𝐫𝐳𝐚𝐫 𝐥𝐚 𝐬𝐢𝐭𝐮𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧.
—Eso da igual ahora. Por culpa tuya, Oliver y yo nos tuvimos que distanciar—. Dice ella algo triste.
—¿Ves? Más motivos para volver.
—No, claro que no.
Levanto la mirada de mi teléfono y la dirijo hacia ellos.
Adrián da un paso hacia ella extendiendo la mano y ella retrocede con el fin de que este no la toque.
—No seas así... por favor. Dame otra oportunidad—. Vuelve a suplicar él.
Este vuelve a acercarse a ella, hasta que la tiene acorralada contra una de las taquillas.
—No, déjame en paz, Tomás. Déjame ir—. Lo empuja sin éxito.
—Sé que me miras, Cassie. Sé que lo haces discretamente. No lo niegues.
Este sigue acercándose a ella y ahí sé que es mi momento de actuar.
Me levanto del suelo, con el café en la mano, y camino hacia ellos, abriendo la tapa del vaso un poco. Cuando estoy lo suficientemente cerca, me hago una mini zancadilla con mi pie, haciendo que el café caiga encima de él.
Ellos se espantan y Tomás se aleja de Cassie.
—¡Maldición! ¡¿Estás loca?!—. Grita este.
Tiro el vaso al suelo y lo miro con cara de arrepentimiento total.
—Lo siento... lo siento. Me tropecé sin querer... —. Tartamudeo.
—Eres un idiota inservible—. Brama este completamente furioso.
—Deja que te ayude...
Llevo mis manos hacia él, pero este me da un manotazo fuerte en una mano para que no lo toque.
—No me toques, pobretona de mierda—. Dice con repulsión.
Aparto mis manos y finjo terror.
𝐌𝐞 𝐯𝐮𝐞𝐥𝐯𝐞𝐬 𝐚 𝐝𝐚𝐫 𝐨𝐭𝐫𝐨 𝐦𝐚𝐧𝐨𝐭𝐚𝐳𝐨 𝐚𝐬𝐢́ 𝐲 𝐭𝐞 𝐝𝐞𝐬𝐟𝐢𝐠𝐮𝐫𝐨 𝐥𝐚 𝐜𝐚𝐫𝐚, 𝐢𝐝𝐢𝐨𝐭𝐚.
Tomás desvía su mirada hacia Cassie.
—Mira, esto no se queda así. Te buscaré luego para seguir hablando.
No le da tiempo a que ella responda y se da la vuelta para empezar a caminar furioso por el pasillo.
Tuerzo un poco mis labios, observando cómo este se aleja.
—Eso fue intencional, ¿verdad?
Miro a Cassie, que me mira con confusión y curiosidad.
—Sí—. Admito sin dudarlo.
—¿Por qué?
—Bueno... no sé, te veía muy cómoda. Y dudo que quieras que tu ex loco te tenga acorralada—. Murmuro encogiéndome de hombros.
—Gracias...—. Dice ella antes de bajar la mirada.
—No tienes por qué darlas, Cassie, ¿verdad?
Ella asiente, volviendo a levantar la mirada con una sonrisa en su rostro.
Bajo la vista hacia su blusa, la cual noto que le han caído algunas gotas notorias de café.
—Eh... ¿quieres que te acompañe al baño a quitarte esas manchas?
Esta sigue mi mirada.
—Oh... no, no hace falta. Ya has hecho mucho por mí hoy—. Niega con la cabeza.
—No digas eso, chica. No tengo ningún problema en ayudarte.
Ella me estudia algo insegura, pero segundos después asiente aceptando mi ayuda.
Le hago un gesto con la mano para que ella pase adelante, y esta acepta empezando a caminar.
Una vez entramos al baño, las dos nos acercamos al lavamanos.
Se crea un silencio, y puedo notar cómo esta quiere decir algo, pero no sabe cómo empezar a hablar. Así que decido yo misma iniciar la conversación.
—Tranquila, no diré nada de lo que oí ni de lo que vi. Puedes respirar.
Cassie suelta un suspiro largo.
—Gracias a Dios... No sabía cómo ped...
Sus palabras se ven interrumpidas por la puerta que se abre bruscamente.
Por esta entran tres chicas con cara de pocos amigos y, por último, se ve a una Mikaela que fija su mirada en mí.
—Así que aquí estás, zorra insignificante.
Bloquean la puerta.
𝐌𝐞 𝐜𝐚𝐠𝐨 𝐞𝐧 𝐭𝐨𝐝𝐨...